Otro sueño: Hoy voy a trabajar

(este se está convirtiendo en un diario onírico. Supongo que pasará)

Vivía en una casa sacada de una película de los hermanos Marx, llena de gente, discutiendo, gritando, corriendo de un lado para otro.
Para mí eso era lo más normal del mundo, claro. Despertaba, contento, me ponía el traje y la corbata (no tenía un armario, sino simplemente una percha en mitad de un salón), y anunciaba que “Me voy al trabajo”. Eso era lo mejor, claro. El ir un día a trabajar era algo extraordinario, que uno no hacía todos los días.

Luego desperté. Me puse el traje (no la corbata, que en agosto soy un banquero rebelde y no llevo), y me metí en el oscuro metro, para ir al trabajo, como todos los días.
Antes, en la radio, escuché que Gouchro Marx murió un día como hoy, un 19 de agosto, en el año en que yo nací.

Sincronías

En aquellos días, ella pasó incontables veces por ese túnel. Allí nos encontramos el sábado, nos sacamos fotos, y escribió su email en la contraportada de un libro del siglo XIX.

La semana pasada, yo pasé, en ese reino entre el Sueño y la Vigilia, varias veces por allí.

El miércoles, un músico tocaba Wish You Were Here, una de sus canciones favoritas, y de las mías, y cuyo título coincidía con mi deseo en esos instantes.

El jueves, en ese mismo lugar, un clarinetista tocaba una pieza de Beethoven que lleva su nombre.

Luego nos dimos cuenta de que hacía exactamente cinco meses de aquel día perfecto en que nos conocimos.

Magia, le dije.


Synchronicity is no more baffling or mysterious than the discontinuities of physics. It is only the ingrained belief in the souvereign power of causality that creates intellectual difficulties and makes it appear unthinkable that causeless events exist or could ever occur. But if they do, then we must regard them as creative acts, as the continuous creation [creatio continua]

de Carl Jung