Sueños:Londres y estrellas de rock

Tres sueños que he tenido en los últimos meses:

I

En Londres, voy a un concierto de Janis Joplin. Sé que es una oportunidad excepcional, que Janis, al estar muerta, da ya muy pocos conciertos. Sin embargo, ya en el concierto, me quedo unas pocas canciones, y me marcho. Vagabundeo después por la ciudad, acompañado de un amigo enfadado.

II

En Londres, busco a alguien. Estoy en una fiesta, en un hotel muy lujoso, cerca del Parlamento. Por las ventanas se ve el río. Y me encuentro allí con Paul McCartney, que comienza a hablarme. Yo me pongo nervioso, porque llevo bastante prisa. Paul es un ancianito encantador, pienso, pero un pesado, y estoy deseando encontrar la oportunidad para cortar la conversación (aunque sólo habla él) y continuar mi búsqueda.

III

Al principio, los Beatles eran Paul, John, George, y otro tipo. Un hombre negro, muy alto, que no dejaba de meterse con George, como un matón de instituto. Insultándole, dándole empujones. Al final, lo echaron, y fue cuando Ringo entró en el grupo.

Cortando calabacines

(Continúa el diario onírico. Este es, con poco lugar a dudas, fruto de la presión de los últimos días para entregar los trabajos del master que llevo un par de años haciendo. Que es de Matemáticas, no de cocina. )

Al fin aparecen mis notas. Miro en el tablón (como antes de esta época de estudiante a distancia en que uno sólo puede mirarlas por internet) y veo con disgusto que he suspendido una asignatura.

Voy a la revisión del examen. El profesor es un viejo japonés, con aspecto de tener más de cien años, una rala barba blanca, casi ya sin pelo, vestido con un kimono. Me pide amablemente que corte un calabacín, para ver si merezco aprobar.
Yo comienzo a hacerlo, nervioso. Primero pelándolo, con la sensación de estar haciéndolo torpemente, de llevarme demasiado de la verdura con la piel. El profesor me mira a la vez con amabilidad y una leve desaprobación.
Pero llega el momento de cortar, y fallo. Con el primer corte, en lugar de una rodaja lineal, me llevo un pedazo irregular del calabacín.
El profesor niega con la cabeza, y me dice que así no me puede aprobar. Y yo, triste, continúo cortando el calabacín en brunoise para intentar salvar al menos algo de mi honor.

Otro sueño: Hoy voy a trabajar

(este se está convirtiendo en un diario onírico. Supongo que pasará)

Vivía en una casa sacada de una película de los hermanos Marx, llena de gente, discutiendo, gritando, corriendo de un lado para otro.
Para mí eso era lo más normal del mundo, claro. Despertaba, contento, me ponía el traje y la corbata (no tenía un armario, sino simplemente una percha en mitad de un salón), y anunciaba que “Me voy al trabajo”. Eso era lo mejor, claro. El ir un día a trabajar era algo extraordinario, que uno no hacía todos los días.

Luego desperté. Me puse el traje (no la corbata, que en agosto soy un banquero rebelde y no llevo), y me metí en el oscuro metro, para ir al trabajo, como todos los días.
Antes, en la radio, escuché que Gouchro Marx murió un día como hoy, un 19 de agosto, en el año en que yo nací.