Sábado, Junio 28, 2014

Jilgueros

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(El Jillguero: Carel Fabritius, 1654. Fuente: Wikipedia)

“That life - whatever else it is - is short. That fate is cruel but maybe not random. That Nature (meaning Death) always wins but that doesn’t mean we have to bow and grovel to it. That maybe even if we’re not always so glad to be here, it’s our task to immerse ourselves anyway: wade straight through it, right through the cesspool, while keeping eyes and hearts open. And in the midst of our dying, as we rise from the organic and sink back ignominiously into the organic, it is a glory and a privilege to love what Death doesn’t touch.” 

Donna Tartt, The Goldfinch

Las novelas siempre plantean preguntas. Y a veces nos dan respuestas.

En las (tres, y todas magníficas) obras de Donna Tartt las preguntas son siempre las mismas: ¿por qué es tan extraña, tan inverosímil la vida? ¿Tiene sentido? ¿Hay una razón para todo esto, un orden subyacente?

Son las mismas preguntas que siempre se hace otro de mis favoritos, Paul Auster, pero la respuesta es radicalmente distinta. En las obras de Auster la respuesta es un rotundo no. El mundo está gobernado por el azar, y puede pasar cualquier cosa, en cualquier momento. No hay razones, ni patrones, ni plan. La vida es una cadena de Markov.

Tartt es, en este sentido, la anti-Auster. El tema central que aparece una y otra vez es el pasado que nos persigue, como todo lo que hacemos, y lo que no hacemos, tiene consecuencias. Quizás no las esperadas, y de ahí esa a veces aparente aleatoriedad, pero hay un patrón en el universo, y si prestamos atención lo veremos.

¿Y yo? Mi opinión está en algún punto intermedio entre ambos. Definitivamente creo que hay, no sé si un plan, pero sí un patrón, y nuestras acciones siempre tienen consecuencias. Y el pasado siempre está allí. No existe tal cosa como empezar de cero. Pero también el azar, la ciega fortuna, que parece destrozar toda nuestra esperanza de que el mundo sea comprensible. O quizás no. Quizás simplemente no sabemos apreciar los hilos más ocultos del patrón que todo lo guía. Ya no lo sé.

Lunes, Abril 15, 2013

Uno de los directores que más me conmueven, incluso en sus momentos más bajos, es Terrence Malick (ayer vi  To the Wonder, que, me temo, está muy por debajo de sus grandes películas. Aunque muy por encima de lo que veremos si entramos al azar en una sala de cine). Por su poderosa estética (en el cine, sólo el Ford de Centauros del Desierto ha fotografiado así América), pero, sobre todo, por los interrogantes que abre.

No hay respuestas en el cine de Malick, sólo preguntas, las más importantes, que a veces olvidamos: ¿qué hacemos aquí, en este mundo? ¿qué sentido tiene todo esto? ¿qué hacemos con nuestras vidas? ¿cómo distinguir el bien? ¿hay un dios? ¿qué somos nosotros para él?

Sábado, Abril 6, 2013

De Platón y Nietzsche

Releyendo mi último entrada, me doy cuenta de que no he dejado a Platón atrás. De ser así, no habría escrito “la Verdad”. No escribiría de ese mundo real, perfecto, que los comunes mortales no llegamos a ver.
¿Cuándo descubrí a Platón? De siempre diría. De niño me fascinaba la leyenda de la Atlántida, la vieja civilización inundada. El Reino Perdido, ¿no? El mito que siempre me ha acompañado. Leer en el instituto el mito de la caverna en un librito de los textos que podían caer en la selectividad, y al fin, en la Universidad, leer sus libros, caer rendido ante esa búsqueda, esa exigencia de la perfección. Me decían entonces que yo era platónico, y sabía que tenían razón. Fue un placer ver, en mis últimos años de carrera, que no estaba sólo, que ese vicio lo compartían muchos de los grandes. Recuerdo un ensayo de Heisenberg en el que postulaba que, tras sucesivas divisiones de la materia (moléculas, átomos, partículas elementales, los quarks que aún no se conocían…) lo que quedaría al final (¡al principio!) no sería materia como la que conocíamos, sino el ideal platónico de la materia, el verdadero componente del cosmos. Y al profesor Alberto Galindo, saltando de repente, en una clase de cosmología, a hablar de los pitagóricos, de los acordes, los significados de los números. No nos bastaba con este mundo de sudor, sangre, donde estábamos perdidos.
Este platonismo mío adolescente tenía, me temo, mucho que ver con la frustración, del no amar este mundo, esta vida. Probablemente leía más lo que deseaba leer que lo que estaba en el papel. Quizás ahora sea el momento de releer a Platón, e intentar leerlo con otra luz, fuera de la caverna en la que entonces estaba.


