Tout va Bien

Ojalá cada cual fuera su propio historiador. Viviríamos más atentos, y más exigentes.

Tout va Bien, Jean-Luc Godard

When the Ship Comes In

Esta es la canción que más escucho en los últimos tiempos. La escribió Dylan en el 64, después de que, según Joan Baez, le negaran la entrada a un hotel por su aspecto desastrado. Parece que Dylan leía mucho a Brecht en esa época, y que la letra está muy influenciada por “Jenny la novia del Pirata”, una de las canciones de “La Ópera de los Tres Centavos” (otra obra basada en esta canción es Dogville, la película de Lars Von Trier, y también Alan Moore usó la imagen del Velero Negro en su Watchmen).
Pero mientras que la canción de Brecht habla de la miseria, la frustración y el deseo de venganza (Preguntándome / “¿Los matamos AHORA, o LUEGO?” / ¡Preguntándome A MÍ! / “¿Los matamos ahora, o luego?” / Mediodía en el reloj y el muelle tranquilo / Se oye una sirena a millas de distancia / Y en esa quietud mortal / Diré: “Ahora. / ¡Ahora!”), la de Dylan es una canción esperanzada, de un tiempo en que se miraba al futuro con ilusión, soñando con un mundo que iba a cambiar ya (y cambió, aunque no lo suficiente).

A song will lift
As the mainsail shifts
And the boat drifts on to the shoreline.
And the sun will respect
Every face on the deck,
The hour that the ship comes in.

Y yo llevo tantos años esperando ese barco que hará que todo vaya bien, que lo arreglará todo… Y el barco no llegaba. Y es ahora, muchos años después, mirando la costa, cuando me he dado cuenta de que no hay barco, de que debo construirlo yo, con mis manos. Y aún así, mientras talo árboles, mientras intento aprender a construir una balsa, sigo mirando el horizonte, todavía esperando.

Sobre Capra

Juan Nadie

Dediqué la noche de ayer a revisar “Juan Nadie”, la maravillosa película de Frank Capra sobre el poder de la gente corriente, la fraternidad, y el peligro de que estos sean manipulados por los poderosos.

Las películas de Frank Capra (que era siciliano) representan para mí lo que más admiro de los Estados Unidos, el verdadero espíritu del sueño americano: la inocencia, la profunda solidaridad, la libertad y el respeto al individuo, la creencia en que cada uno de nosotros puede cambiar el mundo.

Me gustaría pensar que ese sueño sigue vivo, que la victoria de Obama, es en parte la de ese espíritu que tanto admiro. El de John Willoughby, el de George Bailey (incluso, si tal cosa fuera posible, el de Mortimer Brewster).