Fugas

Le había dicho que era imposible, que estaría en el trabajo.

Pero descubrí que hay en mí menos de chico corporativo de lo que a veces temo; y que a veces no debe detenernos el que algo sea imposible. Y escapé. Por ella, escapé del trabajo a mediodía. Tomé un tren hasta Chamartín, corrí hasta el andén, y, terriblemente emocionado, vi llegar (despacio, demasiado despacio…) el tren en el que ella regresaba a Madrid.

Dormir. A veces cuesta… Pero me han sido prometidos hermosos sueños, y confío en ello, pese al miedo. Dormiré.

Pero no es sólo el miedo. Ha sido un día extraño, intenso. Un día lleno de reflexiones. Y de certezas reforzadas.

Ahora dormiré. Ella estará en mis sueños.

Maravillas

La chica, que no recordaba más que la isla, magia, hechizos, espíritus, descubrió de repente algo nuevo, y exclamó: “O, wonder! How many goodly creatures are there here! How beauteous mankind is! O brave new world, that has such people in’t!”

No, no me gusta este mundo… pero a veces esos ataques de pesimismo, de melancolía, me ciegan.

Es, por ejemplo, el mundo donde Maria Callas cantó las óperas de Puccini. Es a quien que escuchaba hace un minuto. Ahora ha sido sustituida por Bob Dylan.

Y, si miro atrás, contemplo maravillas. Muchas. Escondidas, a veces, en márgenes, en momentos extraños. A veces en viajes, en aventuras. A veces no, a veces a la luz del día, o en una noche en la calle. Están allí.

(Una interrupción: Mi hermano entró de repente en mi cuarto, con unas gafas de sol a las que les faltaba un cristal, una expresión seria… y comenzó a bailar. Y nos echamos a reir.)

Hay maravillas aquí. Pese a todo. Pese a quienes deseen encadenarnos, convertirnos en hombrecillos grises, tristes,

Y es, por encima de todo, el mundo donde ella vive. Y eso ya lo convierte en un lugar inmensamente hermoso, valioso.