Meditaciones

No vivas como si fueras a vivir diez mil años. Tu destino está pendiendo. Mientras estés vivo, mientras es posible, hazte bueno.

de Marco Aurelio, Meditaciones

Desde que leí las Meditaciones me he sentido limpio, capaz de conseguir, o esforzarme realmente, por esa vida recta, sencilla, verdadera, de la que el emperador habla. Con esa certeza de que mi rectitud sólo depende de mí.

Creo que, por primera vez, un filósofo me ha enseñado algo sobre cómo vivir, y Marco Aurelio, con esa sencillez, con esa grandeza de espíritu, se ha convertido para mí en el mejor ejemplo de virtud, de qué significa realmente καλὸς κἀγαθός.

Marco Aurelio

Infernáculo. Laberinto.

Una soprano canta la nota adecuada, y la copa vibra cada vez con más y más amplitud, hasta que estalla en pedazos. Un grupo de soldados hunden un puente por marcar la marcha sobre él. Todos los cuerpos físicos tienen esa frecuencia característica, en la que absorben más energía, que les hace vibrar y vibrar, y puede destruirlos.

Y la mente también la tiene. Una conversación, una canción escuchada mientras paseas, un cuadro perdido en una esquina de un museo, una mancha en la pared que parece mirarte. Mil cosas pueden provocar ese “click” que te lleve al abismo, a la locura, que haga tu mente vibrar y vibrar hasta, tal vez, romperse por completo.

Y están, claro, los libros. Esos libros peligrosos, que tienen el poder de hacer tu mente vibrar con amplitudes cada vez mayores, que te hacen temer volverte (del todo) loco.
Rayuela es, con toda seguridad, el más peligroso que he encontrado hasta ahora. Es ese canto de soprano que hace que el vaso que soy se rompa, los soldados marchando sobre mí hasta destruirme. El vértigo, la espiral de pensar y pensar (En alguna muerte violenta, el castigo por haberse acordado del reino.) hasta que desapareces, hasta que ya no eres una persona, sino una cosa que piensa, despierto, dormido, replandeándose qué es el mundo, dónde está, ¿somos de aquí?. Replanteándoselo todo, perdido en la vorágine.

Afortunadamente, el mismo libro nos ofrece una ventanita, un ancla, por la que salir, ser salvado:

Aburrido, Oliveira pasó el brazo por la cintura de la Maga. También eso podía ser una explicación, un brazo apretando una cintura fina y caliente

Y contendrá, seguro, muchas más cosas, como todo buen laberinto. Algún día quizás reúna el valor y la energía (y hacen falta ambas cosas) para volver a enfrentarme a él.

De dioses y ciencia

Me confunden intentos como este de intentar justificar la creencia en dioses desde la ciencia. Quienes los lanzan, ¿se lo creen realmente? ¿Tan poca fé tienen en sus dioses como para intentar explicarlos científicamente? ¿Significa eso que consideran la ciencia como algo superior a su religión? ¿O es un intento malvado de engañar a quienes no tienen suficientes conocimientos para desmontar esos argumentos?

Ninguno de estos argumentos se sostiene lo más mínimo; y es que intentar explicar los dioses desde la ciencia es imposible por la propia naturaleza de la ciencia, que busca modelizar un mundo sin dioses, un universo racional que se guía por sus propias reglas, no por leyes impuestas por el capricho de entidades superiores.
Intentar usar la ciencia para explicar a los dioses es como intentar tomar sopa con un tenedor: imposible. Y eso no hace a la sopa un plato menor, ni al tenedor una herramienta inútil, simplemente son incompatibles.

Quienes crean en dioses deben sentirlos en su corazón, en sus sueños. Deben sentir que existe algo más allá de hamiltonianos y diagramas de Feynmann, que sus dioses son la realidad subyacente del mundo, y que ningún modelo científico les puede arrebatar eso.

Cielo y Tierra

I do not say that John or Jonathan will realize all this; but such is the character of that morrow which mere lapse of time can never make to dawn. The light which puts out our eyes is darkness to us. Only that day dawns to which we are awake. There is more day to dawn. The sun is but a morning star.

de Henry David Thoreau, Walden

De entre las cosas que más me ha fascinado de Thoreau está su capacidad para pasar rápidamente del cielo a la tierra, de lo más sublime a calcular cuántos dólares ha ganado vendiendo las habichuelas que cultivó. ¿Es esa la perfección? ¿Tener tu mente, tu alma, en los cielos, y tus pies firmemente anclados en la Tierra, lo bastante fuerte como para soportar todas las embestidas de este mundo?

The Pond in Winter

After a still winter night I awoke with the impression that some question had been put to me, which I had been endeavoring in vain to answer in my sleep, as what — how — when — where? But there was dawning Nature, in whom all creatures live, looking in at my broad windows with serene and satisfied face, and no question on her lips. I awoke to an answered question, to Nature and daylight.

de Henry David Thoreau, Walden

Invierno en Walden

Me emociona leer de los inviernos de Thoreau en Walden Pond, de su soledad, de las inmensas extensiones blancas, de cómo se tumbaba sobre el hielo, donde era delgado, y observaba así, usándolo de lente, el fondo del lago; de cómo arrastraba la leña sobre el lago helado, de su respeto y amor por el fuego que le calentaba, y de cómo se arrepintió al año siguiente de haberse hecho con una estufa, de haber domesticado a su compañero.

Una vida sencilla, hermosa, tranquila.

Walden Pond en invierno