¿Y la referencia a Nietzsche del título? Porque esta mañana, leyendo el monográfico sobre Wagner del Babelia, me he acordado de mi otro amor filosófico adolescente. Nietzsche, al que quizás sí he dejado atrás. O al menos, a la interpretación que entonces tenía de él, ese “yo contra el mundo que no me comprende, contra las masas que no entienden el mundo, la vida”.

Me pregunto, ¿alguna vez leemos lo que los filósofos, lo que cualquier escritor, quería escribir, sin buscarnos a nosotros en el libro? ¿Somos capaces de leer las palabras, o tan sólo nuestro reflejo en ellas?

Viernes, Junio 29, 2012

De aduanas y pasaportes

La vulgarité, la modernité de la douane et du passeport contrastaient avec l’orage, la porte gothique, le son du cor et le bruit du torrent

Chateaubriand, Memorias de Ultratumba, describiendo la dificultad de su llegada a Württemberg.

Ahora, más de siglo y medio después, aduanas, pasaportes, permisos de trabajo, siguen siendo terriblemente vulgares, y es muy fácil olvidar que, aunque quizás ya no sean modernos, no han estado ahí siempre.

Uno de mis sueños es ver su final, junto el de esa otra aberración moderna y vulgar que comenzaba a popularizarse en los mismos años en que a Chateaubriand le entorpecían el paso en su viaje a Württemberg, que es el estado nación.

Hace casi dos mil años escribía Marco Aurelio: Mi ciudad y mi patria, en tanto que antonino, es Roma, pero en tanto que hombre, es el mundo. En consecuencia, lo que beneficia a estas ciudades es mi único bien. Ni vulgar, ni moderno.

Martes, Mayo 29, 2012
What I must do is all that concerns me, not what the people think. This rule, equally arduous in actual and in intellectual life, may serve for the whole distinction between greatness and meanness. It is the harder because you will always find those who think they know what is your duty better than you know it. It is easy in the world to live after the world’s opinion; it is easy in solitude to live after our own; but the great man is he who in the midst of the crowd keeps with perfect sweetness the independence of solitude. Ralph Waldo Emerson, Self Reliance
Lunes, Mayo 28, 2012
Society everywhere is in conspiracy against the manhood of every one of its members. Society is a joint-stock company, in which the members agree, for the better securing of his bread to each shareholder, to surrender the liberty and culture of the eater. The virtue in most request is conformity. Self-reliance is its aversion. It loves not realities and creators, but names and customs.
Whoso would be a man must be a nonconformist. He who would gather immortal palms must not be hindered by the name of goodness, but must explore if it be goodness. Nothing is at last sacred but the integrity of your own mind. Absolve you to yourself, and you shall have the suffrage of the world.
Ralph Waldo Emerson, Self Reliance
Lunes, Mayo 21, 2012

Elogio de la muerte

En los últimos tiempos se tambalea dentro de mí una de mis creencias más firmes, antiguas e inamovibles: la feroz oposición a la pena de muerte.

Hay un argumento indiscutible en contra de esta condena: la posibilidad de condenar un inocente. No es esta una condena que permita reparar los errores cometidos. Y, desde luego, en eso sigo estando de acuerdo, es mejor absolver a mil culpables que condenar a un inocente.

Pero ¿y si tuviéramos la certeza de la culpabilidad? Hasta ahora siempre había creído que la vida era demasiado sagrada, que no teníamos ningún derecho a segarla, que matar nos ponía a la altura de los asesinos. Esto último lo sigo creyendo: si matas a alguien en castigo, en venganza, no eres mejor que él. De ahí salen espirales de violencia interminables, como la que condenó a tantas generaciones de átridas. Pero ¿es eso lo opuesto a la justicia? ¿es lo justo lo mismo que lo bueno? ¿y si lo justo fuera la muerte, aunque generase más muerte, aunque nos corrompiera, nos hiciera malditos para siempre? ¿Y si nuestra obligación fuese matar al culpable, pese a las funestas consecuencias?

