De atún y mercenarios

Tuna_Sushi

En todo este tiempo que lleva secuestrado el Alakrana se ha hablado mucho de si la actuación del gobierno es correcta, de si está defendiendo bien las vidas de los tripulantes del barco, de si se debió a traer a España a los dos piratas capturados para juzgarlos aquí en lugar de retenerlos para negociar con ellos (quizás hubiera sido mejor, pero afortunadamente este es un país de derecho, y no se puede incumplir los dictados de un juez. Puede tener sus inconvenientes, pero nos hace más civilizados, y más seguros).

Pero la pregunta no debería ser si nuestros barcos están suficientemente bien protegidos en el Índico. La pregunta debería ser ¿qué hacen barcos españoles pescando en el Índico?
El atún rojo está casi extinto en el Mediterráneo y el Atlántico. Así que nuestros barcos, al no poder pescar más en lo que serían sus caladeros naturales por las cuotas, van a los caladeros somalíes, donde todavía es legal la pesca, quizás porque no hay un gobierno en Somalia que pueda defender sus aguas.

Aprovechando ese estado de anarquía, las aguas somalíes se llenan de piratas, que secuestran barcos pesqueros y cargueros (que muchas veces aprovechando la anarquía somalí vierten residuos tóxicos en estas aguas). ¿Nuestra respuesta? La de siempre: en vez de ir a las causas del problema, de aprovechar esta crisis para cambiar nuestro comportamiento y remediar nuestros errores, enviamos soldados para defender el expolio del océano. Pero el mar es demasiado grande para vigilarlo del todo, así que la única solución que se les ocurre a nuestros dirigentes es que haya personal militar en los barcos; pero, como nuestra ley (afortunadamente) lo prohibe, salen con una nueva solución, tan vieja como la civilización: ¡mercenarios!. Mercenarios que, de eso me he enterado hoy, serán en gran parte pagados con nuestros impuestos.

El concepto de los mercenarios puede tener un toque romántico cuando uno piensa en la Anábasis, o en los condottieros, como la tiene la de los piratas. Pero en la vida real es una idea repugnante, que sorprende que no esté absolutamente prohibida en un estado democrático. Ni los piratas somalíes son Jack Sparrow, ni los mercenarios que irán en los atuneros son Jenofonte.

Y yo lo que quiero es bajarme del barco, no tomar ninguna parte en esto. De momento, dejaré de comer atún (como ya llevo haciéndolo desde hace mucho con el emperador, otra especie en vías de extinción, y como en realidad debería hacer con toda el pescado y la carne). Y me replantearé mi voto en las próximas elecciones (cosa harto difícil… la que parece ser la única alternativa viable me aterró hace poco con declaraciones defendiendo la dictadura cubana)

Enlaces:
Sobrepesca
Piratas Somalíes: Hipocresía Internacional y un pretexto para la invasión militar e imperialismo económico

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La autorregulación de la economía (II)

entropia

Todos estos sistemas complejos de los que hablaba en el último escrito parecen ir en contra de unos de los principios más básicos en nuestra comprensión del universo físico: la Segunda Ley de la Termodinámica, por la que la entropía, el desorden de estos sistemas, tiende a crecer con el tiempo. ¿Cómo es posible, entonces, la complejidad, el que estos sistemas se mantengan lejos del caos? Lo hacen gracias a provocar un incremento aún mayor de la entropía en su entorno, así, la entropía total sigue aumentando.
Los seres vivos mantenemos nuestra entropía suficientemente baja gracias a consumir otros seres vivos. Degradamos materia compleja a estados mucho más simples, consumimos energía, y gracias a ello, nos mantenemos en nuestro estado de complejidad.
¿Y la economía? ¿Qué le permite mantenerse en ese estado de altísima complejidad? La economía nos devora a nosotros, y al planeta. Nos consume y nos expulsa como residuos degradados cuando no le servimos más, y así se mantiene en ese estado de autorregulación tan venerado por la derecha.

¿Qué hacer con los camioneros y los pescadores? Aunque siento el estado en que están, y creo que hay ayudarles de alguna manera, esa ayuda no puede de ningún modo pasar por subvencionarles el combustible, ni por eliminar los impuestos por la polución.

Los precios del petróleo no son algo temporal, no se trata de una crisis pasajera de la que saldremos en un par de años, sino de cambio profundo en la economía, una transición definitiva entre dos estados. El precio del petróleo no va a bajar, y ya no podemos transportar cantidades inmensas de productos a base de quemarlo.

Tenemos que ver esto no sólo como un problema, sino también como una gran oportunidad, como el impulso que necesitamos para dejar de depender tan absolutamente de un petróleo que tanto está dañando el planeta. A los camioneros habrá que darles subvenciones para que monten otro tipo de empresas, o para que compren camiones con motores híbridos (que, aunque en proyecto, aún no se comercializan). Y el transporte de mercancías debe volver a usar masivamente el tren. Y los pescadores tendrán que utilizar barcos solares y veleros. Y nuestra civilización tiene que cambiar: no podemos depender de tantos productos traídos de tan lejos. Los alimentos deben volver a producirse cerca de donde se consumen, como se ha hecho siempre. ¿Que en las ciudades grandes no es posible esto? Es que quizás eso también ha de cambiar. Quizás una ciudad de millones de habitantes no es sostenible.