‘You needn’t say “actually,”‘ the Queen remarked: ‘I can believe it without that. Now I’ll give YOU something to believe.

I’m just one hundred and one, five months and a day.’

‘I can’t believe THAT!’ said Alice.

‘Can’t you?’ the Queen said in a pitying tone. ‘Try again: draw a long breath, and shut your eyes.’

Alice laughed. ‘There’s not use trying,’ she said: ‘one CAN’T believe impossible things.’

‘I daresay you haven’t had much practice,’ said the Queen. ‘When I was your age, I always did it for half-an-hour a day. Why, sometimes I’ve believed as many as six impossible things before breakfast.

Lewis Carroll, Through the Looking-Glass, and What Alice Found There

Por edificios quemados, por cien metros de calle cortada, tuve que tomar el metro, permenecer en pie, comprimido, durante incontables estaciones, con la mirada fija en el libro.

En Iglesia, cuando las puertas se abrieron, una chica me señaló, sonriente, solemne, y me dijo: Capítulo siete. Es el mejor.


(Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.)

Se bajó antes de que pudiera hablarle del 71, de las morelianas.

En Ríos Rosas el metro se averió. Las puertas no podían volver a abrirse. La gente rió ante una ciudad que se derrumba.

Luego escuché su voz. Y lamenté el afán de los padres por visitar a sus hijas.

Distracciones. Aprendiendo acciones continuas, intentando recordar tras viajes ,vacaciones, desapariciones. Finta baja respondida con intento de parada en octava respondida con pase y ataque en sexta.

Investigando wikis. Preparando una nueva historia, una ciudad entera.

Esta mañana, caí dormido en el tren. En mi sueño, E., sonriendo, me enseñaba a escribir en sánscrito.

Parte de mí volvió entonces a Jung, su interés por la India. Sincronicidad

Salvaciones

Hace un año, habría entrado sin remedio en una de mis crisis de pensamiento obsesivo, me habría perdido en ese laberinto de conjeturas, proposionciones, interpretaciones, refutaciones. Las palabras de Morelli, las obsesivas reflexiones de Oliveira (Se puede matar todo menos la nostalgia del reino… lo que pasaa es que me obstino en la inaudita idea de que el hombre ha sido creado para otra cosa… En una palabra, le revienta la circunstancia. Más brevemente, le duele el mundo) se habrían metido en mi mente, como hormiguitas, como un virus, ocupando cada vez más y más espacio…

Sé que habría pasado. No sería la primera vez. Y, cuando leí el capítulo 71 sentí ese vértigo, ese terror que anunciaba el extravío, el principio del bosque…

Pero también supe que en realidad no tenía que tener miedo. También eso podía ser una explicación. Puedo mirar al bosque a lo lejos, sin temor, sin peligro.