Una vida absurda produce desvaríos

He importado aquí mi antiguo blog.

Porque para vivir el presente, y mirar con claridad el futuro, hay que aceptar el pasado, aceptarnos a nosotros mismos, con nuestras glorias y nuestros horrores.
Porque pensar, como yo hacía, que la persona que escribió eso ya no existe, que ahora soy otro completamente diferente, es engañarse a sí mismo.

Yo soy yo, sin discontinuidades, sin saltos. Ha cambiado, para bien y para mal, pero soy yo. Y todo lo que fui, para bien y para mal, sigue ahí, sigue teniendo su sitio en mí.

No quiero escapar más. Quisiera al fin aceptarme del todo. Aceptar todos y cada uno de los casi treinta y dos años de mi vida.

Ojalá consiga las fuerzas para ello.

Títulos

Ya he contado alguna vez de cómo comenzó este blog, de esa época de pensamiento obsesivo, de ideas acosándome constantemente, exigiendo ser pensadas. Pensaba, entre otras muchas cosas, que este nuevo mundo en que vivimos necesita de un nuevo lenguaje, de nuevos conceptos que aún no tenemos. Y que eso nos hace sentirnos perdidos, perplejos.

¿Y el título? Seamos sinceros… Quería un título llamativo, sonoro… El título fue (como, en cierto modo, lo es el mismo hecho de escribir un blog) un ejercicio de vanidad. Pero a la vez respondía mucho a cómo me sentía entonces, a lo que pensaba sobre mi vida. “desvaríos”, porque pretendía que fuera un blog dedicado a ideas, a ideas respecto a cuyo valor y consistencia no tengo demasiada confianza. Al final, acabé escribiendo sobre mi vida, mis sueños, mis sentimientos.

Y… “una vida absurda”… Cuando empecé a escribir esto me lo parecía. Y tal vez lo fuera. Veía desaparecidos demasiados sueños, y no veía futuro… y el presente, aunque divertido, no me inspiraba nada. Me sentía atrapado, de avión en avión, con mis ansias consumistas, mis problemas de sueño. También eso cambió. Primero poco a poco, comenzando a encontrar un nuevo yo, o, al menos, presagios de un nuevo yo. Y, en Santiago, me enamoré. No sé si mi vida era realmente absurda cuando comencé a escribir aquí, pero ahora no lo es. Extraña, desconcertante, a ratos. Pero de ninguna manera absurda.

Sin embargo… le tengo mucho cariño a este título… No creo que lo cambie, aunque no se corresponda con la realidad.

Aquí comienza mi blog. Todavía no tengo claro para qué lo usaré, ni cuánto escribiré aquí, ni cuándo me cansaré de esto y lo abandonaré. De momento, supongo que existe para escribir aquellas cosas que uno siente que deben ser escritas en algún sitio, pero que no tienen cábida en un diario. En un diario se escriben cosas como “Aún me duele el ver a M., el oir hablar de ella, como aún la deseo, pese a que ya no haya esperanzas.” Aquí, obviamente, no escribiré más de ello.

Tampoco es que me preocupe demasiado. No creo que me dedique a hacer propaganda de esto. Si alguien lo lee, perfecto, pero no es algo que me preocupe.