De estoicismo, Woody Allen, y propósitos de Año Nuevo

Dos propósitos para el nuevo año: Primero, llevar aún más a mi vida el compromiso con el planeta que exigía a los políticos en Copenhague, y que tan miserablemente nos negaron a los ciudadanos. Consumir menos, producir la menor basura posible, ahorrar energía y agua, intentar volar lo menos posible.

El segundo propósito, mucho más complicado, tiene que ver con el compromiso conmigo: dejar de consumirme, de sufrir, de convertir en una tragedia de dimensiones mitológicas cada pequeña desgracia que me suceda, dejar de sentirme tan axfisiado por esa culpa de origen desconocido que lo llena todo, permitirme más alegría, más ligereza. En definitiva, seguir de una vez las enseñanzas de los estoicos.

Pensaba luego en el estoicismo, en la imagen erronea que esta filosofía tiene en la actualidad de hombres severos, rígidos, que se le limitan a aguantar con entereza mil golpes de la vida.
En realidad, el mejor ejemplo actual de lo que es el estocismo está en la última película de Woody Allen, “Whatever Works”, una oda, ya desde el mismo título, a disfrutar la vida tal como viene, a dejar de sufrir, y a dejar de hacer sufrir a los demás por nuestras tonterías.

De Seneca, el deseo y la necesidad

Séneca

¿Qué nos impide, en efecto, decir que la felicidad de la vida consiste en un alma libre, levantada, intrépida y constante, inaccesible al miedo y a la codicia, para quien el único bien sea la virtud, el único mal la vileza, y lo demás un montón de cosas sin valor, que no quitan ni añaden nada a la felicidad de la vida, ya que vienen y se van sin aumentar ni diminuir el sumo bien? A este principio así fundado tiene que seguir quiera o no, una alegría constante y un gozo profundo que viene desde lo hondo, pues se alegra de lo suyo propio y no desea bienes mayores que los privados. ¿Porqué no han de compensar bien estas cosas los movimientos mezquinos, frívolos e inconstantes de nuestro cuerpo flaco?. El día que lo domine el placer, lo dominará también el dolor.

Lucius Annæus Seneca, De la Felicidad

No debe tratarse de renunciar al deseo. Son los deseos, los sueños, lo que de verdad nos mueven, lo que nos da la posibilidad de brillar. Se trata de servirnos de nuestros deseos, en lugar de servirles a ellos. De no necesitar nada salvo a nosotros mismos. De no dar nada por supuesto en nuestras vidas.
Nada que necesites te puede dar la felicidad. La necesidad crea un vacío en ti, y cubrir esa necesidad no hace sino llenar ese vacío. Cuando no necesitas nada, y no existe ningún vacío que llenar, es cuando comienzas a estar preparado para ser realmente feliz, para disfrutar de todo lo que la vida nos da.

Séneca dedica gran parte de la segunda mitad del “De la Felicidad” a excusarse por su vida, por su prosperidad, sus riquezas. Tanto él como otros de sus colegas estoicos eran muy atacados por no vivir como predicaban (y en la vida de Séneca, su afán de poder y riqueza, y su servilismo hacia el despotismo de Nerón hay poco del ideal estoico). De todas las excusas, la que me resulta más válida es a la que quizás dedica menos atención: a la falta de necesidad. Para mí, dice, las riquezas, si se pierden, no me quitarán más que a sí mismas; tú te quedarás pasmado, y te parecerá que estás abandonado de ti mismo si se alejan de ti; en mí las riquezas tienen algún lugar; en ti el más alto; en suma, las riquezas son mías, tú eres de las riquezas.

Meditaciones

No vivas como si fueras a vivir diez mil años. Tu destino está pendiendo. Mientras estés vivo, mientras es posible, hazte bueno.

de Marco Aurelio, Meditaciones

Desde que leí las Meditaciones me he sentido limpio, capaz de conseguir, o esforzarme realmente, por esa vida recta, sencilla, verdadera, de la que el emperador habla. Con esa certeza de que mi rectitud sólo depende de mí.

Creo que, por primera vez, un filósofo me ha enseñado algo sobre cómo vivir, y Marco Aurelio, con esa sencillez, con esa grandeza de espíritu, se ha convertido para mí en el mejor ejemplo de virtud, de qué significa realmente καλὸς κἀγαθός.

Marco Aurelio