Los griegos en la India

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Hubo un reino griego en la India durante dos siglos, durante los que ambos pueblos se enseñaron unos a otros. Los griegos de la India aprendieron el sánscrito, la cultura hindú, su religión se fundió con la local (Menandro I llegó a convertirse al budismo). A los indios les quedó el estilo artístico grecobudista, que practicaron durante mil años. Dos de las civilizaciones más iluminadas de la historia humana fundidas en una durante siglos. Ojalá hubiera perdurado.

Me gusta imaginar cómo sería la vida de esta gente. Practicar yoga al amanecer, saludando al Sol naciente, para ir luego a rendir culto en el templo de Apolo. Discutir en el banquete por la noche sobre Platón y Buda, recitar a Homero y los Vedas.
¿Es demasiado tarde para recuperarlo? Occidente lleva mil quinientos años añorando a Grecia, y doscientos soñando con la India. Quizás no sea un sueño imposible.

Versos Órficos

Vers Oprhiques, D’après tablette retrouvées dans une tombe de la Grande-Grèce.

Sur le seuil de la porte noire,
A droite, au pied d’un peuplier,
Coule l’eau qui fait oublier.

A gauche sourd l’eau de Mémoire ;
Cristal glacé, froide liqueur,
L’eau de Mémoire est dans son coeur.

La joie et la peine y vont boire ;
Des sages siège sur son bord ;
Je leur dirai : je crains la mort.

Je suis fils de la terre noire,
Mais aussi du ciel étoilé ;
Ouvrez-moi la porte de gloire !
L’image du temps écoulé
Se réfléchit dans ma mémoire ;
Le beau miroir n’est pas fêlé.

Ouvrez-moi le gouffre de gloire …

Marguerite Yourcenar, Las Caridades de Alcipo

Interludio: De los dioses

Per Deum intelligo ens absolute infinitum, hoc est, substantiam constantem infinitis attributis, quorum unumquodque aeternam, et infinitam essentiam exprimit.

(Por Dios entiendo el ente absolutamente infinito, esto es, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita).

Baruch Spinoza, Ética Demostrada Según el Orden Geométrico

Años atrás habría dicho con seguridad que era ateo, o, en momentos de debilidad, agnóstico. Me sentía desde niño atraído por los viejos dioses griegos, en realidad por los viejos dioses en general, pero sobre todo por los griegos, y, en cierto modo, sentía que creía en ellos, pero no era sino una creencia estética.
El siguiente paso fue el reconocerles la existencia en nuestro interior, como parte de nuestro subconsciente. Leer a Jung y sus ejemplos de referencias mitológicas apareciendo en sueños de personas que no conocían los mitos reafirmó esa creencia en dioses como arquetipos en nuestro interior.

Un peldaño más: Después, sobre todo en los últimos meses, llegué a creer en la existencia de lo divino. De un algo (una substancia, una fuerza, una esencia) que llena el Universo, que está en todos nosotros. He llegado a creer en lo divino, lo sagrado. Ginsberg lo ha descrito perfectamente: Everything is holy! everybody’s holy! everywhere is holy! everyday is in eternity! Everyman’s an angel! .
Y tuve una experiencia mística en Delfos, donde sentí la inequívoca presencia de lo divino, me sentí tocado por ello. Y me eché a llorar en ese antiguo valle sagrado, frente a las ruinas del templo de Apolo, en un atardecer azul. ¿Cómo no creer?

¿Y los dioses? Creo en lo divino. No en un dios padre, arquitecto de universos, diseñador de vida, vigilante de las buenas costumbres, sino en lo sagrado, en la fuerza que nos da vida, que nos hace grandes, brillantes, maravillosos.
Y creo que la forma más correcta en que los humanos podemos acercarnos a esa divinidad es bajo la multiplicidad de aspectos, bajo los arquetipos que, desde nuestros orígenes, nos han ayudado a comprender ese aspecto sagrado del mundo. Creo que Dios es la luz y el sol y el mar y la nieve y la espera y las puertas y los caminos y el amor y la música y la sabiduría y la muerte y la noche y la locura y el río y el invierno y la cosecha y tú y yo y todo. Los antiguos, antes de la imposición de ese único dios que tan bien sirve a los poderosos, lo entendieron bien: cada aspecto de la realidad es divino, y merece, necesita su dios que nos ayude a acercarnos a él, a comprenderlo, a respetarlo, veneralo como merece.

-You don’t have to believe in God. But what about gods? Eh? The plurality of powers and dominions. The lords and ladies of field and thorn, of asphalt and sewers, gods of telephone and whore, gods of hospital and car-crash?
-This is crazy.
-There is a madness needed to touch the gods, yes, this is true. Few mortals possess it, the willingness to step away from the protection of sanity. To walk into the wild woods of madness.

Neil Gaiman, The Kindly Ones