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	<title>ἀλήθεια &#187; Madrid</title>
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	<description>Holy the supernatural extra brilliant intelligent kindness of the soul!</description>
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		<title>El error de Madrid</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Jun 2010 10:28:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
				<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
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		<description><![CDATA[Si quieres conservar tus reinos deja la capital en Toledo, si quieres aumentarlos, llévala a Lisboa, y si quieres perderlos, trasládala a Madrid Se dice que Carlos I le dio este consejo a su hijo, Felipe II, en una visita que este le hizo en su retiro de Yuste. La historia posterior la conocemos todos: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.flickr.com/photos/shichiroku/2159020398/"><img src="http://nostalgiadelreino.net/blog/wp-content/uploads/2010/06/Madrid.jpg" alt="" title="Madrid" width="500" height="375" class="aligncenter size-full wp-image-736" /></a></p>
<p><i>Si quieres conservar tus reinos deja la capital en Toledo, si quieres aumentarlos, llévala a Lisboa, y si quieres perderlos, trasládala a Madrid</i></p>
<p>Se dice que Carlos I le dio este consejo a su hijo, Felipe II, en una visita que este le hizo en su retiro de Yuste. La historia posterior la conocemos todos: Felipe eligió Madrid como su corte, un lugar con poca historia, y poco presente. Se dice que fue para estar lejos de los otros poderes del reino, pues Madrid no tenía ni obispado ni nobles poderosos, o incluso para complacer a su esposa, Isabel de Valois, que detestaba Toledo. En cualquier caso la capital del imperio más poderoso del mundo quedó establecida en un pueblo escondido, mediocre.</p>
<p>En 1601, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_III_de_Espa%C3%B1a" id="hvj:" title="Felipe III">Felipe III</a> trasladó la corte a Valladolid, pero el cambio duró poco: en 1606 regresaba a Madrid. ¿La razón? Intereses inmobiliarios de su valido, el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_de_Sandoval_y_Rojas,_primer_duque_de_Lerma" id="t02g" title="Duque de Lerma">Duque de Lerma</a>, que había comprado muchas propiedades en Madrid (iniciándose así una de las más arraigadas tradiciones madrileñas), y que ganó muchísimo dinero con el traslado, junto con el propio rey (se dice que el traslado inicial era una maniobra para permitirles comprar barato propiedades que se encarecerían muchísimo con el regreso de la Corte).&nbsp;</p>
<p></p>
<p>Y aquí quedó la capital, en el feo Madrid, en esta villa sin historia. Y, como Carlos I predijo, inmediatamente comenzó la decadencia de España. Así, Madrid nunca pudo dejar de ser el lugar cutre, pobre, que era. Nunca hubo dinero para convertirla en una capital monumental, en el centro de un imperio, como París o Londres. Muy ocupados estábamos además con nuestras guerras civiles, pronunciamientos y demás.</p>
<p>Así, uno pasea ahora por una capital que poco tiene que ver con las del resto de Europa. Sin el legado imperial de París o Londres o Viena, sin el terrible peso de la historia de Berlín, &nbsp;sin bellísima gloria milenaria de Roma o Atenas. Madrid se queda simplemente como un pueblo que se ha excedido de sus límites, cutre, triste, un lugar para negocios sucios, para pronunciamientos más que revoluciones, una especie de salita de estar sobredimensionada, ni bella, ni majestuosa, ni acogedora, donde apenas se salva el Palacio Real, el Paseo del Prado, los tejados de la Gran Vía.</p>
<p>
Probablemente si Felipe II no hubiera sido tan pueblerino (todo su reinado lo fue, toda esa perversa obsesión por la pureza religiosa y racia, que tanto daño hizo a toda España, a toda Europa), y hubiera establecido la capital en Lisboa, tendríamos un país mejor, una Iberia todavía unida. Quizás el poder ver el horizonte hubiera hecho a nuestros gobernantes menos cerrados, y el resto del país los hubiera seguido. Quizás <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Baruch_Spinoza" id="rrt6" title="Spinoza">Spinoza</a>&nbsp;no hubiera tenido que ser holandés. Quizás hubiéramos tenido una Ilustración de verdad, una revolución, el país moderno que ahora nos falta, una capital de la que uno no tuviera que sentirse avergonzado.</p>
