What’d I care about the tower of ghouls

After a while my meditations and studies began to bear fruit. It really started late in January, one frosty night in the woods in the dead silence it seemed I almost heard the words said: “Everything is all right forever and forever and forever.” I let out a big Hoo, one o’clock in the morning, the dogs leaped up and exulted. I felt like yelling it to the stars. I clasped my hands and prayed, “O wise and serene spirit of Awakenerhood, everything’s all right forever and forever and forever and thank you thank you thank you amen.” What’d I care about the tower of ghouls, and sperm and bones and dust, I felt free and therefore I was free.

The Dharma Bums, Jack Kerouac

Es también parte del sueño americano: meditar en una cabaña, en mitad del bosque, en invierno.
Meditar en invierno, encontrar la paz, y recibir con felicidad a la nueva estación, cuando Perséfone, la Reina del Hierro del Hades, regresa al mundo como la diosa de la primavera.

Everything is all right forever and forever and forever. Todavía no, todavía no. Pero lo lograré. Estaré bien, seré libre, y todo estará bien, y mi carga de más de media vida será liviana, y el muro caerá para siempre, y seré de verdad parte del mundo, no una cosa perdida en mil miedos y dolores. Estaré bien, libre, salvaje, brillante, feliz.

(Kerouac no lo logró. Se ahogó en alcohol, y murió a los 47 años, muy lejos de la iluminación)

El Hombre en el Laberinto

El Hombre en el Laberinto

Una imagen poderosa del folclore de los Tohono O’odham (pueblo del sur de Estados Unidos cuyo nombre significa personas del desierto) es la del hombre en el Laberinto.
El hombre (U’ki’ut’l) está a la entrada del laberinto, al comienzo de su vida. Se internará en él, y lo recorrerá, girando, perdiéndose, serpenteando a lo largo del extraño camino de la vida.
Finalmente, llegará al centro, a la Muerte, donde será saludado por I’itoi el creador, el dios Sol, el Hermano Mayor, uniéndose a él en armonía con el universo.

Sobre Capra

Juan Nadie

Dediqué la noche de ayer a revisar “Juan Nadie”, la maravillosa película de Frank Capra sobre el poder de la gente corriente, la fraternidad, y el peligro de que estos sean manipulados por los poderosos.

Las películas de Frank Capra (que era siciliano) representan para mí lo que más admiro de los Estados Unidos, el verdadero espíritu del sueño americano: la inocencia, la profunda solidaridad, la libertad y el respeto al individuo, la creencia en que cada uno de nosotros puede cambiar el mundo.

Me gustaría pensar que ese sueño sigue vivo, que la victoria de Obama, es en parte la de ese espíritu que tanto admiro. El de John Willoughby, el de George Bailey (incluso, si tal cosa fuera posible, el de Mortimer Brewster).