Lunes, Abril 15, 2013

Uno de los directores que más me conmueven, incluso en sus momentos más bajos, es Terrence Malick (ayer vi  To the Wonder, que, me temo, está muy por debajo de sus grandes películas. Aunque muy por encima de lo que veremos si entramos al azar en una sala de cine). Por su poderosa estética (en el cine, sólo el Ford de Centauros del Desierto ha fotografiado así América), pero, sobre todo, por los interrogantes que abre.

No hay respuestas en el cine de Malick, sólo preguntas, las más importantes, que a veces olvidamos: ¿qué hacemos aquí, en este mundo? ¿qué sentido tiene todo esto? ¿qué hacemos con nuestras vidas? ¿cómo distinguir el bien? ¿hay un dios? ¿qué somos nosotros para él?

Sábado, Abril 6, 2013

De Platón y Nietzsche

Releyendo mi último entrada, me doy cuenta de que no he dejado a Platón atrás. De ser así, no habría escrito “la Verdad”. No escribiría de ese mundo real, perfecto, que los comunes mortales no llegamos a ver.
¿Cuándo descubrí a Platón? De siempre diría. De niño me fascinaba la leyenda de la Atlántida, la vieja civilización inundada. El Reino Perdido, ¿no? El mito que siempre me ha acompañado. Leer en el instituto el mito de la caverna en un librito de los textos que podían caer en la selectividad, y al fin, en la Universidad, leer sus libros, caer rendido ante esa búsqueda, esa exigencia de la perfección. Me decían entonces que yo era platónico, y sabía que tenían razón. Fue un placer ver, en mis últimos años de carrera, que no estaba sólo, que ese vicio lo compartían muchos de los grandes. Recuerdo un ensayo de Heisenberg en el que postulaba que, tras sucesivas divisiones de la materia (moléculas, átomos, partículas elementales, los quarks que aún no se conocían…) lo que quedaría al final (¡al principio!) no sería materia como la que conocíamos, sino el ideal platónico de la materia, el verdadero componente del cosmos. Y al profesor Alberto Galindo, saltando de repente, en una clase de cosmología, a hablar de los pitagóricos, de los acordes, los significados de los números. No nos bastaba con este mundo de sudor, sangre, donde estábamos perdidos.
Este platonismo mío adolescente tenía, me temo, mucho que ver con la frustración, del no amar este mundo, esta vida. Probablemente leía más lo que deseaba leer que lo que estaba en el papel. Quizás ahora sea el momento de releer a Platón, e intentar leerlo con otra luz, fuera de la caverna en la que entonces estaba.


¿Y la referencia a Nietzsche del título? Porque esta mañana, leyendo el monográfico sobre Wagner del Babelia, me he acordado de mi otro amor filosófico adolescente. Nietzsche, al que quizás sí he dejado atrás. O al menos, a la interpretación que entonces tenía de él, ese “yo contra el mundo que no me comprende, contra las masas que no entienden el mundo, la vida”.

Me pregunto, ¿alguna vez leemos lo que los filósofos, lo que cualquier escritor, quería escribir, sin buscarnos a nosotros en el libro? ¿Somos capaces de leer las palabras, o tan sólo nuestro reflejo en ellas?

Jueves, Abril 4, 2013

Ford

Escribía hace unos días Arturo Pérez Reverte en su blog que “para mí, John Ford sigue siendo literalmente Dios padre. Y John Wayne, por supuesto, su encarnación sobre la tierra”.

Quizás yo elegiría otras palabras, pero el fondo es el mismo. Veo a Ford como uno de esos genios absolutos, que aparecen una vez por siglo. Como un Leonardo, un Shakespeare, un Beethoven. Alguien que no pertenece a la misma categoría que sus contemporáneos (y hablamos de genios como Hitchcock, Wilder o Renoir), sino a un escalón superior, cuyas obras seguirán vigentes  dentro de miles de años, igual que seguimos estremeciéndonos con Homero o Eurípides.

Lo que marca este escalón superior, diría, es la Verdad, la capacidad de dejarnos atisbar lo que de verdad es el hombre, la vida, el mundo, los dioses, más allá de nuestras percepciones torcidas, nuestros autoengaños, nuestras modas pasajeras.  El genio que te rescata de un bosque, donde te has perdido a la mitad de tu vida, y te guía abajo y arriba.

Miércoles, Febrero 13, 2013

Liquidar España

Ayer el esperpento se apoderaba una vez más de España. Mientras en Estados Unidos Obama hablaba de proteger a las clases medias, reactivar la economía y luchar contra el cambio climático, aquí se declaraba Bien de Interés Cultural la tortura de animales, se estuvo a punto de rechazar la iniciativa popular para cambiar la ley hipotecaria, y el invitado especial, Draghi, alababa a puerta cerrada  nuestra economía y lo bien que se están haciendo las cosas en el país de los seis millones de parados.