<p>Quizás no, claro. Quizás las revueltas de 1640 hubieran sucedido de todas formas, y esta vez hubiera sido <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sublevaci%C3%B3n_de_Catalu%C3%B1a_(1640)" id="ptas" title="Cataluñ">Cataluñ</a>a quien consiguiera la independencia. Quizás el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Terremoto_de_Lisboa_de_1755" id="v3:s" title="terremoto">terremoto</a> de 1755 hubiera hecho suficiente daño como para destruir el país, o sumirlo en las tinieblas en que ahora nos encontramos.</p>
<p>Pero uno puede soñar, ¿no? Con el país que pudo ser y que ya nunca será. O, mejor aún, con el país nuevo que podría ser, si algún día nos olvidamos de esa estupidez de España y Portugal, recordamos que para nuestros padres romanos no existía ninguna diferencia entre ambas, y recuperamos el camino perdido, con un único estado, con capital en Lisboa, Barcelona, Sevilla, o cualquier otro lugar realmente adecuado.</p>
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		<title>Las Ciudades Continuas</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Sep 2009 18:34:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
				<category><![CDATA[literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[Tuve que ir hoy hasta Las Rozas, para hacer un examen, y, como siempre que me aventuro a la periferia, esa pesadilla de urbanizaciones, autopistas, polígonos empreseariales y centros comerciales, como siempre que percibo la inmensidad de Madrid, me acuerdo de Las Ciudades Invisibles de Calvino. Para hablarte de Pentesilea tendría que empezar por describirte [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tuve que ir hoy hasta Las Rozas, para hacer un examen, y, como siempre que me aventuro a la periferia, esa pesadilla de urbanizaciones, autopistas, polígonos empreseariales y centros comerciales, como siempre que percibo la inmensidad de Madrid, me acuerdo de <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Invisible_Cities">Las Ciudades Invisibles</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Italo_Calvino">Calvino</a>.</p>
<blockquote><p><em>Para hablarte de Pentesilea tendría que empezar por describirte la entrada en la ciudad. Tu imaginas, claro, que ves alzarse de la llanura polvorienta un cerco de murallas, que te aproximas paso a paso a la puerta, vigilada por aduaneros que echan miradas desconfiadas y torcidas a tus bártulos. Hasta que no has llegado allí, estás afuera; pasas debajo de una arquivolta y te encuentras dentro de la ciudad; su espesor compacto te circunda; tallado en su piedra hay un dibujo que se te revelaría si sigues su trazado todo en espigas.<br />
Si crees esto, te equivocas: en Pentesilea es distinto. Hace horas que avanzas y no ves claro si estás ya en medio de la ciudad o todavía afuera.<br />
Como un lago de orillas bajas que se pierde en aguazales, así Pentesilea se expande durante millas en torno a una sopa de ciudad diluida en la llanura:<br />
conventillos pálidos que se dan la espalda en prados híspidos, entre empalizadas de tablas y techos de zinc. Cada tanto en los bordes del camino un espesarse de construcciones de magras fachadas, altas altas o bajas bajas como un peine desdentado, parece indicar que de allí en adelante las mallas de la ciudad se estrechan. Pero prosigues y encuentras otros terrenos baldíos, después un suburbio oxidado de oficinas y depósitos, un cementerio, una feria con sus carruseles, un matadero, te internas por una calle de tiendas macilentas que se pierde entre manchones de campo despeluzado.<br />
Las gentes que uno encuentra, si les preguntas:<br />
—¿Para Pentesilea? —Hacen un gesto circular que no sabes si quiere decir: “Aquí”, o bien: “Más allá”, o “Doblando”, o si no: “Del lado opuesto”.<br />
—La ciudad— insistes en preguntar.<br />
—Nosotros venimos a trabajar aquí por las mañanas— te responden algunos, y otros—: Nosotros volvemos aquí a dormir.<br />
—¿Pero la ciudad donde se vive? —preguntas.<br />
—Ha de ser— dicen por allá— y algunos alzan el brazo oblicuamente hacia una concreción de poliedros opacos, en el horizonte, mientras otros indican a tus espaldas el espectro de otras cúspides.<br />
—¿Entonces la he pasado sin darme cuenta? —No, prueba a seguir adelante. Así continuas, pasando de una periferia a otra, y llega la hora de marcharse de<br />
