Atlantis Púnica

Roma tenía suspendida sobre la cabeza de Cartago la declaración de guerra, como la espada de Damocles; y en la situación presente, en cuanto se viniese a las manos, la lucha sólo podía terminar con la completa destrucción del Imperio fenicio en la Libia. Desesperando por la salvación de la patria, algunos cartagineses aconsejaron emigrar a las islas del Atlántico.

Theodor Mommsen, Historia de Roma

El Océano Atlántico

¿Y si lo hubieran hecho? ¿Y si, en lugar de intentar plantar frente a Roma desde Cartago, hubieran trasladado su capital a las islas Canarias, o a Madeira? No hubiera sido disparatado: eran un pueblo de navegantes (sus rutas comerciales llegaban hasta Inglaterra y Senegal, y habían sido sus antepasados los primeros en circunnavegar África, quinientos años atrás), de comerciantes, y tampoco la costa africana era su tierra natal. Perfectamente podían haber continuado su viaje hacia el oeste y fundar una nueva gran ciudad fenicia en Gran Canaria o Tenerife, y, desde allí, fundar colonias en la costa africana, como hicieron en el Mediterraneo.

¿Les habría dejado Roma en paz? Al principio sí, sin duda. La República era aún débil, todavía afianzando su dominio en Italia, y con la amenaza macedonia sobre ellos. Pero quizás a la larga habría habido una gran guerra. Roma llegó a veces a lugares aparentemente fuera de su esfera de influencia con el ímpetu de las guerras contra sus enemigos, así es como fue a Asia en sus guerras contra los reinos helenísticos. Quizás finalmente Roma hubiera destruido Cartago, y el Imperio Romano se habría extendido hasta Dakar. Y además de Bizancio habría habido un tercer imperio romano medieval, el africano, hasta que la invasión árabe hubiera terminado con él.

Pero quizás no. Los romanos, pese a su impresionante armada, nunca fueron grandes navegantes, ni tuvieron el aprecio al mar de griegos o fenicios. Tal vez no quisieran, o no pudieran enviar su tropa más allá de las Columnas de Hércules, y la Cartago Atlántica prosperara, creando un imperio en la costa africana. No tengo ninguna duda de que habrían descubierto (si es que no lo hicieron en nuestra línea temporal: Diodoro Sículo habla de una gran y fértil isla en el Atlántico, Plutarco del continente Cronio en el otro extremo del océano, colonizado por griegos, y tan grande que Europa era una isla en comparación, y un Pseudo Aristóteles menciona las tierras secretas de los cartagineses al otro lado del Atléntico) y colonizado América.
Para cuando Castilla y Portugal fueran capaces de llevar sus intereses hacia el océano ya habría una poderosa nación allí (¿todavía adorando a sus dioses originales, o habrían sido también barridos por la ola monoteísta y convertidos al cristianismo o el islam?), y sus imperios coloniales habrían sido imposibles.

Si sus costumbres no cambiaran demasiado, los cartagineses no habrían conquistado el interior. Se habrían conformado con fundar colonias comerciales en la costa y, a los sumo, convertir en tributarias a las naciones locales. Habría sido imposible evitar que la tecnología occidental no se expandiese, al menos en parte, a los pueblos americanos. Quizás así su trágico destino a menos de los europeos podría haber sido evitado.

Quizás en nuestro siglo XXI toda la costa del atlántico hablaría fenicio y adoraría a Tanit y Bhaal. Quizás las naciones americanas nunca habrían sido exterminadas. Una huida hacia adelante de los cartagineses, y toda nuestra historia hubiera sido diferente.

Nunca fue así. Los cartagineses no huyeron. Los Barca crearon un imperio en la Península Ibérica, atacaron a Roma, y desaparecieron de la Historia.

Costumbres españolas

Tras un año lleno de protestas y manifestaciones, espantados ante la idea de que a los niños, tanto españoles como inmigrantes, se les enseñara en las escuelas los valores de la democracia y la cultura occidental, ahora el PP propone que los inmigrantes tengan que firmar un contrato comprometiéndose a respetar “las costumbres españolas”. ¿Qué costumbres serán esas? ¿Ver cine estadounidense, comer kebabs y comprar en tiendas de chinos? Imagino, más bien, que se deben referir a cosas más castizas: como torturar animales, insultar a deportistas negros, pegar a las mujeres, y odiar profundamente a la mitad del país que no comparte tu visión del mundo.
Lo peor de todo es que esa promesa le ha hecho subir en las encuestas, que a más de la mitad de la población le gusta esa propuesta xenófoba, de supresión de las diferencias. ¿Nos obligarán también a los españoles a firmar ese contrato, a ir al fútbol por ley todos los domingos?

