Los mitos homérico y órfico de la creación

Algunos dicen que todos los dioses y todas las criaturas vivientes surgieron del Océano que circunda al mundo y que Tetis fue la madre de todos sus hijos.

Pero los órficos dicen que la Noche de alas negras, diosa por la que incluso Zeus sentía un temor reverente, fue cortejada por el Viento y puso un huevo de plata en el seno de la Oscuridad; y que Eros, a quien algunos llaman Fanes, salió de ese huevo y puso el Universo en movimiento. Eros tenía doble sexo y alas doradas y, como poseía cuatro cabezas, a veces mugía como un toro o rugía como un león, y otras veces silbaba como una serpiente o balaba como un carnero. La Noche, que le dio el nombre de Ericepayo y Protógeno Faetón vivía en una cueva con él y se manifestaba en forma de tríada: la Noche, el Orden y la Justicia. Delante de esa cueva se sentaba la ineludible madre Rea, tocando un tambor de latón para captar la atención de los hombres sobre los oráculos de la diosa. Panes creó la tierra, el cielo, el sol y la luna, pero la diosa triple gobernó el universo hasta que su cetro pasó a Urano.

Los Mitos Griegos, Robert Graves

De Seneca, el deseo y la necesidad

Séneca

¿Qué nos impide, en efecto, decir que la felicidad de la vida consiste en un alma libre, levantada, intrépida y constante, inaccesible al miedo y a la codicia, para quien el único bien sea la virtud, el único mal la vileza, y lo demás un montón de cosas sin valor, que no quitan ni añaden nada a la felicidad de la vida, ya que vienen y se van sin aumentar ni diminuir el sumo bien? A este principio así fundado tiene que seguir quiera o no, una alegría constante y un gozo profundo que viene desde lo hondo, pues se alegra de lo suyo propio y no desea bienes mayores que los privados. ¿Porqué no han de compensar bien estas cosas los movimientos mezquinos, frívolos e inconstantes de nuestro cuerpo flaco?. El día que lo domine el placer, lo dominará también el dolor.

Lucius Annæus Seneca, De la Felicidad

No debe tratarse de renunciar al deseo. Son los deseos, los sueños, lo que de verdad nos mueven, lo que nos da la posibilidad de brillar. Se trata de servirnos de nuestros deseos, en lugar de servirles a ellos. De no necesitar nada salvo a nosotros mismos. De no dar nada por supuesto en nuestras vidas.
Nada que necesites te puede dar la felicidad. La necesidad crea un vacío en ti, y cubrir esa necesidad no hace sino llenar ese vacío. Cuando no necesitas nada, y no existe ningún vacío que llenar, es cuando comienzas a estar preparado para ser realmente feliz, para disfrutar de todo lo que la vida nos da.

Séneca dedica gran parte de la segunda mitad del “De la Felicidad” a excusarse por su vida, por su prosperidad, sus riquezas. Tanto él como otros de sus colegas estoicos eran muy atacados por no vivir como predicaban (y en la vida de Séneca, su afán de poder y riqueza, y su servilismo hacia el despotismo de Nerón hay poco del ideal estoico). De todas las excusas, la que me resulta más válida es a la que quizás dedica menos atención: a la falta de necesidad. Para mí, dice, las riquezas, si se pierden, no me quitarán más que a sí mismas; tú te quedarás pasmado, y te parecerá que estás abandonado de ti mismo si se alejan de ti; en mí las riquezas tienen algún lugar; en ti el más alto; en suma, las riquezas son mías, tú eres de las riquezas.

Los griegos en la India

standingbuddha

Hubo un reino griego en la India durante dos siglos, durante los que ambos pueblos se enseñaron unos a otros. Los griegos de la India aprendieron el sánscrito, la cultura hindú, su religión se fundió con la local (Menandro I llegó a convertirse al budismo). A los indios les quedó el estilo artístico grecobudista, que practicaron durante mil años. Dos de las civilizaciones más iluminadas de la historia humana fundidas en una durante siglos. Ojalá hubiera perdurado.

Me gusta imaginar cómo sería la vida de esta gente. Practicar yoga al amanecer, saludando al Sol naciente, para ir luego a rendir culto en el templo de Apolo. Discutir en el banquete por la noche sobre Platón y Buda, recitar a Homero y los Vedas.
¿Es demasiado tarde para recuperarlo? Occidente lleva mil quinientos años añorando a Grecia, y doscientos soñando con la India. Quizás no sea un sueño imposible.