Pentesilea. Preguntas por la calle para salir de la ciudad, recorres el desgranarse de los suburbios desparramados como un pigmento lechoso; llega la noche; se iluminan las ventanas ya más escasas ya más numerosas.<br />
Si escondida en alguna bolsa o arruga de este mellado distrito existe una Pentesilea reconocible y digna de que la recuerde quien haya estado en ella, o bien si Pentesilea es sólo periferia de sí misma y tiene su centro en cualquier lugar, he renunciado a entenderlo. La pregunta que ahora comienza a rodar en tu cabeza es más angustiosa: fuera de Pentesilea, ¿existe un fuera? ¿O por más que te alejes de la ciudad no haces sino pasar de un limbo a otro y no consigues salir de ella?</em></p></blockquote>
<p>El terror ante el hormiguero que son estas inmensas metrópolis en que vivimos. El terror, tal vez, a ser una hormiga.</p>
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		<title>De la música y del azar</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jun 2009 13:21:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><object width="500" height="405"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/uw1bHaUk1CM&#038;hl=es&#038;fs=1&#038;color1=0x006699&#038;color2=0x54abd6&#038;border=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/uw1bHaUk1CM&#038;hl=es&#038;fs=1&#038;color1=0x006699&#038;color2=0x54abd6&#038;border=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="500" height="405"></embed></object></p>
<p>Cuando ya había elegido el título para este escrito me di cuenta de que <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Auster">Paul Auster</a> tiene una novela titulada casi igual: &#8220;La Música del Azar&#8221;. Una variación más sobre sus temas de siempre, sobre lo inexplicable de la vida, sobre la constante influencia del azar en ella.<br />
¿De verdad es tanta? Seguramente sí. Y aún así seguramente menos de la que yo tiendo a pensar que hay.</p>
<p>Pero pensaba en la música, recordando dos sucesos de esta semana pasada.</p>
<p>El martes caminaba por la calle de Alcalá, escuchando música al azar en el iPod, hacia una cervecería donde había quedado con unos amigos, y empezó a llover. Escuchaba a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Miles_Davis">Miles Davis</a>,uno de los temas del &#8220;Milestones&#8221;, cuando la lluvia comenzó a apretar, pero no importaba. Generalmente, me gusta caminar bajo la lluvia, y en verano es uno de esos pequeños placeres sin consecuencia que hacen mejor la vida. Y el jazz hacía que todo pareciera mejor, caminaba al ritmo de la trompeta, y el resto de la gente lo hacía al de la batería. Estaba contento.<br />
Y (¡oh, el azar!) sonó después Gene Kelly cantando <a href="http://www.youtube.com/watch?v=rmCpOKtN8ME">&#8220;Singing in the Rain&#8221;</a>. Perfecto. Permanecí bajo lo que ya era un chaparrón, empapándome, y recordándome en Nueva York, hace no muchos años, canturreando inocente esa canción bajo la lluvia, bailando agarrando a una farola.<br />
<a href="http://www.youtube.com/watch?v=r6lvFcUIYdk">Mozart. Requiem. Rex Tremenda</a>e. Cesó la alegría. La tormenta era una castigo por mis errores, por todo el daño causado. Las ropas empapadas eran ya un peso terrible. Pero seguía siendo bienvenida. Una merecida penitencia. Caminé soportando la lluvia. Lo merecía.<br />
Bob Dylan. I Pity the Poor Inmigrant. Yo era el único que seguía caminando, completamente empapado, mientras el resto de la gente se refugiaba bajo los balcones y todos de las tiendas, seguros, sin sufrir la lluvia, esperando con tranquilidad a que la tormenta cesara.<br />
Y después sonó Bach, dándome la paz, como siempre hace. El chaparrón parecía leve, gotitas que limpiaban mi alma. Caminé despacio, disfrutando del final del paseo.<br />
Llegué a la cervecería. Unos pasos antes de alcanzar la puerta, la tormenta cesó de repente, como hacen siempre estas tormentas de verano. La lluvia había sido todo el rato la misma.</p>
<p>Anoche, regresaba a casa en el Metro, cansado, un poco triste. Había terminado el libro que llevaba por la tarde (<a href="en busca del tiempo perdido">&#8220;Por el Camino de Swann&#8221;</a>. Creo que Proust es en parte corresponsable de todos los recuerdos que me acosan en los últimos días, de parte de mi hastío, de estas revisiones de mis años en Madrid), mientras esperaba a un amigo en una parada de metro de Leganés. Así que, contrario a mi costumbre no iba leyendo, sino simplemente escuchando música al azar.<br />