Los líderes del PP saben bien que es muy fácil ganar votos apelando a los instintos más primitivos, al odio y al miedo. Pero también deberían conocer bien los monstruos que con ello se puede despertar, y saber que esos monstruos pueden acabar devorándolos también a ellos.

La derecha y las máscaras

Coincido con Jiménez Losantos y sus amigos en que es una estupenda noticia el no incluir a Gallardón en las listas del PP. Primero, por algo inmediato, los muchos miles de votos que perderán por ello, los votos de esos “Gallardonistas”, de toda esa gente que no se considera de derechas (aunque seguramente lo sean), pero que votaban a Gallardón, por su política, por su carisma, o por lo que sea.

Segundo, porque supone definitivamente retirar la última máscara que les quedaba de su primera legislatura, de cuando Aznar hablaba catalán en la intimidad. Ahora nadie puede creer ya que sean un partido de centro. Son la derecha rancia, soberbia, de siempre. Mucho más cercanos a los neoconservadores de Estados Unidos que a la sorprendente moderación de Angela Merkel. A lo largo de los años, algunos de los miembros más moderados del partido (Pimentel, Piqué) lo han dejado. Y a los demás los han acallado. El poder absoluto lo ostenta Aznar, desde las sombras, y su camarilla: Acebes, Zaplana, Esperanza Aguirre como la gran heredera, aclamada por la prensa de extrema derecha, que trágicamente tan popular se ha hecho en nuestro país en los últimos años. Y el PP como lo que ya era, pero ahora sin disfraces.

Incluso el acto en el que se le comunicó es de una maldad deliciosa: invitarlo a una reunión con sus peores enemigos sin anunciarle realmente de qué se trataba, humillarlo. Esa ley del más fuerte que es la verdadera esencia de la derecha.

¿Y Gallardón? Ahí viene la tercera razón, de cara al futuro. Si todo sale bien, se marchará del partido tras las elecciones. Pero no creo que un hombre tan ambicioso, y con tanto talento para meterse a los votantes en el bolsillo como es él deje la política. Gallardón, bien fundará un nuevo partido, bien se unirá a UPyD. O las dos cosas, una tras otra. Y este puede ser al fin un comienzo real para lo que España tanto necesita: un partido liberal, demócratacristiano, o lo que sea, al que pueda votar la gente de derecha moderada, que no sea afín al conservadurismo radical del PP. Y no es que crea que Gallardón, un señor de derechas de toda la vida, sea de centro. Pero lo importante es que ha llegado a comportarse como tal, que así es como más votos consigue.

Con suerte, esa decisión de marginar a Gallardón (un verdadero después de mí la nada, si de verdad Rajoy la ha aprobado) cambiará por fin el panorama político de España hacia formas más civilizadas.

El Lupercal

Gruta del Lupercal

Creen que bajo las ruinas del palacio de Agusto han encontrado el Lupercal, donde la Loba amamantó a Romulo y Remo. Hasta allí, todos los 15 de febrero, llegaban corriendo, desnudos, azotando a los espectadores, los luperci (ahora, olvidado Fauno Luperco, mandamos postales con corazones y regalamos flores). Allí fue donde Marco Antonio ofreció a César la corona de laurel, que este rechazaría, exactamente un mes antes de su asesinato.

Si realmente es el Lupercal, quizás sea el lugar más sagrado de Roma. En esa cueva comienza la historia de Europa, o, la menos, uno de sus comienzos.

‘Mythical Roman cave’ unearthed

Hellenise it

Cracked lookingglass of a servant! Tell that to the oxy chap downstairs
and touch him for a guinea. He’s stinking with money and thinks you’re
not a gentleman. His old fellow made his tin by selling jalap to Zulus or
some bloody swindle or other. God, Kinch, if you and I could only work
together we might do something for the island. Hellenise it.

de Ulises, de James Joyce

Eso mismo querría hacer yo con mi país: helenizarlo.

Meditaciones

No vivas como si fueras a vivir diez mil años. Tu destino está pendiendo. Mientras estés vivo, mientras es posible, hazte bueno.

de Marco Aurelio, Meditaciones

Desde que leí las Meditaciones me he sentido limpio, capaz de conseguir, o esforzarme realmente, por esa vida recta, sencilla, verdadera, de la que el emperador habla. Con esa certeza de que mi rectitud sólo depende de mí.

Creo que, por primera vez, un filósofo me ha enseñado algo sobre cómo vivir, y Marco Aurelio, con esa sencillez, con esa grandeza de espíritu, se ha convertido para mí en el mejor ejemplo de virtud, de qué significa realmente καλὸς κἀγαθός.

Marco Aurelio

Infernáculo. Laberinto.