Y ¿no merecen muchos morir? Quienes destruyen la vida de otros por diversión, quienes destruyen el planeta, las vidas de generaciones enteras de millones, de miles de millones, por codicia. ¿No son claros culpables? ¿No deberíamos haber decapitado a los amos de Lehmann, y a tantos otros? No hablo del adolescente marginal, envuelto en la miseria, la marginación y la violencia desde la infancia. Hablo de hombres educados, inteligentes, que conscientemente destruyen las vidas de media humanidad para acrecentar sus privilegios. ¿No deberían ser castigados, realmente castigados, como en otros tiempos se hacía? ¿No sería mejor el mundo si hubiéramos matado a sus padres, sus abuelos, en su momento, la mayoría tan culpables como ellos?

Siempre pensé que uno de los muchos horrores de los romanos (mis modelos en tantas cosas) era el poco valor que daban a la vida, la facilidad con que mataban, con que diezmaban poblaciones enteras en venganza, con que ellos mismos terminaban con su propia vida (la proporción de romanos ilustres que se suicidaron es asombrosa si la comparamos con las actuales). Pero ¿y si fuéramos nosotros los equivocados? ¿y si realmente damos demasiado valor a la vida, consideramos inviolable algo que no lo es?

Son sólo dudas. Y ante la duda, está claro, no debes matar. Y quizás pronto lea este escrito y lo considere bárbaro y solamente fruto de los tiempos duros que nos tocan vivir. Pero la duda está ahí, por primera vez en mi vida.

Domingo, Mayo 20, 2012
In the woods, we return to reason and faith. There I feel that nothing can befall me in life,—no disgrace, no calamity, ( leaving me my eyes,) which nature cannot repair. Standing on the bare ground,—my head bathed by the blithe air, and uplifted into infinite space,—all mean egotism vanishes. I become a transparent eye-ball; I am nothing; I see all; the currents of the Universal Being circulate through me; I am part or particle of God. Nature,Ralph Waldo Emerson
Jueves, Abril 26, 2012
Toda la vida se ha de ir estudiando, y lo que más se debe ponderar es que toda ella se ha de gastar en aprender a morir. Séneca, "Tratado de la Brevedad de la Vida"
Martes, Abril 24, 2012

No todo vale

¡Cuidado! No te conviertas en un César, no te tiñas siquiera, porque suele ocurrir. Mantente, por tanto, sencillo, bueno, puro, respetable, sin arrogancia, amigo de lo justo, piadoso, benévolo, afable, firme en el cumplimiento del deber. Lucha por conservarte tal cual la filosofía ha querido hacerte. Respeta a los dioses, ayuda a salvar a los hombres. Breve es la vida.

Marco Aurelio, Meditaciones

En el amor y en la guerra todo vale, nos dice uno de esos proverbios populares que la gente repite sin darse cuenta de lo que realmente significan.

Uno de los lentos avances que la Humanidad va haciendo es darse cuenta de que en la guerra no todo vale. Gracias a eso tenemos la Convención de Ginebra, el haber sobrevivido a la Guerra Fría sin un apocalipsis nuclear, el horror que sentimos ante matanzas de civiles, o ante ciertas armas (armas químicas, minas antipersona…).
Pero incluso antes de estos progresos se sabía que no todo vale en la guerra. Se valoraba el honor, el respetar a tus enemigos, la caballerosidad. Nunca ha valido todo. Un vencedor noble, magnánimo, siempre ha sido más respetado que uno cruel y vengativo.

¿Y en nuestra vida de cada día? ¿En el amor, en el trabajo, en salir a comprar el pan, o a montar en bici?
La crisis del 2008, que tanto dolor está causando, está provocada en gran parte por la idea de que en los negocios vale todo. Vivimos en una sociedad en que se asume que el político miente a veces, por el bien común, para triunfar en los negocios hay, casi sin excepción, que ser un depredador sin escrúpulos, y estos son admirados y tomados como un ejemplo a seguir (No se hace una tortilla sin romper unos cuantos huevos, otra de esos dichos desgraciados); el seductor exitoso, otro modelo de admiración, es invariablemente un mentiroso egoísta; a quien defrauda impuestos se le considera un tío listo.

¿Y el honor? ¿El luchar por ser sincero, por comportarse decentemente en cualquier situación?

Quien no se comporta con honor en su vida diaria, quien cree en el todo vale, es pura y simplemente malvado. La misma gente que es capaz de actuar con ese egoísmo descarnado en los negocios o el amor son los que, de estar en la situación correspondiente, te degollarían en mitad de la noche para robarte las botas, los que lanzarían bombas sobre hospitales, los que abrirían campos de exterminio para librarse de la gente que estorba. Porque todo vale. Simplemente es dar un pasito tras otro, poco a poco.
Sólo el ser realmente férreos en nuestros principios nos puede salvar de la barbarie.