Y sonó &#8220;Highwayman&#8221;, una versión de una sosa canción de Jimmy Webb, que cantada por The Highaymen (un supergrupo de country que en los ochenta formaron Johnny Cash, Kris Kristofferson, Waylon Jennings y Willie Nelson) se convierte en un tema prodigioso, cargado de una poderosa melancolía.</p>
<p><em>I was a sailor. I was born upon the tide<br />
And with the sea I did abide.<br />
I sailed a schooner round the Horn to Mexico<br />
I went aloft and furled the mainsail in a blow<br />
And when the yards broke off they said that I got killed<br />
But I am living still.</em></p>
<p>No recordaba esa canción, que estaba oculta en el fondo del iPod desde hacía años. Pero sonó en el momento en que debía sonar. Comencé a sentir algo que en aquel momento no era capaz de definir. Salí del metro y comencé a caminar en la noche, hacia mi casa, deseando no ser yo, no estar allí, entonces. <em>But I am still around..I&#8217;ll always be around..and around and around and around and around.</em><br />
Y sonó Dylan. Fue él, por supuesto, quien tenía las palabras que definían cómo me sentía. <em>My weariness amazes me</em>. Exactamente eso. Me di cuenta de mi cansancio, de lo perseguido que estaba por mil demonios, de lo harto que estaba de recorrer estas calles una y otra vez, de la necesidad de cambiar de una vez. Y el deseo de marcharme, que viene y va desde hace diez años, que en los últimos meses es más fuerte que nunca, gritó y gritó. </p>
<p><em>Then take me disappearin&#8217; through the smoke rings of my mind,<br />
Down the foggy ruins of time, far past the frozen leaves,<br />
The haunted, frightened trees, out to the windy beach,<br />
Far from the twisted reach of crazy sorrow.</em></p>
<p>Y llegué a casa, y escribí, e intenté dormir.</p>
<p><em>With all memory and fate driven deep beneath the waves,<br />
Let me forget about today until tomorrow.</em></p>
<p>Tuve un sueño en que jugaba al baloncesto en la calle, con varios amigos, actuales y antiguos, algunos a los que jamás volveré a ver. Uno de ellos, un viejo compañero del Johnny, desaparecido en el tiempo, se subía a mis espaldas, y yo intentaba seguir jugando, soportando todo el peso.</p>
<p>Ahora, al mediodía, escuchaba ambas canciones mientras escribía esto, y rompí a llorar. </p>
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		<title>My weariness amazes me</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Jun 2009 23:39:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Son ya casi catorce años los que llevo en Madrid. Cinco más y serán la mitad de mi vida. Y jamás pensé que fuera a quedarme tanto tiempo. Cuando vine a esta ciudad, a los dieciocho, para convertirme en físico (iba a ser astrofísico, pero eso se quedó en el camino: caí bajo el hechizo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://nostalgiadelreino.net/blog/wp-content/uploads/2009/06/GranVia.jpg" alt="Gran Vía" title="Gran Vía" width="500" height="374" class="aligncenter size-full wp-image-596" /><br />
Son ya casi catorce años los que llevo en Madrid. Cinco más y serán la mitad de mi vida. Y jamás pensé que fuera a quedarme tanto tiempo. Cuando vine a esta ciudad, a los dieciocho, para convertirme en físico (iba a ser astrofísico, pero eso se quedó en el camino: caí bajo el hechizo de las matemáticas, de la Geometría, de la Mecánica, y eso eclipsó mi pasión por estrellas y planetas) pensaba que estaría aquí cinco años como mucho, y que después me marcharía a otro lugar, seguramente al extranjero.<br />
Hubo épocas en que pensé que querría quedarme aquí para siempre, convertirme en uno de esos ancianitos de Chamberí que leen el periódico en el Café Comercial (incluso ahora la idea no me disgusta: estar aquí dentro de cuarenta años, y leer el periódico en un largo desayuno, mirando por las cristaleras del Comercial, contemplando la plaza de Bilbao del 2050).<br />
Recuerdo la maravilla de explorar la ciudad a mis dieciocho años, primero tomando el metro a diferentes sitios, descubriendo luego que estaban conectados, que se podía caminar. Y comenzar a caminar por la ciudad, en otoño, cuando las calles se cubren de hojas, a caminar por las noches de regreso al <a href="http://www.cuadernosdejazz.com/index.php?option=com_content&#038;view=article&#038;id=170">Jhonny, que pronto cerrará</a>.<br />
