Lunes, Septiembre 8, 2014

El castigo por haberse acordado del reino

Y sin embargo, no lo logramos. Queremos ser Odiseo, pero nos quedamos en Eumeo, o a lo sumo en un compañero sin nombre, aniquilado por robar el ganado de Helios. 

La grandeza se nos escapa, y hemos de entender que nuestro destino es el Leto y los Asfodelos. Sin embargo el anhelo está allí, indeleble, doloroso. El castigo por haberse acordado del reino, del que escribía Cortázar

Sábado, Septiembre 6, 2014

Bardos

Disfruté anoche de la adaptación de Joss Whedon de “Mucho Ruido y Pocas Nueces”. No es una gran película, ni tiene (y en este tipo de adaptaciones suele ser lo primordial) interpretaciones memorables. Pero sí es una película correcta, y, sobre todo, honesta, claramente hecha desde el corazón. Y es Shakespeare.

Las obras de Shakespeare se prestan perfectamente a ser sacadas de su ambiente original, llevadas al siglo XX, al XXI, a la antigüedad, al remoto futuro. No hay nada fuera de lugar. Son personas. Somos, o deberíamos ser, nosotros. No nos preguntamos ¿por qué hablan así dos personas modernas?, sino ¿por qué no hablamos nosotros así? I love you with so much of my heart that none is left to protest.

De alguna manera, es este mundo shakespereano más verdadero que el nuestro, más real. Shakespeare se hizo, o nació con, el manual de lo que significa ser humano, el mapa de las corrientes que surcan nuestros corazones, el código de lo que fuimos, de lo que somos bajo nuestras máscaras, de lo que debemos ser.

Viernes, Septiembre 5, 2014

Ianus

(fuente: www.vroma.org)

Ianus, Jano, es el dios romano de las puertas, de los pasajes, de todos los finales y comienzos, el dios de los cambios, con sus dos caras, que miran al pasado y al futuro.

Se ha sugerido, y, real o no, yo puedo ver la similitud, que su origen está en Ganesha, el dios elefante, el que remueve los obstáculos.

Jueves, Septiembre 4, 2014

Anillos

Sobre “El Señor de los Anillos”, el primero de los libros que, sin dudar, incluí en esa lista de “Libros que se quedan”:

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I

Mi relación con el libro comienza de muy niño, con el mapa. Tendría unos seis años, y mi madre leía el libro. Y a mí me fascinaba el mapa, esos lugares que no conocía, que no existían en los mapas normales. Las Montañas Nubladas, el Bosque Negro. Le pedía que me contara la historia. Y a menudo,  tomaba el libro del estante, y miraba el mapa, soñando con esos lugares que todavía no conocía.

Con el paso tiempo me daría cuenta de que son lugares verdaderos. Que la Verdad no está ligada a la existencia física, que los mitos que nos alimentan, que nos enseñan a vivir, son a menudo más reales que los hechos comprobados y documentados. Neil Gaiman lo describió perfectamente en The Sandman: Things need not have happened to be true. Tales and dreams are the shadow-truths that will endure when mere facts are dust and ashes, and forgot.

II

Tendría unos diez años cuando me sentí preparado para leerlo de verdad (No lo estaba, claro. En toda la vida, uno casi siempre se siente preparado demasiado pronto, o al revés, y pierde el tiempo sin darse cuenta de que lo está). Disfruté enormemente en los meses que tardé en leerlo (recuerdo a un amigo preguntándome asombrado “¿Todavía estás con eso de los anillos?”), pero no dejó la marca indeleble que luego quedaría. Aunque sí lo suficiente para que, años después, en mi primera adolescencia, tal vez hacia los doce o los trece, volviera a enfrentarme a él. Y sucedió, claro. Se convirtió en mi hogar, en uno de esos lugares a donde realmente perteneces, a los que siempre puedes regresar. Y lo hice, incontables veces. En algún momento incluso tuve que imponerme la regla de “Año sí, año no”. Mi última relectura es, creo, de hace dos años, y ya siento con fuerza la llamada para la próxima.

III

Un profesor de filosofía del instituto nos dijo una vez en clase, no recuerdo el contexto, que “El Señor de los Anillos” era mucho más que la historia de Frodo y el Anillo, que era sobre “la búsqueda de la belleza”. Me quedé boquiabierto de esa referencia a mi libro, mi hogar, en un ambiente académico, y ese comentario ha rondado siempre en mi mente.

Pero, en realidad, sólo puedo estar de acuerdo con matices. “El Señor de los Anillos” trata sobre la pérdida de la belleza, sobre el inevitable precio a pagar por seguir existiendo (a un nivel más concreto, trata sobre los horrores de la guerra,  sobre todo lo que perdemos incluso en la victoria), sobre esas corrientes en nuestro corazón que claman que nuestro hogar no es este, que hay un mundo mejor, más bello, más puro, al que pertenecemos.

Trata, en fin, sobre la nostalgia del reino, aquí literalmente. El desaparecido Numenor, y Valinor, el Reino Bendecido, más allá del mar, donde los elfos, cuya estancia de muchos milenios en la Tierra Media no es más que un demorarse antes de cruzar el océano, pertenecen.

