El Teorema Central del Límite

Me quejaba hace poco de la falta de visión de los políticos, de que no son capaces de ver más allá de las próximas elecciones. Pero, ¿se lo permitimos nosotros? ¿No somos los ciudadanos los más cortoplacistas a la hora de votar?

Uno de esos resultados matemáticos importantísimos, que se traducen directamente a la Física y, de ahí, al mundo real, es el Teorema Central del Límite. Nos dice, a grandes rasgos, que la suma de un número suficientemente grande de variables aleatorias, cualesquiera que sea su distribución, tiende a una distribución normal. Si tienes, por ejemplo, cien generadores diferentes de números aleatorios: lanzando monedas, dados, contando pájaros en el cielo, produciéndolos en un ordenador… La suma de todos seguirá una distribución normal, y podemos ignorar por completo las distribuciones individuales. No necesitamos conocerlas. Nos bastarán unas cuantas medidas para obtener una media y una desviación típica, y ya podremos calcular probabilidades de resultados futuros.

Y tengo la sensación de que esto se aplica también a la gente. No importa lo maravillosos, únicos que cada uno de nosotros seamos, lo llenos de ideas que estemos. Cuando suficientes personas nos unimos, cuando actuamos como masa, por ejemplo, en las elecciones, toda esa individualidad, todo nuestro ingenio, tiende a desaparecer. Con demasiada frecuencia nos convertimos en una masa mediocre, predecible, vulgarmente gaussianos. Y es algo muy difícil de evitar: estamos luchando aquí contra la misma esencia ya no de la Humanidad, sino del Universo.

Supongo que la única solución es escapar de la masa. Vivir nuestra vida, con nuestras ideas y creencias, con nuestras propias reglas. Por muchos errores que podamos cometer, también nos da la posibilidad de un éxito extraordinario que de otro modo nos está prohibido.

De política, quejas e indiferencia

Son unos cuantos los correos reenviados, feeds compartidos, comentarios en Facebook, que he tenido que leer estos días incitando a no votar, o a votar en blanco, quejándose de que todos los políticos son unos corruptos, que todos los partidos son iguales.

Yo no lo creo. Sé que los cambios que querría para la sociedad son demasiado grandes para poder realizarlos con una revolución, así que, de momento, voto, y, pese a que discrepe en muchos aspectos, tengo ahora mismo un gobierno por el que me siento representado. Y creo firmemente que la mayoría de los políticos, equivocados o no, sí son honrados. Y, sobre todo, sé con certeza que hay enormes diferencias entre unos partidos y otros. ¿Cómo puede realmente creer algiuen que haya pasado los últimos trece años en España que todos los partidos son iguales? Sin pararse siquiera a valorar cuál es mejor o peor, muy ciego hay que estar para no ver inmensas diferencias. Muy ciego, o muy indiferente a todo.

Quienes de verdad creen eso, que todos nos van a engañar, que votes a quien votes va a ir mal, ¿por qué no están en la calle? ¿por qué se limitan a lloriquear en blogs y en el facebook? ¿por qué no están sitiando ahora mismo el Parlamento y la Moncloa? Si todo va tan mal, ¿dónde está nuestra revolución, dónde nuestro mayo?

La sensación que tengo es la de pertenecer a una generación cuyos únicos sueños son un piso en una urbanización con pista de pádel, y el que les dejen bajarse películas gratis por internet. Y es muy triste.