Pero ya he caminado demasiado. Son ya casi catorce años aquí, y ahora cada rincón de esta ciudad me trae recuerdos, buenos o malos, a menudo de ambos tipos, y demasiados rostros me son ya conocidos. Demasiado Madrid, demasiado. Necesito un cambio, un nuevo lugar que explorar, en el que vivir sin que cada esquina me recuerde mis fracasos y todos esos triunfos que tanto me cuesta sobrellevar. Quiero marcharme ya.  <em>Far from the twisted reach of crazy sorrow.</em></p>
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		<pubDate>Mon, 02 May 2005 08:49:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Leones guardan una de las puertas del Retiro. Nunca los había visto, hasta hace dos noches, de madrugada, cuando caminaba por los límites del parque. Uno de ellos y yo nos observamos. Permanecimos así durante minutos. Su mirada era sabia, noble, anciana. El león había visto tantas cosas desde la puerta que guardaba&#8230;Y yo sentía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Leones guardan una de las puertas del Retiro.</p>
<p>Nunca los había visto, hasta hace dos noches, de madrugada, cuando caminaba por los límites del parque.</p>
<p>Uno de ellos y yo nos observamos. Permanecimos así durante minutos. Su mirada era sabia, noble, anciana. El león había visto tantas cosas desde la puerta que guardaba&#8230;<br />Y yo sentía que me estaba juzgando, que intentaba llegar a una decisión sobre mí.</p>
<p>Me marché para que pudiera pensar, quizás deliberar con los demás leones. Todavía no sé cuál fue el veredicto.</p>
]]></content:encoded>
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		<pubDate>Sat, 30 Apr 2005 16:01:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<category><![CDATA[citas]]></category>
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		<description><![CDATA[Anoche, sentado frente a las puertas del Reina Sofía, esperando, leía apenas sin luz, forzando mis ojos. Y, a menudo, rompía a carcajadas. What do you mean by that? said the Caterpillar sternly. Explain yourself! I can&#8217;t explain MYSELF, I&#8217;m afraid, sir said Alice, because I&#8217;m not myself, you see. I don&#8217;t see, said the [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Anoche, sentado frente a las puertas del Reina Sofía, esperando, leía apenas sin luz, forzando mis ojos.</p>
<p>Y, a menudo, rompía a carcajadas.</p>
<p><em><br />
<blockquote>What do you mean by that? said the Caterpillar sternly. Explain yourself!</p>
<p>I can&#8217;t explain MYSELF, I&#8217;m afraid, sir said Alice, because I&#8217;m not myself, you see.</p>
<p>I don&#8217;t see, said the Caterpillar.</p>
<p>I&#8217;m afraid I can&#8217;t put it more clearly, Alice replied very politely, for I can&#8217;t understand it myself to begin with; and being so many different sizes in a day is very confusing.</p>
<p>It isn&#8217;t, said the Caterpillar.</p></blockquote>
<p></em></p>
<p><em>Lewis Carroll. Alice in Wonderland</em></p>
<p><img align="center" SRC="http://geocities.com/iwan_manjak/alicia.jpg"></p>
]]></content:encoded>
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		<pubDate>Thu, 14 Apr 2005 16:32:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es normal que no tome el camino más corto para regresar a casa. A veces me pongo excusas, como que no me apetece hacer trasbordos en el metro, o prefiero tomar un autobús, o me apetece caminar por tal calle. A veces no intento ponerme ninguna excusa. El camino más corto no es necesariamente el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es normal que no tome el camino más corto para regresar a casa. A veces me pongo excusas, como que no me apetece hacer trasbordos en el metro, o prefiero tomar un autobús, o me apetece caminar por tal calle. A veces no intento ponerme ninguna excusa. El camino más corto no es necesariamente el camino. Quizás rara vez lo es.</p>
<p><em>(Al taimado Odiseo le llevó diez años regresar a casa. Y su camino, desde el primer paso hasta el último, estuvo sembrado de traiciones y muertes. Era un hombre malvado.)</em></p>
<p>El camino correcto puede ser complicado, largo. Puede llevar rodeos de años. Puede ser doloroso, extraño. Puedes creerte perdido.</p>