Legolas nota, por primera vez en su vida, la cercanía del mar, y la nostalgia del reino se desata en él:

“Then I thought in my heart that we drew near to the Sea; for wide was the water in the darkness, and sea-birds innumerable cried on its shores. Alas for the wailing of the gulls! Did not the Lady tell me to beware of them? And now I cannot forget them.”

IV

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(ilustración de Alan Lee)

Peter Jackson me rompió el corazón de múltiples formas con su adaptación cinematográfica (de una de esas obras claramente inadaptables), pero la más terrible fue el demostrar que no había entendido nada, y destrozar el que seguramente sea mi momento favorito del libro con una absurda fanfarria de efectos especiales. Como si la majestad, tuviera algo que ver con eso. Y lo peor es que, teniendo a Cate Blanchett, esa escena podría haberse rodado bien.

Galadriel laughed with a sudden clear laugh. “Wise the Lady Galadriel may be,” she said, “yet here she has met her match in courtesy. Gently are you revenged for my testing of your heart at our first meeting. You begin to see with a keen eye. I do not deny that my heart has greatly desired to ask what you offer. For many long years I had pondered what I might do, should the Great Ring come into my hands, and behold! it was brought within my grasp. The evil that was devised long ago works on in many ways, whether Sauron himself stands or falls. Would not that have been a noble deed to set to the credit of his Ring, if I had taken it by force or fear from my guest? “

“And now at last it comes. You will give me the Ring freely! In place of the Dark Lord you will set up a Queen. And I shall not be dark, but beautiful and terrible as the Morning and the Night! Fair as the Sea and the Sun and the Snow upon the Mountain! Dreadful as the Storm and the Lightning! Stronger than the foundations of the earth. All shall love me and despair!”

She lifted up her hand and from the ring that she wore there issued a great light that illuminated her alone and left all else dark. She stood before Frodo seeming now tall beyond measurement, and beautiful beyond enduring, terrible and worshipful. Then she let her hand fall, and the light faded, and suddenly she laughed again, and lo! she was shrunken: a slender elf-woman, clad in simple white, whose gentle voice was soft and sad.

“I pass the test,” she said. “I will diminish, and go into the West and remain Galadriel.”

They stood for a long while in silence. At length the Lady spoke again. “Let us return!” she said. ”In the morning you must depart for now we have chosen, and the tides of fate are flowing.”

Martes, Septiembre 2, 2014

El Orden del Mundo

Se puede matar todo menos la nostalgia del reino, la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña.

La Odisea, esa historia de obsesión, de naufragios, engaños y muertes, trata sobre esta nostalgia. Veinte años después, Odiseo aún sueña con su hogar. No le sirve el lecho de Circe, ni el de Calipso, ni acepta la mano de Nausicaa, la de níveos brazos. Tan sólo el volver a su hogar, al Reino, le sirve, y para ello lo arriesga todo, volviendo solo, disfrazado, arriesgando su vida por recuperar lo que es suyo.

La de Odiseo es la rebelión contra esta nostalgia, para no seguir, décadas después, en su trono feacio, soñando con Ítaca. Por restaurar el Orden del Mundo, vivir en el Reino, vencer a la nostalgia.

Sábado, Agosto 30, 2014

Buscadores

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Todavía me persigue True Detective, esa maravilla cinematográfica en ocho episodios 1, las hipnóticas imágenes de ese fin del mundo que es Louisiana, las tremendas interpretaciones de esos McConaughey y Harrelson tocados aquí por Melpómene.

Pero, sobre todo, ese sentido de la épica que nos remite a una de las intocables cumbres de este arte, a Ethan Edwards y Martin Pawley recorriendo la desolación durante años y años. Dos hombres entregados a una misión, viajando en soledad mientras los años pasan, mientras su vida desaparece y se convierte simplemente en la causa, sin saber ni importar si habrá algo después, si habrá sitio para ti en el mundo cuando todo termine porque las vidas de los demás avanzan mientras te quedas atrás, buscando, luchando2.

Es, otra vez, el taimado Odiseo y Telémaco batallando por volver al hogar, por rehacer el orden en el mundo, por regresar al (¡ay, las obsesiones que nunca se van!3 ) Reino Perdido.

Es, como Cohle cuenta a Hart al final4, parte de la historia más antigua de todas: la de la lucha de la Luz contra la Oscuridad.

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1. No sé bien qué dice de nuestra sociedad el que la calidad cinematográfica se haya trasladado de esa manera del cine, de una experiencia compartida, a nuestros aislados salones

2. Al final, tanto Edwards como Cohle se alejan, solos, sin saber si realmente habrá un lugar para ellos en el mundo que han, de alguna manera, salvado, mientras Pawley y Hart, que han sacrificado menos, pueden quedarse, regresar a disfrutar de lo que han ganado. Lo mismo que sucede con Frodo y Sam. Al final, las historias que se quedan, los mitos que nos enseñan a vivir, son pocos, y sólo hacemos variaciones sobre ellos.

