Pasión

Bach es diferente. Bach es la paz, la serenidad, la sensación de que hay en el Universo un orden superior, una finalidad, que no estamos solos. Bach es calidez, compasión, amor. Es esa sensación de que, al final, todo saldrá bien.
Nada de la violencia de Beethoven (“Así golpea el Destino a la puerta”, dijo sobre su Quinta Sinfonía) tiene sitio aquí. Es la victoria del Orden sobre el Caos, la perfección.

Escuchando la Pasión Según San Mateo, ¿cómo no creer en Dios, aunque sea por unos instantes? En algún dios. En Yahvé, o Apolo, o el dios panteísta de Einstein (creo en el Dios de Spinoza, decía), o en nosotros mismos como criaturas divinas, poseedoras de esos tesoros que son la vida, la consciencia.

Escucho a Bach, y, mientras, ya no tengo miedo.

Soy una estrella que viaja contigo, brillando desde la oscuridad, se decía en la liturgia de Mithra, el Sol Invicto. Bach es esa luz.

Quasi una fantasia

Pongo la Sonata Claro de Luna, y, lentamente, comienza el primer movimiento, adagio, dulce rematador de almas resquebrajadas.

Una fría tarde de invierno, hace ahora diez años, regresé desolado a mi cuarto en el San Juan Evangelista, y vomité sobre varios folios una historia sobre Beethoven y una Navidad en Marte. Beethoven, que siempre regresa a mí en los peores y mejores momentos. A Bach lo puedo escuchar siempre, pero Beethoven es para esos instantes más grandes que la vida, o, cuanto menos tan grandes como la vida puede llegar a ser.
Y la Sonata 14, Quasi una fantasia (se dice que la escribió cuando supo que su amada Giulietta Giucciardi iba a casarse), para mí es para la tragedia, la desolación. El primer movimiento, un adagio que Berlioz llamó “un lamento”, es desgarrador, tan profundo, tan terrible. Escarba en tu corazón más y más adentro, sin permitirte guardar nada, esconderte de nada. Caes y caes y caes, lentamente, solo, hundiéndote en el oscuro mar.

El segundo movimiento, Allegretto, es un respiro, un pequeño descanso. Te has enfrentado a todo tu infierno, toda tu carga. Es tiempo de meditar, en paz si puedes. Carece de esa calidez de Bach, esa sensación de algo sobre nosotros que nos cuidará y no dejará que nada malo suceda, pero es esperanzador a su manera.

Y llega el tercer movimiento. Presto Agitato. Demoledor. Todo aquello que el primer movimiento remueve, te enseña es ahora juzgado. Son martillazos en tu alma, tan violento, tan cruel. Lloras y lloras, y aguantas como puedes los golpes.

Dos golpes finales, y silencio. Estás aún vivo, has aguantado la ordalía. Llora lo que necesites, límpiate, cúrate, esa es la cartarsis, el poder del arte. Mañana nadie sabe qué sucederá.