14th August 2010, 04:23 pm
Otro sueño, que tuve anoche:
I
Vago por las ruinas de un palacio, un laberinto con cientos de habitaciones vacías, polvorientas, hasta que al fin encuentro la salida que buscaba.
Salgo y me encuentro en La Mancha, bajo el terrible sol del verano. Allí está Don Quijote, montado en Rocinante, y comienzo a seguirlos, hasta que nos aproximamos a Hellín, el pueblo donde pasé parte de mi infancia y adolescencia. Entonces dejo de seguirlos y voy hacia el pueblo. Paseo por sus calles, dándome cuenta de cuánto ha cambiado en todos estos años.
Después voy a la vieja estación de tren, a tomar un tren para reunirme con mi padre, que me esperaba. Y, en el pequeño vestíbulo, repleto de turistas japoneses, espero al tren.
II
(creo, aunque no estoy seguro, que esto es otro sueño)
Camino por la zona donde comienza Bravo Murillo, en Chamberí. Una gata negra me sigue. Constamente miro hacia atrás, para asegurarme de que sigue allí, temiendo que se pierda por las calles.
9th January 2005, 01:55 pm
Podría también ser culpa del traductor, de ese morisco que tradujo la obra al castellano; o incluso del propio Cide Hamete. Pero yo creo que es Cervantes quien no entiende qué sucedió, o que miente deliberadamente.
Nos dice que, antes de morir, Don Quijote recuperó la cordura, y renegó de todas sus antiguas ilusiones.
Yo creo que fue al revés, que, cuando perdió sus sueños, cuando se convirtió sólo en Alonso Quijano, se quedó vacío, completamente vació… y murió.
(Aunque lo que de verdad querría creer es que, aunque ni los anales de la Mancha ni ninguna otra crónica lo registre, Don Quijote no murió allí, que hubo una cuarta salida, quizás a tierras lejanas, ignotas… que vivió muchas más aventuras, que fue emperador, y Dulcinea su emperatriz… quizás en el lejano reino del Preste Juan.)
Somos nuestros sueños. Y, si los perdemos, no somos nada, nada… y nos extinguimos, morimos.
2nd January 2005, 02:24 am
Algunas distancias importan, duelen, menos que otras.
El día empieza leyendo de Sancho como gobernador. Continua con reuniones familiares, escuchando jazz de los años 30, a Lluís Llach, jugando al Risk.
Acaba con una larga charla con Wyan, experimentando con clases css, preguntándonos por el hombre que leía a Proust, de quien nada sabemos desde hace meses…
(Señor Wyan, mi público agradecimiento por su ayuda con mi clase .dream{})