2nd September 2010, 11:20 am
(Continúa el diario onírico. Este es, con poco lugar a dudas, fruto de la presión de los últimos días para entregar los trabajos del master que llevo un par de años haciendo. Que es de Matemáticas, no de cocina. )
Al fin aparecen mis notas. Miro en el tablón (como antes de esta época de estudiante a distancia en que uno sólo puede mirarlas por internet) y veo con disgusto que he suspendido una asignatura.
Voy a la revisión del examen. El profesor es un viejo japonés, con aspecto de tener más de cien años, una rala barba blanca, casi ya sin pelo, vestido con un kimono. Me pide amablemente que corte un calabacín, para ver si merezco aprobar.
Yo comienzo a hacerlo, nervioso. Primero pelándolo, con la sensación de estar haciéndolo torpemente, de llevarme demasiado de la verdura con la piel. El profesor me mira a la vez con amabilidad y una leve desaprobación.
Pero llega el momento de cortar, y fallo. Con el primer corte, en lugar de una rodaja lineal, me llevo un pedazo irregular del calabacín.
El profesor niega con la cabeza, y me dice que así no me puede aprobar. Y yo, triste, continúo cortando el calabacín en brunoise para intentar salvar al menos algo de mi honor.
19th August 2010, 11:42 am
(este se está convirtiendo en un diario onírico. Supongo que pasará)
Vivía en una casa sacada de una película de los hermanos Marx, llena de gente, discutiendo, gritando, corriendo de un lado para otro.
Para mí eso era lo más normal del mundo, claro. Despertaba, contento, me ponía el traje y la corbata (no tenía un armario, sino simplemente una percha en mitad de un salón), y anunciaba que “Me voy al trabajo”. Eso era lo mejor, claro. El ir un día a trabajar era algo extraordinario, que uno no hacía todos los días.
Luego desperté. Me puse el traje (no la corbata, que en agosto soy un banquero rebelde y no llevo), y me metí en el oscuro metro, para ir al trabajo, como todos los días.
Antes, en la radio, escuché que Gouchro Marx murió un día como hoy, un 19 de agosto, en el año en que yo nací.
14th August 2010, 04:23 pm
Otro sueño, que tuve anoche:
I
Vago por las ruinas de un palacio, un laberinto con cientos de habitaciones vacías, polvorientas, hasta que al fin encuentro la salida que buscaba.
Salgo y me encuentro en La Mancha, bajo el terrible sol del verano. Allí está Don Quijote, montado en Rocinante, y comienzo a seguirlos, hasta que nos aproximamos a Hellín, el pueblo donde pasé parte de mi infancia y adolescencia. Entonces dejo de seguirlos y voy hacia el pueblo. Paseo por sus calles, dándome cuenta de cuánto ha cambiado en todos estos años.
Después voy a la vieja estación de tren, a tomar un tren para reunirme con mi padre, que me esperaba. Y, en el pequeño vestíbulo, repleto de turistas japoneses, espero al tren.
II
(creo, aunque no estoy seguro, que esto es otro sueño)
Camino por la zona donde comienza Bravo Murillo, en Chamberí. Una gata negra me sigue. Constamente miro hacia atrás, para asegurarme de que sigue allí, temiendo que se pierda por las calles.