De la Reforma Constitucional

No acabo de entender, me temo, por qué toda la izquierda (porque el PSOE hace mucho que no cuenta como tal) se ha puesto tan furibundamente en contra de la propuesta de reforma electoral.

Este es el texto:

Artículo 135

1. Todas las Administraciones Públicas adecuarán sus actuaciones al principio de estabilidad presupuestaria.

2. El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros. Una Ley Orgánica fijará el déficit estructural máximo permitido al Estado y a las Comunidades Autónomas, en relación con su producto interior bruto. Las Entidades Locales deberán presentar equilibrio presupuestario.

3. El Estado y las Comunidades Autónomas habrán de estar autorizados por Ley para emitir deuda pública o contraer crédito. Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta. Estos créditos no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la Ley de emisión. El volumen de deuda pública del conjunto de las Administraciones Públicas en relación al producto interior bruto del Estado no podrá superar el valor de referencia establecido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

4. Los límites de déficit estructural y de volumen de deuda pública sólo podrán superarse en caso de catástrofes naturales, recesión económica o situaciones de emergencia extraordinaria que escapen al control del Estado y perjudiquen considerablemente la situación financiera o la sostenibilidad económica o social del Estado, apreciadas por la mayoría absoluta de los miembros del Congreso de los Diputados.

5. Una Ley Orgánica desarrollará los principios a que se refiere este artículo, así como la participación, en los procedimientos respectivos, de los órganos de coordinación institucional entre las Administraciones Públicas en materia de política fiscal y financiera. En todo caso, regulará: a) La distribución de los límites de déficit y de deuda entre las distintas Administraciones Públicas, los supuestos excepcionales de superación de los mismos y la forma y plazo de corrección de las desviaciones que sobre uno y otro pudieran producirse. b) La metodología y el procedimiento para el cálculo del déficit estructural. c) La responsabilidad de cada Administración Pública en caso de incumplimiento de los objetivos de estabilidad presupuestaria.

6. Las Comunidades Autónomas, de acuerdo con sus respectivos Estatutos y dentro de los límites a que se refiere este artículo, adoptarán las disposiciones que procedan para la aplicación efectiva del principio de estabilidad en sus normas y decisiones presupuestarias.

Disposición adicional única

1. La Ley Orgánica prevista en el artículo 135 de la Constitución Española deberá estar aprobada antes de 30 de junio de 2012.
2. Dicha ley contemplará los mecanismos que permitan el cumplimiento del límite de deuda a que se refiere el artículo 135.3.

2 (sic). Los límites de déficit estructural establecidos en el 135.2 de la Constitución Española entrarán en vigor a partir de 2020.

Disposición final única
La presente reforma del artículo 135 de la Constitución Española entrará en vigor el mismo día de la publicación de su texto oficial en el Boletín Oficial del Estado. Se publicará también en las demás lenguas de España.

A día de hoy, no sé si votaría, de poder hacerlo, a favor o en contra, pero, en realidad, sólo hay una palabra que no apruebe: es ese absoluta. Quítala, y estoy a favor. Pagar los préstamos no puede tener prioridad absoluta. Deben estar por delante la educación, la sanidad, las pensiones… todos los gastos básicos. Pero si entiendo que tenga prioridad sobre organizar unas Olimpiadas, pagar la asignación de la Casa Real, o incluso cosas realmente importantes, como invertir en infraestructuras.

Pero la oposición viene por la mera idea de limitar el déficit en épocas normales, y se nos dice que esto causará un daño terrible al estado del bienestar. Entonces ¿el estado del bienestar sólo se puede pagar con un déficit eterno, con deudas siempre crecientes hasta terminar como Grecia? La idea es ridícula.

El estado del bienestar no se paga con déficit, se paga con impuestos. Pero en España los impuestos son un tabú, y el fraude fiscal es algo cutural. En el año que llevo como propietario de un piso he vivido con asombro algo que ya sabía: el que se da por hecho que vas a usar dinero negro, que vas a evadir impuestos. A cualquier profesional que contrates has de pedirle que te cobre el IVA, porque se supone que no lo va a hacer. No es una oferta que te susurren a escondidas, sino que ¡si quieres hacer las cosas de forma legal tienes que pedirlo expresamente!, para recibir siempre una cara de asombro, un ¿en qué mundo vive este?.

Nuestro estado del bienestar es viable subiendo los impuestos, y yo aplaudiré a quien proponga hacerlo (y yo, siendo un empleado, con un buen sueldo, pero no lo bastante bueno para acogerme a las triquiñuelas de los ricos, sería de los más afectados); eso, y luchando contra el fraude, y eliminando deducciones y trampas legales que permiten no pagar a quienes más tienen.

Respecto al tema de exigir referendum, a mí no me importa demasiado, pero entiendo que para muchos sea importante, y tienen mi apoyo.

Sólo hay un detalle que me resulta indignante de todo esto: el que durante años la Constitución pareciera las Tablas de la Ley, algo sagrado e intocable, sobre todo para el PP, y que ahora se pueda reformar tranquilamente en unas semanas.