Sabemos ahora que el partido que gobierna se ha financiado ilegalmente durante décadas, con sobres de dinero negro y cuentas en Suiza, que al juez que intentó investigarlo hace años se le apartó de su cargo, que miembros de la casa real estafaban a las administraciones públicas, que el vicepresidente de la patronal paga en dinero negro a sus empleados.

Nuestra costa está arrasada y el gobierno permite excavar buscando gas y construir gasoductos en uno de los pocos paraísos que nos quedan. Nuestra economía, nuestro mercado laboral, nuestras leyes, nuestra burocracia, son completamente disfuncionales. Los nacionalismos crecen en todas partes. La oposición progresista está anclada en, en el mejor de los casos, el siglo XX. Nuestras universidades jamás aparecen en las listas de las mejores, y se está desmantelando todo el sistema de investigación. La cultura, el arte, y la educación, a la que históricamente siempre hemos despreciado (no sólo hemos sido siempre un pueblo ignorante, sino que nos enorgullecemos de ello) están más maltratadas que nunca. El futuro más esperanzador al que nos aferramos es convertirnos en tierra de casinos, mafias y prostitución. La mitad del país odia a la otra mitad. La corrupción que criticamos en nuestros políticos es lo habitual a pie de calle (¿Con factura o sin factura?).

La lista podría seguir y seguir. España no se va a recuperar. Y si lo hace será incluso peor, porque no habremos curado nuestras heridas, sólo puesto parches para seguir siendo el mismo país torpe, corrupto e ignorante de siempre. Debería ser el momento de terminar con este país, por completo. Empezar de cero con un estado nuevo (en el que esté quien quiera estar, y terminar también con esa estupidez de los nacionalismos), una constitución nueva, y un espíritu nuevo en los ciudadanos. No lo haremos, claro.

Viernes, Enero 11, 2013

El Olvido

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Mencionaba en el último escrito la quema del Real Alcázar, y todas las obras maestras que allí se perdieron, y que jamás veremos ya. Anoche descubrí que existen al menos siete películas de John Ford, ya en pleno siglo XX, que se han perdido. Y tenemos la triple destrucción de la Biblioteca de Alejandría, donde se perdió una gran parte de la cultura acumulada hasta entonces. Filosofía, ciencia, poesía, teatro, historia, que nunca recuperaremos. Muchos sólo los conocemos por citas, menciones. Otros simplemente ya no están. Se han borrado para siempre.


Pero esa pérdida es pequeña. El ser humano, tal como somos ahora, existe desde hace al menos 50.000 años. Nosotros sólo conocemos fragmentos de los últimos 5000, desde los primeros registros históricos que nos han llegado. El 90% de la historia de nuestra especie nos es desconocida. Quienes pintaron en Lascaux o Altamira eran artistas a la altura de aquellos que me abrumaban en el Prado. Y, por una simple cuestión estadística, es casi imposible que esas muestras de arte rupestre fueran los mejores. Son simplemente las que, por azar, han sobrevivido al paso de los milenios.

En esos 45000 años de olvido, ¿cuántos Newtons, cuántos Leonardos, cuántos Shakespeares (cuántos Hitlers o Stalins) poblaron la Tierra, para siempre olvidados?

Viernes, Diciembre 21, 2012

Miré los muros de la patria mía

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Pasé la tarde de ayer en el Prado, pudiendo, por primera vez en bastante tiempo, pasear con cierta calma por las salas de la colección permanente, visitando a mis cuadros favoritos, esquivando a los grandes grupos con sus guías (me perdí al Bosco huyendo de una de esas muchedumbres). Cuando me echaron (literalmente, con una de las vigilantes gritándome “Excuse me!” cuando amagué con pararme de nuevo frente a la Anunciación de Fra Angelico en el camino de salida) salí al Paseo del Prado mareado, completamente sobrepasado, con una frase repitiéndose en mi mente: Es demasiado.

Es demasiado había sido inicialmente mi reacción ante Las Meninas. Anoche hubo suerte, y la enorme sala donde está el cuadro estaba casi vacía. Pude detenerme con calma, cambiar de posición, acercarme, alejarme, pararme, mirar a cada uno de los personajes, el espejo, los cuadros, el perro. Y es simplemente demasiado. No es esa belleza perfecta de los Leonardos. Es simplemente demasiado. Todo un mundo metido en una pintura.

Pero después ese es demasiado comenzó a referirse a todo el museo. No hay una colección así en todo el mundo. ¿Cuántos Velázquez, Tizianos, Rubens, Grecos, Boscos, Dureros, Murillos? Es simplemente abrumador. Y lo sería aún más, de no ser por el fuego. En 1734 se quemó totalmente el Real Alcázar de Madrid, y más de quinientas pinturas desaparecieron para siempre. Las Meninas se salvó gracias a que fue arrojada por la ventana. La expulsión de los moriscos, la obra que había hecho famoso a Velázquez, se perdió. Y, con ella, cuadros de Rubens, El Greco, El Bosco, Rafael, Leonardo (¡Leonardos! Que nunca veremos ya).

