Le Mort joyeux

Por razones que, prometo, nada tienen que ver con la doble tragedia electoral, recordé anoche este poema de Charles Baudelaire, parte de Las Flores del Mal:

Le Mort joyeux
Dans une terre grasse et pleine d’escargots
Je veux creuser moi-même une fosse profonde,
Où je puisse à loisir étaler mes vieux os
Et dormir dans l’oubli comme un requin dans l’onde.

Je hais les testaments et je hais les tombeaux;
Plutôt que d’implorer une larme du monde,
Vivant, j’aimerais mieux inviter les corbeaux
À saigner tous les bouts de ma carcasse immonde.

Ô vers! noirs compagnons sans oreille et sans yeux,
Voyez venir à vous un mort libre et joyeux;
Philosophes viveurs, fils de la pourriture,

À travers ma ruine allez donc sans remords,
Et dites-moi s’il est encor quelque torture
Pour ce vieux corps sans âme et mort parmi les morts!

En castellano:

El muerto jubiloso
En una tierra grasa, de caracoles llena,
yo quisiera cavar una profunda y sola
fosa, donde dejar mis huesos fatigados
durmiendo en el olvido como el pez en la ola.

Odio los testamentos como las sepulturas,
antes que mendigar una lágrima al mundo,
preferiría, vivo, invitar a los cuervos
para que se cebaran en mi esqueleto inmundo.

¡Gusanos! Silenciosos y ciegos compañeros,
mirad cómo hoy un muerto gozoso viene a veros,
hijos de podredumbre, filósofos despiertos,

moveos sin escrúpulos aquí en mi sepultura,
decid si todavía le falta una tortura
a este cuerpo sin alma, ya muerto entre los muertos.

Tout va Bien

Ojalá cada cual fuera su propio historiador. Viviríamos más atentos, y más exigentes.

Tout va Bien, Jean-Luc Godard

La vejez de Rousseau

Leo en estos días “Las ensoñaciones del paseante solitario”, las reflexiones de Rousseau en su vejez, y es triste hacerlo. Rousseau, cuya vida estuvo dedicada a reflexionar sobre la libertad y la felicidad, era al final de sus días un hombre profundamente infeliz, despreciando y odiando a la Humanidad a la que él decía amar, envuelto en paranoias sobre enemigos que actuaban para imposibilitar cualquier atisbo de felicidad en sus días, añorando sus tiempos en Ginebra, en la soledad del campo, dedicado al estudio de plantas muertas.

Un hombre infeliz, prisionero de mil miedos, con bellas ideas sobre la felicidad y la libertad que no sabía llevar a la práctica. Me da miedo ser así, terminar así. Y el miedo es, precisamente, el camino más recto hacia ese final.