Dos notas breves en una mañana de cabreo

1. ¿Qué derecho tiene el gobierno a cerrar arbitrariamente una plaza? ¿No existe ya el derecho de reunión? De todas las barbaridades que estamos viendo en los últimos tiempos esta es quizás la más terrible. Ya no se trata de una lenta erosión de las libertades, sino de una acción que en una democracia debería ser impensable.
(Y por cierto: ¿tanto quejarse de que se perjudica a los comerciantes de Sol, ¿y ahora se cierra la plaza? Supongo, y es lo justo, que les indemnizarán por estos días de cierre forzado. Con mis impuestos. El gobierno me prohíbe ir a comprar a unas tiendas y después indemnizará con mis impuestos a sus dueños.)

2. Los Mercados no están atacando a España. Queda muy bien en los titulares de los periódicos, pero es falso. Atacar significa tomar una acción, y los mercados simplemente no están haciendo todo lo que se espera de ellos. España subasta bonos, y los precios de la subasta resultan más bajos de los esperado. ¿Y? El problema no es que el diferencial de deuda suba. El problema es el que la viabilidad de un Estado (hasta del Estado más poderoso del mundo, como Estados Unidos) dependa de si un inversor privado decide o no prestarle su dinero. El problema viene de que hemos elegido que los Estados no tengan recursos para mantenerse a si mismos, y dependan del crédito privado. Y el próximo noviembre los ciudadanos votarán en masa a un partido que quiere que los estados tengan aún menos recursos y dependan aún más de esos inversores privados. Así que nada de quejarse luego. Y si eres periodista nada de escribir titulares sobre el malvado acoso a tu país.

El error de Madrid

Si quieres conservar tus reinos deja la capital en Toledo, si quieres aumentarlos, llévala a Lisboa, y si quieres perderlos, trasládala a Madrid

Se dice que Carlos I le dio este consejo a su hijo, Felipe II, en una visita que este le hizo en su retiro de Yuste. La historia posterior la conocemos todos: Felipe eligió Madrid como su corte, un lugar con poca historia, y poco presente. Se dice que fue para estar lejos de los otros poderes del reino, pues Madrid no tenía ni obispado ni nobles poderosos, o incluso para complacer a su esposa, Isabel de Valois, que detestaba Toledo. En cualquier caso la capital del imperio más poderoso del mundo quedó establecida en un pueblo escondido, mediocre.

En 1601, Felipe III trasladó la corte a Valladolid, pero el cambio duró poco: en 1606 regresaba a Madrid. ¿La razón? Intereses inmobiliarios de su valido, el Duque de Lerma, que había comprado muchas propiedades en Madrid (iniciándose así una de las más arraigadas tradiciones madrileñas), y que ganó muchísimo dinero con el traslado, junto con el propio rey (se dice que el traslado inicial era una maniobra para permitirles comprar barato propiedades que se encarecerían muchísimo con el regreso de la Corte). 

Y aquí quedó la capital, en el feo Madrid, en esta villa sin historia. Y, como Carlos I predijo, inmediatamente comenzó la decadencia de España. Así, Madrid nunca pudo dejar de ser el lugar cutre, pobre, que era. Nunca hubo dinero para convertirla en una capital monumental, en el centro de un imperio, como París o Londres. Muy ocupados estábamos además con nuestras guerras civiles, pronunciamientos y demás.

Así, uno pasea ahora por una capital que poco tiene que ver con las del resto de Europa. Sin el legado imperial de París o Londres o Viena, sin el terrible peso de la historia de Berlín,  sin bellísima gloria milenaria de Roma o Atenas. Madrid se queda simplemente como un pueblo que se ha excedido de sus límites, cutre, triste, un lugar para negocios sucios, para pronunciamientos más que revoluciones, una especie de salita de estar sobredimensionada, ni bella, ni majestuosa, ni acogedora, donde apenas se salva el Palacio Real, el Paseo del Prado, los tejados de la Gran Vía.

Probablemente si Felipe II no hubiera sido tan pueblerino (todo su reinado lo fue, toda esa perversa obsesión por la pureza religiosa y racia, que tanto daño hizo a toda España, a toda Europa), y hubiera establecido la capital en Lisboa, tendríamos un país mejor, una Iberia todavía unida. Quizás el poder ver el horizonte hubiera hecho a nuestros gobernantes menos cerrados, y el resto del país los hubiera seguido. Quizás Spinoza no hubiera tenido que ser holandés. Quizás hubiéramos tenido una Ilustración de verdad, una revolución, el país moderno que ahora nos falta, una capital de la que uno no tuviera que sentirse avergonzado.

Quizás no, claro. Quizás las revueltas de 1640 hubieran sucedido de todas formas, y esta vez hubiera sido Cataluña quien consiguiera la independencia. Quizás el terremoto de 1755 hubiera hecho suficiente daño como para destruir el país, o sumirlo en las tinieblas en que ahora nos encontramos.

Pero uno puede soñar, ¿no? Con el país que pudo ser y que ya nunca será. O, mejor aún, con el país nuevo que podría ser, si algún día nos olvidamos de esa estupidez de España y Portugal, recordamos que para nuestros padres romanos no existía ninguna diferencia entre ambas, y recuperamos el camino perdido, con un único estado, con capital en Lisboa, Barcelona, Sevilla, o cualquier otro lugar realmente adecuado.