En estos días:

El camino a casa, o al lugar donde guardo mis cosas, pasa ahora por la sección de perfumería, subir escaleras, sábanas, manteles, toallas, colchones, una puerta trasera.

Leo con miedo el capítulo 56. Esta tarde, en el tren, en mi regreso a Madrid, terminaré el libro.

Anoche, reía de felicidad. Hay momentos en los que desearía que los relojes se parasen, que el tiempo dejara de correr, que nos quedáramos para siempre en un instante perfecto.

Por edificios quemados, por cien metros de calle cortada, tuve que tomar el metro, permenecer en pie, comprimido, durante incontables estaciones, con la mirada fija en el libro.

En Iglesia, cuando las puertas se abrieron, una chica me señaló, sonriente, solemne, y me dijo: Capítulo siete. Es el mejor.


(Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.)

Se bajó antes de que pudiera hablarle del 71, de las morelianas.

En Ríos Rosas el metro se averió. Las puertas no podían volver a abrirse. La gente rió ante una ciudad que se derrumba.

Luego escuché su voz. Y lamenté el afán de los padres por visitar a sus hijas.

Distracciones. Aprendiendo acciones continuas, intentando recordar tras viajes ,vacaciones, desapariciones. Finta baja respondida con intento de parada en octava respondida con pase y ataque en sexta.

Investigando wikis. Preparando una nueva historia, una ciudad entera.

Esta mañana, caí dormido en el tren. En mi sueño, E., sonriendo, me enseñaba a escribir en sánscrito.

Parte de mí volvió entonces a Jung, su interés por la India. Sincronicidad

Laberintos


Hablando de los sueños, nos dimos cuenta casi al mismo tiempo que ciertas estructuras soñadas serían formas corrientes de locura a poco que continuaran en la vigilia. Soñando nos es dado ejercitar gratis nuestra aptitud para la locura. Sospechamos al mismo tiempo que toda locura es un sueño que se fija.
Sabiduría del pueblo:”Es un pobre loco, un soñador…

de Rayuela, cap 80, de Julio Cortázar

Y en el mundo de la vigilia la locura cotidiana de pequeñas catástrofes, de como una línea recta a tu casa se convierte en un laberinto, en caminos erráticos entre rascacielos, en calles que no llevan a ningún sitio, salvo a cordones policiales, buscando una salida, una senda a casa.