Una soprano canta la nota adecuada, y la copa vibra cada vez con más y más amplitud, hasta que estalla en pedazos. Un grupo de soldados hunden un puente por marcar la marcha sobre él. Todos los cuerpos físicos tienen esa frecuencia característica, en la que absorben más energía, que les hace vibrar y vibrar, y puede destruirlos.

Y la mente también la tiene. Una conversación, una canción escuchada mientras paseas, un cuadro perdido en una esquina de un museo, una mancha en la pared que parece mirarte. Mil cosas pueden provocar ese “click” que te lleve al abismo, a la locura, que haga tu mente vibrar y vibrar hasta, tal vez, romperse por completo.

Y están, claro, los libros. Esos libros peligrosos, que tienen el poder de hacer tu mente vibrar con amplitudes cada vez mayores, que te hacen temer volverte (del todo) loco.
Rayuela es, con toda seguridad, el más peligroso que he encontrado hasta ahora. Es ese canto de soprano que hace que el vaso que soy se rompa, los soldados marchando sobre mí hasta destruirme. El vértigo, la espiral de pensar y pensar (En alguna muerte violenta, el castigo por haberse acordado del reino.) hasta que desapareces, hasta que ya no eres una persona, sino una cosa que piensa, despierto, dormido, replandeándose qué es el mundo, dónde está, ¿somos de aquí?. Replanteándoselo todo, perdido en la vorágine.

Afortunadamente, el mismo libro nos ofrece una ventanita, un ancla, por la que salir, ser salvado:

Aburrido, Oliveira pasó el brazo por la cintura de la Maga. También eso podía ser una explicación, un brazo apretando una cintura fina y caliente

Y contendrá, seguro, muchas más cosas, como todo buen laberinto. Algún día quizás reúna el valor y la energía (y hacen falta ambas cosas) para volver a enfrentarme a él.

De dioses y ciencia

Me confunden intentos como este de intentar justificar la creencia en dioses desde la ciencia. Quienes los lanzan, ¿se lo creen realmente? ¿Tan poca fé tienen en sus dioses como para intentar explicarlos científicamente? ¿Significa eso que consideran la ciencia como algo superior a su religión? ¿O es un intento malvado de engañar a quienes no tienen suficientes conocimientos para desmontar esos argumentos?

Ninguno de estos argumentos se sostiene lo más mínimo; y es que intentar explicar los dioses desde la ciencia es imposible por la propia naturaleza de la ciencia, que busca modelizar un mundo sin dioses, un universo racional que se guía por sus propias reglas, no por leyes impuestas por el capricho de entidades superiores.
Intentar usar la ciencia para explicar a los dioses es como intentar tomar sopa con un tenedor: imposible. Y eso no hace a la sopa un plato menor, ni al tenedor una herramienta inútil, simplemente son incompatibles.

Quienes crean en dioses deben sentirlos en su corazón, en sus sueños. Deben sentir que existe algo más allá de hamiltonianos y diagramas de Feynmann, que sus dioses son la realidad subyacente del mundo, y que ningún modelo científico les puede arrebatar eso.

Iberia

Un señor hablaba con creciente indignación al quiosquero, contándole como el Reino de León es más antiguo que el de Castilla, y como Castilla y León debería llamarse León y Castilla.

¡Qué país!, pensé yo.

Es admirable que todavía continuemos juntos, con todas esas inquinas y rencores arrastrados durante mil años. Quizás sea simplemente porque siempre hemos tenido guerras o pronunciamientos para distraernos. Quizás porque siempre está allí el quisquero para desahogarnos de las maldades del vecino, y eso nos salva de la destrucción.

Me emociona la propuesta de Saramago de la unión Ibérica. Sería la oportunidad de crear algo nuevo, un país limpio surgido por la voluntad de todos sus ciudadanos, que los quiosqueros de toda la península puedan dedicarse a vender prensa, y no a escuchar quejas milenarias.


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Bacon y las Eumenides

Jung escribió sobre el poder que los viejos dioses tienen sobre nosotros, de cómo residen en nuestro subconsciente, de cómo aparecen en nuestros sueños.

También lo entendió Robert Graves, de quien en estos días leo su “Rey Jesús”, con su obsesión por su Diosa Blanca, con verla detrás de todos los mitos, de todas las viejas tradiciones humanas.

El domingo, en la Tate Gallery, comprobé con horror como también Francis Bacon lo había entendido. El cuadro se titula “Three Studies for Figures at the Base of a Crucifixion”, pero, cuando conseguí liberarme de la fascinación y repugnancia que me poseía, leí en la descripción que a quien Bacon había querido pintar en la base de la cruz era a las Eumenides, las diosas de la justicia, la venganza, la culpa. La Triple Diosa en la más terrible de sus formas.

Three Studies for Figures at the Base of a Crucifixion

Me senté frente a ellas y las contemplé, horrorizado, durante no sé cuánto tiempo, hasta sentirme enfermo.