Dos notas breves en una mañana de cabreo

1. ¿Qué derecho tiene el gobierno a cerrar arbitrariamente una plaza? ¿No existe ya el derecho de reunión? De todas las barbaridades que estamos viendo en los últimos tiempos esta es quizás la más terrible. Ya no se trata de una lenta erosión de las libertades, sino de una acción que en una democracia debería ser impensable.
(Y por cierto: ¿tanto quejarse de que se perjudica a los comerciantes de Sol, ¿y ahora se cierra la plaza? Supongo, y es lo justo, que les indemnizarán por estos días de cierre forzado. Con mis impuestos. El gobierno me prohíbe ir a comprar a unas tiendas y después indemnizará con mis impuestos a sus dueños.)

2. Los Mercados no están atacando a España. Queda muy bien en los titulares de los periódicos, pero es falso. Atacar significa tomar una acción, y los mercados simplemente no están haciendo todo lo que se espera de ellos. España subasta bonos, y los precios de la subasta resultan más bajos de los esperado. ¿Y? El problema no es que el diferencial de deuda suba. El problema es el que la viabilidad de un Estado (hasta del Estado más poderoso del mundo, como Estados Unidos) dependa de si un inversor privado decide o no prestarle su dinero. El problema viene de que hemos elegido que los Estados no tengan recursos para mantenerse a si mismos, y dependan del crédito privado. Y el próximo noviembre los ciudadanos votarán en masa a un partido que quiere que los estados tengan aún menos recursos y dependan aún más de esos inversores privados. Así que nada de quejarse luego. Y si eres periodista nada de escribir titulares sobre el malvado acoso a tu país.

La autorregulación de la economía (II)

entropia

Todos estos sistemas complejos de los que hablaba en el último escrito parecen ir en contra de unos de los principios más básicos en nuestra comprensión del universo físico: la Segunda Ley de la Termodinámica, por la que la entropía, el desorden de estos sistemas, tiende a crecer con el tiempo. ¿Cómo es posible, entonces, la complejidad, el que estos sistemas se mantengan lejos del caos? Lo hacen gracias a provocar un incremento aún mayor de la entropía en su entorno, así, la entropía total sigue aumentando.
Los seres vivos mantenemos nuestra entropía suficientemente baja gracias a consumir otros seres vivos. Degradamos materia compleja a estados mucho más simples, consumimos energía, y gracias a ello, nos mantenemos en nuestro estado de complejidad.
¿Y la economía? ¿Qué le permite mantenerse en ese estado de altísima complejidad? La economía nos devora a nosotros, y al planeta. Nos consume y nos expulsa como residuos degradados cuando no le servimos más, y así se mantiene en ese estado de autorregulación tan venerado por la derecha.

La autorregulación de la economía

Me agota escuchar en el último año comentarios de unos y otros sobre la autorregulación de la economía. Los últimos años los defensores del neoliberalismo no dejaban de cantar las glorias del mercado libre, explicando como los estados no debían tener derecho a ningún tipo de intervención, porque este se autorregulaba. Y ahora, con la crisis, son muchísimos los artículos que he leído desde la izquierda argumentando que la crisis financiera ha demostrado que esto era falso.

Lo cierto es que el mercado sí se autorregula. Todos los sistemas físicos, a partir de cierto nivel de complejidad tienen algún tipo de autorregulación. De lo contrario jamás alcanzarían ese nivel de complejidad, la Segunda Ley de la Termodinámica lo impediría. Gracias a estas propiedades de los sistemas complejos es por lo que puede exisitir la vida, por lo que puedo estar aquí, escribiendo.
Y la economía, aunque se pueda discutir si es o no un sistema físico (sobre todo en las últimas décadas, en que se basa en flujos de capitales que no jamás han existido ni existirán) se puede describir con las leyes de la Física, y es, desde luego, un sistema de altísima complejidad, y como tal, se autorregula.

Lo que es absurdo es la pretensión de los defensores del lessez-faire de que esta autorregulación es algo necesariamente positivo, que debemos renunciar a cualquier intervención y mirar con adoración los movimientos del mercado libre. Habría que explicar a los neoliberales que su cuerpo también se autorregula, por lo que la próxima vez que estén enfermos, en lugar de darle alguna medicina, habrá que dejar a la enfermedad que siga su curso.
También una estrella se autorregula: mantiene un estado de equilibrio convirtiendo el hidrógeno en helio hasta que su masa ya no es bastante para contener la presión del interior. Entonces explota, destruyendo a los planetas que giran a su alrededor, y alcanzando un nuevo estado de equilibrio.
Y cuando un río crece, desbordando las presas, y cuando hay tifones, huracanes, terremotos, matando a miles, es la Tierra, autorregulándose.

No podemos evitar los terremotos, pero sí podemos controlar la economía, que es una creación nuestra, que debería servir al bienestar de todos los seres humanos (pues todos, queramos o no, participamos en ella). El mercado debe servirnos, o debe ser transformado, o destruido. Y quien quiera adorar a un sistema complejo que vaya a un bosque, que mire el mar en lugar de permitir que lo que queda de nuestra costa se llene de cemento (gracias a esa autorregulación del mercado), que escuche las tormentas, y que el feo dinero se quede a lo sumo como lo que es, una herramienta.