Ahora abandonaremos la idea de Europa, volveremos al medioevo de estados feudales luchando entre sí (ya se anunció en los últimos años… la ley del más fuerte, imperios pidiendo vasallaje…), abandonaremos sigilosamente el escenario, dejaremos a los niños jugar, nos sumiremos en el olvido de civilizaciones derrotadas.

Supongo que ya da igual. Supongo que lo merecemos.

¿Y yo? Feliz. Amando. Viviendo (lo cual es lo mismo. La amo. Y esa es mi vida, la parte que de verdad importa).

Pasé por alto el aniversario de este blog.

Y pronto, un cambio: Mi adiós a la vida de aeropuertos. El regreso a ecuaciones, funciones, modelos matemáticos. Escribiré de ello.

Quizás esos catorce siglos de guerra civil hayan salvado al mundo. Quizás no sea bueno que nos unamos. Quizá lo mejor sea que estados más sabios, o más jóvenes, ocupen nuestro lugar.

Anoche, dos horas y media de absoluta angustia, viendo la magnífica El Hundimiento. También eso es Europa: la locura y la muerte que resultan del creer que todo es posible. Esos somos nosotros, apartándonos tan sólo uno o dos pasos del camino que ahora recorremos.

Reescrituras

En el año 212, el emperador Caracalla otorgó la ciudadanía romana a todos los hombres libres de Imperio. Roma pasaba de ser la ciudad conquistadora a serlo todo, tres continentes unidos.

A veces me pregunto qué podría haber sucedido, si las cosas podrían haber sido de otra forma.

Pero no fueron. En el 391, los cristianos destruyeron la Biblioteca de Alejandría. En el 529, en los remanentes orientales del Imperio, cerraron la Academia de Platón.

El imperio se desmoronó, y otros pueblos vivieron sobre sus cenizas, creando multitud de pequeños reinos, inventando países, razas, fronteras, fingiendo que ese era el orden natural de las cosas. A veces, algunos intentaban revivir el imperio por la fuerza, barriendo el continente con sus ejércitos, acudiendo a Roma para ser proclamados emperadores. 1600 años de guerra civil.