El Prado es el mejor lugar para entender lo que era ese Madrid imperial de los Austrias. Una siniestra aldea convertida en el verdadero centro del mundo. Casi todos los genios de la época trabajando para la corona española. Un estallido de brillo que duró poco. Ya en la época en que Rubens y Velázquez pintaban, Quevedo escribía ese

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía.


¿Qué quedó, aparte de esa prodigiosa colección? Un país miserable, ignorante, atrasado, devastado por las guerras. Eso es España. La tierra de las oportunidades perdidas, de las explosiones de brillo y el olvido.

Martes, Diciembre 4, 2012

El Rey. Los marcianos.

Un sueño:

En la calle, entre la multitud, espero a que llegue el desfile. Primero se oyen tambores y trompetas, y por fin se ve llegar a los primeros soldados de la comitiva. Es al Rey a quien esperamos, al verdadero rey que regresa a salvarnos a todos y resolver todas nuestras desgracias.

En la tele, mencionan el tremendo impacto que tuvo la reciente noticia del hallazgo de vida en Marte. Es un nuevo mundo.


La culpa del sueño la tiene, creo, Chateaubriand, a quien leo en estos días. Es el poder de la gran literatura, capaz de convencerte de que realmente el retorno del legítimo rey lo puede solucionar todo (Chateaubriand, y, ahora me doy cuenta, Tolkien. Y tantos otros).
Lo peor es que realmente temo ver ese desfile. No el regreso del legítimo rey salvador, o de un dictador virtuoso, que difícilmente existe fuera del mundo de los sueños, sino la llegada de un caudillo salvapatrias. Esa es la peligrosa deriva por la que toda Europa se está deslizando en los últimos años.

La segunda parte… Es esa noticia que espero desde niño. La confirmación de que no estamos solos. Encontrar aunque fuera el fósil de una bacteria lo cambiaría todo. Pero esa confirmación tendrá que esperar. El Curiosity no está preparado para encontrar ese tipo de fósiles, sino, a lo sumo, materia orgánica, que no es prueba de nada (salvo un hallazgo realmente espectacular, que pudiera verse con la cámara: un fósil macroscópico, unas ruinas… un sueño improbable).

Miércoles, Noviembre 21, 2012
newyorker:

Cartoon by Tom Toro. For more: http://nyr.kr/QTRAJd

newyorker:

Cartoon by Tom Toro. For more: http://nyr.kr/QTRAJd

Viernes, Noviembre 9, 2012

Veo hoy, en mi memoria, Grecia

Veo hoy, en mi memoria, Grecia como uno de esos círculos refulgentes que distinguimos a veces al cerrar los ojos. En esta fosforescencia misteriosa se dibujan unas ruinas de una arquitectura refinada y admirable, vuelto el conjunto más resplandeciente aún por no sé qué otra claridad de las musas. ¿Cuándo volveré a encontrar el tomillo del Himeto, las adelfas de las riberas del Eurotas? Uno de los hombres que con más envidia dejé en las costas extranjeras fue al aduanero turco del Pireo: vivía solo, guardián de tres puertos desiertos, paseando sus miradas por islas azulinas, promontorios brillantes, mares dorados. Yo no oía allí más que el ruido de las olas en la tumba destruida de Temístocles y el murmullo de los lejanos recuerdos: en el silencio de las ruinas de Esparta, la gloria misma estaba muda.

François de Chateaubriand, Memorias de Ultratumba, Libro XVIII

(la foto la tomé yo mismo, en Delos, en el 2008)

Jueves, Noviembre 8, 2012

La Vieja América

Leía esta mañana en el Facebook de cómo los Republicanos de Estados Unidos añoran lo que llaman “La América Traditional” (la derecha suele añorar “la vieja lo-que-sea”: en esas etapas es cuando es menos peligrosa. Son mucho peores cuando deciden que quieren crear su nueva y distópica patria), refiriéndose a América donde el hombre blanco tenía el poder absoluto. Mi contacto argumentaba que “La América Tradicional” no es esa, sino la de los nativos norteamericanos, que los blancos destruimos, en uno de los más efectivos genocidios de la historia humana.

Pero mi contacto también estaba equivocado, cometiendo, a su manera, el mismo error que los Republicanos. América existe desde hace quince millones de años. Los primeros hombres no cruzaron el estrecho de Bering hasta hace sólo 45000 años. La verdadera América tradicional, la verdadera vieja Tierra, es sin seres humanos.
(Por usar la vieja metáfora del calendario, que Carl Sagan usaba en su maravilloso Cosmos, si la historia del continente americano durara un año, el ser humano no llega a América hasta 30 de diciembre a las 22h. Los primeros europeos llegan el 31 de diciembre hacia las 23:42. Estados Unidos se funda a las 23:52)

Nuestros países, nuestras disputas raciales o nacionales que nos parecen tan importantes, no son más que peleas de bebés en el parque por sus juguetes. No sé si alguna vez llegaremos a la edad adulta.