<p>Pero el viaje es tan importante como el destino.</p>
<p><em><br />
<blockquote>No hay pasos mal dados. Sólo senderos por los que no sabíamos que estábamos destinados a caminar.</p></blockquote>
<p></em></p>
<p><em>de <strong><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Guy_Gavriel_Kay">Guy Gavriel Kay</a></strong></em></p>
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		<title>Extraños</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Mar 2005 22:38:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hoy, la gente me hablaba. En un cibercafé, a mediodía, mientras E. enviaba un correo, se me acercó un hombre, y me ofreció una cerveza. La rechacé, dieciéndole que no bebía, y él se sentó a mi lado, y comenzó a hablarme, sobre lo caro que podía salir llamar por móvil, sobre que aprender a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy, la gente me hablaba.</p>
<p>En un cibercafé, a mediodía, mientras E. enviaba un correo, se me acercó un hombre, y me ofreció una cerveza. La rechacé, dieciéndole que no bebía, y él se sentó a mi lado, y comenzó a hablarme, sobre lo caro que podía salir llamar por móvil, sobre que aprender a contenerse y no usarlo demasiado. Mi habilidad para ese tipo de conversaciones es mínima, así que me limité a escucharle, y a hacer algún breve comentario de vez en cuando. Al marcharme, me dijo que parecía buena persona, y agradable, y trasparente, y alzó su pulgar a modo de despedida.</p>
<p>Por la tarde, en Lavapiés, cuando me despedía de E., una anciana nos dijo que hacíamos bien, que disfrutáramos, que la vida era corta, que el amor era mejor que la guerra.</p>
<p>Más tarde, volviendo a mi guarida, en el metro, mientras hojeaba una recién comprada guía de Roma, un italiano borracho se me acercó y comenzó a hablarme de la ciudad, de los precios. Y charlamos durante todo el viaje, sobre Italia, sobre nuestros viajes pasados y futuros.</p>
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		<title>Edades (II)</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Mar 2005 14:21:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Iba a inventar una enfermedad, pero, curiosamente, al final no hizo falta. Ayer pasé toda la tarde en la cama, tan débil que apenas podía levantarme de ella y moverme por mi diminuta guarida.Pero hoy pude ponerme en pie, e ir a mi entrevista de trabajo. Y después quedé para comer con Tornv., cerca de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Iba a inventar una enfermedad, pero, curiosamente, al final no hizo falta. Ayer pasé toda la tarde en la cama, tan débil que apenas podía levantarme de ella y moverme por mi diminuta guarida.<br />Pero hoy pude ponerme en pie, e ir a mi entrevista de trabajo. Y después quedé para comer con Tornv., cerca de Plaza de Castilla. Y, entre las conversaciones sobre nuestras vidas, sobre Física y Filosofía, no pude evitar preguntarle qué habríamos pensado si hace seis años nos hubieran contado que yo, trajeado, después de mi entrevista para trabajar en un proyecto para los militares, iría a esperar a que él, trajeado, bajara de las oficinas del banco en el rascacielos.</p>
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		<pubDate>Tue, 22 Feb 2005 07:57:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[Rayuela]]></category>

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		<description><![CDATA[En estos días: El camino a casa, o al lugar donde guardo mis cosas, pasa ahora por la sección de perfumería, subir escaleras, sábanas, manteles, toallas, colchones, una puerta trasera. Leo con miedo el capítulo 56. Esta tarde, en el tren, en mi regreso a Madrid, terminaré el libro. Anoche, reía de felicidad. Hay momentos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En estos días:</p>
<p>El camino a casa, o al lugar donde guardo mis cosas, pasa ahora por la sección de perfumería, subir escaleras, sábanas, manteles, toallas, colchones, una puerta trasera. </p>
<p>Leo con miedo el capítulo 56. Esta tarde, en el tren, en mi regreso a Madrid, terminaré el libro.</p>
<p>Anoche, reía de felicidad. Hay momentos en los que desearía que los relojes se parasen, que el tiempo dejara de correr, que nos quedáramos para siempre en un instante perfecto.</p>
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