3. Pero no puede irse: la llevamos en el color de los ojos, en cada amor, en todo lo que profundamente atormenta y desata y engaña.

4. En un homenaje al gran Alan Moore.

Sábado, Julio 5, 2014

De libros que se quedan

Un breve escrito a partir de una cadena en la que me ha enlazado rostova:

"Rules: In a text post, list ten books that have stayed with you in some way. Don’t take but a few minutes, and don’t think too hard — they don’t have to be the “right” or “great” works, just the ones that have touched you. Tag [ten] friends, including me, so I’ll see your list. Make sure you let your friends know you’ve tagged them."

Sin pensar mucho, diez libros (varios leídos en la infancia, releídos con placer de adulto, y que, definitivamente, siguen conmigo tras tantos años, y lo harán siempre) que se han quedado conmigo, por distintos motivos (a veces desconocidos), sin ningún orden en particular:

(Con una regla adicional que me he impuesto, que es que una vez añadido un libro a la lista no vale borrarlo)

Quedo ya avergonzado por todos los que he dejado fuera

Sábado, Junio 28, 2014

Jilgueros

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(El Jillguero: Carel Fabritius, 1654. Fuente: Wikipedia)

“That life - whatever else it is - is short. That fate is cruel but maybe not random. That Nature (meaning Death) always wins but that doesn’t mean we have to bow and grovel to it. That maybe even if we’re not always so glad to be here, it’s our task to immerse ourselves anyway: wade straight through it, right through the cesspool, while keeping eyes and hearts open. And in the midst of our dying, as we rise from the organic and sink back ignominiously into the organic, it is a glory and a privilege to love what Death doesn’t touch.” 

Donna Tartt, The Goldfinch

Las novelas siempre plantean preguntas. Y a veces nos dan respuestas.

En las (tres, y todas magníficas) obras de Donna Tartt las preguntas son siempre las mismas: ¿por qué es tan extraña, tan inverosímil la vida? ¿Tiene sentido? ¿Hay una razón para todo esto, un orden subyacente?

Son las mismas preguntas que siempre se hace otro de mis favoritos, Paul Auster, pero la respuesta es radicalmente distinta. En las obras de Auster la respuesta es un rotundo no. El mundo está gobernado por el azar, y puede pasar cualquier cosa, en cualquier momento. No hay razones, ni patrones, ni plan. La vida es una cadena de Markov.

Tartt es, en este sentido, la anti-Auster. El tema central que aparece una y otra vez es el pasado que nos persigue, como todo lo que hacemos, y lo que no hacemos, tiene consecuencias. Quizás no las esperadas, y de ahí esa a veces aparente aleatoriedad, pero hay un patrón en el universo, y si prestamos atención lo veremos.

¿Y yo? Mi opinión está en algún punto intermedio entre ambos. Definitivamente creo que hay, no sé si un plan, pero sí un patrón, y nuestras acciones siempre tienen consecuencias. Y el pasado siempre está allí. No existe tal cosa como empezar de cero. Pero también el azar, la ciega fortuna, que parece destrozar toda nuestra esperanza de que el mundo sea comprensible. O quizás no. Quizás simplemente no sabemos apreciar los hilos más ocultos del patrón que todo lo guía. Ya no lo sé.

Martes, Abril 29, 2014

Dos apuntes sobre Juliano

I

Leo de la “Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano”, de Gibbon, como Juliano fue aclamado emperador (al principio, como tantos otros, contra su voluntad: el que te tendieran la púrpura no tenía marcha atrás, era el triunfo o la muerte) en las calles de París, ese mismo París que tantos otros emperadores vería en los siguientes siglos.

Europa, me recuerda esta escena, no es ese sueño de señores feudales y cruzados que los bárbaros construyeron sobre las ruinas de Roma, jugando con sus castillos sobre las ruinas del mundo clásico. En algún momento nos han convencido de que somos la periferia, que los verdaderos europeos están en Berlín o Copenhague, pero Europa, muchos siglos antes de que Berlín existiera era Roma y Atenas. Y Marsella, Córdoba, Siracusa. Y también Antioquía, Damasco, Alejandría, Leptis Magna.

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(Imagen: “Juliano el Apóstata presidiendo una conferencia de sectarios”. Edward Armitage, 1875)

II

Con Juliano, atravesado por una lanza en la lejana Persia, en una batalla innecesaria, llevado por una hybris indigna de su figura de rey filósofo (muy poco antes había recibido una oferta de rendición de los persas que rechazó, intentando seguir el camino de Alejandro), muere la última esperanza del mundo clásico. Después todos los resortes del poder serían usurpador por una religión oriental que ya comenzaba a ser corrompida por ese mismo poder. El Imperio duraría mil años más, pero el mundo que lo había creado agonizaba. 

Viernes, Febrero 28, 2014

Las películas del 2013

Se acercan los Oscar, pero, en mi opinión, ninguna de las dos películas realmente memorables del 2013 está en inglés (y no es lo habitual en mí, siempre deslumbrado por lo que quiera que hagan Spielberg, Allen o los Cohen)