Las Erinias

The Kindly Ones

La ilustración que acompaña a este escrito es de Marc Hempel, deThe Kindly Ones, donde Neil Gaiman, entonces en la cima de su talento, narra como las Erinias persiguen a Morfeo, al Señor de los Sueños, el protagonista de toda su serie.

Una de las muchas lecturas de Sandman, una de las obras más monumentales de la historia del comic, es verla como una narración de una trampa que Morfeo, poco a poco, va tendiéndose a sí mismo, enredándose a sí mismo en los hilos de la culpa por actos cometidos milenios atrás, hasta quedar del todo atrapado, hasta su persecución final por las Erinias, las diosas encargadas de castigar a los parricidas y perjuros. En la tradición griega no se castigaba a estos criminales porque eran estas terribles diosas las encargadas de hacerlo. Las Erinias eran la representación de los remordimientos, de la culpa que uno siente ante las transgresiones.

En Los Mitos Griegos, que ahora releo, Graves las describe como viejas, con serpientes por cabellera, cabezas de perro, cuerpos negros como el carbón, alas de murciélago y ojos inyectados en sangre. Llevan en las manos azotes tachonados con bronce y sus víctimas mueren atormentadas. Es imprudente mencionarlas por su nombre en la conversación; de aquí que se las llame habitualmente Euménides, que significa “las bondadosas”

Algunos arrastramos nuestra culpa durante años y años, alimentándola con cada una de nuestras infracciones, reales o imaginadas, haciéndola más y más grande, invocando sin darnos cuenta a esas terribles diosas.

Hace algo más de dos años me encontré con ellas en Londres, en la Tate Gallery, y sólo ahora comienzo a entender qué sucedió, como le otorgué un poder a toda esa culpabilidad que sólo ahora comienzo a encarar de verdad, intentando verlas en su aspecto benévolo, las Euménides, el que los atenienses les dieron cuando perdonaron a Orestes.

When the Ship Comes In

Esta es la canción que más escucho en los últimos tiempos. La escribió Dylan en el 64, después de que, según Joan Baez, le negaran la entrada a un hotel por su aspecto desastrado. Parece que Dylan leía mucho a Brecht en esa época, y que la letra está muy influenciada por “Jenny la novia del Pirata”, una de las canciones de “La Ópera de los Tres Centavos” (otra obra basada en esta canción es Dogville, la película de Lars Von Trier, y también Alan Moore usó la imagen del Velero Negro en su Watchmen).
Pero mientras que la canción de Brecht habla de la miseria, la frustración y el deseo de venganza (Preguntándome / “¿Los matamos AHORA, o LUEGO?” / ¡Preguntándome A MÍ! / “¿Los matamos ahora, o luego?” / Mediodía en el reloj y el muelle tranquilo / Se oye una sirena a millas de distancia / Y en esa quietud mortal / Diré: “Ahora. / ¡Ahora!”), la de Dylan es una canción esperanzada, de un tiempo en que se miraba al futuro con ilusión, soñando con un mundo que iba a cambiar ya (y cambió, aunque no lo suficiente).

A song will lift
As the mainsail shifts
And the boat drifts on to the shoreline.
And the sun will respect
Every face on the deck,
The hour that the ship comes in.

Y yo llevo tantos años esperando ese barco que hará que todo vaya bien, que lo arreglará todo… Y el barco no llegaba. Y es ahora, muchos años después, mirando la costa, cuando me he dado cuenta de que no hay barco, de que debo construirlo yo, con mis manos. Y aún así, mientras talo árboles, mientras intento aprender a construir una balsa, sigo mirando el horizonte, todavía esperando.

En estos días he leído de una Al-Andalus que nunca exitió, de su pérdida. Otra Atlántida hundida.

Y de viajes iniciáticos.

Y quizás mis siguientes lecturas sigan por ese camino.
En un momento en que no anhelo, no necesito ir a nungún lugar. En un momento en que estoy donde deseo estar.