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	<title>ἀλήθεια &#187; viajes</title>
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		<title>La isla de los cristianos</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Dec 2008 13:11:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La penúltima etapa fue extraña, pero me dio mucho tiempo para meditar,que el principal objetivo de este viaje. Había comprado un billete en Mikonos para el primer barco para la primera isla en la que paraba. Otro barco, esta vez a Tinos, isla de la que nada sé. Creo que no ha sido la mejor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La penúltima etapa fue extraña, pero me dio mucho tiempo para meditar,que el principal objetivo de este viaje. Había comprado un billete en Mikonos para el primer barco para la primera isla en la que paraba.<br />
<img src="http://nostalgiadelreino.net/blog/wp-content/uploads/2008/12/tinos-1024x768.jpg" alt="Tinos" title="Tinos" width="640" height="480" align="center" /></p>
<p><em>Otro barco, esta vez a <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Tinos">Tinos</a>, isla de la que nada sé. Creo que no ha sido la mejor elección: uno de los tripulantes me dijo &#8220;Tinos! Sure?&#8221;, y otro pareció también sorprendido.<br />
Da igual. Quizás incluso vea algo de la Grecia real, sin turistas.</em></p>
<p><em>En el peor de los casos, sólo será un día.</em></p>
<p>Tinos era una isla de cristianos, llena de peregrinos, todos griegos. Yo debía ser casi el único extranjero en la isla. Una señora me recogió en el puerto, y me alquiló un pequeño apartamento por 20€. Muy pocos lugares quedan en Europa donde puedas dormir ese precio.<br />
Comencé después a pasear por el pueblo, en parte dándome cuenta de que me había equivocado, y que estaba atrapado en un lugar donde no quería estar ni tenía nada que hacer. Una parte de mí deseaba salir huyendo, incluso regresar a Mikonos. Pero me quedé. Era importante tener disciplina, templanza. Estaba allí para aprender.</p>
<p><em>Sí, es un lugar absurdo, pero sólo será un día. Parece ser un lugar sagrado para los cristianos, con una gran basílica.<br />
Una chica sube de rodillas las escaleras. Están alfombradas, por lo que debe ser algo común.</em></p>
<p>Dediqué la tarde a pasear por el pueblo, sin nada que hacer. Recorrí varias veces un mercadillo en el que sólo vendían rosarios y medallitas de la Virgen. Busqué inútilmente un bañador.</p>
<p><em>Ahora sí que me siento realmente como Odiseo, atrapado en la isla equivocada. Pero no es una sensación desagradable. La luz que sentí esta mañana (¡qué lejos parece!) sigue en mí, y no necesito nada.</em></p>
<p>Nada que hacer, salvo pensar. Pero gracias a ese tiempo, llegó a mí la lección más importante de todo el viaje, que jamás debo olvidar:</p>
<p><strong><em>El viaje habrá sido completo si, durante el resto de mi vida, soy capaz, aunque sea mínimamente, de recordar lo que sentí frente a templo de Apolo en Delfos.</em></strong></p>
<p>Hasta ahora lo estoy consiguiendo. Cuando me siento flaquear, recuerdo ese momento, al atardecer,  frente a las columnas que sostenían el Oráculo. Recuerdo esa paz, esa sensación de completitud, de comprensión, de finalidad. La mano del dios sobre mí. Y sé entonces que todo saldrá bien.</p>
<p><em>Sin nada mejor que hacer,vuevo a subir a la basílica. Veo a un sacerdote bajando, rodeado de señoras mayores. Luego,bajando por otra calle, me doy cuenta de que toda la calle está alfombrada, para que los peregrinos suban de rodillas desde el puerto.</em></p>
<p><em>Tres veces he visto al sacerdote, la última ya solo, separado de su séquito, que habrán vuelto a sus casas, a cenar solas o preparar la cena a sus maridos.<br />
Yo me he perdido un poco más por las callejuelas de Tinos, también estrechas y serpenteantes como las de Mikonos, pero con menos encanto, y sin tiendas, salvo la calle que sube a la iglesia, llena de puestos de parafernalia cristiana.<br />
Pobre Grecia, robada de su orgullo, forzada a adorar a ese dios de los judíos y a su profeta dionisiaco.</em></p>
<p><em>Creo que soy el único extranjero en esta isla. Al menos, no se oye otro idioma que el griego, y los menús y todos los carteles parecen estar sólo en griego<br />
Y, aunque haya llegado aquí perdido, por error, y aunque quiera marcharme ya (lastima que el único barco nocturno fuera de vuelta a Mikonos), ¡me encanta!<br />
(Lástima de ese par de cincuentones alemanes que acaban de fastidiarlo)<br />
</em></p>
<p><em>He comprado un segundo billete para Atenas, en un barco rápido y que sale tres horas antes. Nada que objetar, creo. También Odiseo luchaba por escapar de las islas, salvo Calipsos o Circes.</em></p>
<p><em>Hay cosas, claro, que haría de forma diferente si pudiera repetir este viaje. No me habría quitado las botas en Delfos. Y, al día siguiente, habría visitado la Gruta Coricia. Y habría vuelto de Mikonos a Atenas.<br />
Pero no me arrepiento de nada. El viaje está siendocomo debía ser: Extraño y mítico.<br />
Ahora las últimas etapas del viaje están ya a la vista: Rafina y Atenas. ¿Encontraré allí a Telémaco?</em></p>
<p><em>Y es el mismo día en que, bajo la luz, vi el santuario de Apolo Delio. Los días son tan plenos, tan largos.</em></p>
<p>Fui a dormir temprano, en el apartamento sobre la playa. Y desperté a mi último día en Grecia.</p>
<p>E<em>l último día en Grecia. Diez años más quisiera vagar por esta tierra, pese a los cristianos, y pese a todo. Pero he cumplido, y he aprendido tanto&#8230;<br />
(Y estoy muy orgulloso de haberme entendido con el camamero del desayuno, que no hablaba ni una palabra de inglés.)<br />
(En realidad no me entendí tan bien, me faltó un pequeño gesto: Cuando me preguntó por el azúcar en el café, γλυκύς, yo le hice el gesto occidental de &#8220;no&#8221;, sin recordar que en griego es al revés).</em> Conseguí un café espantosamente azucarado. Pero parecía adecuado.</p>
<p><em>Es domingo por la mañana en la isla de los cristianos, y todos se arreglan para ir a misa, y, al salir, abarrotan las cafeterías. Parece un día de fiesta.</em></p>
<p>La espera hasta la salida de mi barco la dediqué a dar un último paseo por el pueblo, y, sobre todo, a pensar.</p>
<p><em>Tenía que venir a esta isla, para seguir aprendiendo. Después de leer como robaron la estatua de Palas del partenón, como talaron la encina sagrada de Dodona, como Teodosio aniquiló todos los oráculos, de recordar a Hypatia y tantos otros mártires.Tenía que venir a esta isla de los cristianos para entender de verdad qué es Grecia ahora, qué la ha pasado a este pueblo.<br />
</em></p>
<p><em>Es claramente la jerarquía, esa organización férrea, estricta, con las Patriarcas (y luego el Papa) en cabeza, lo que les da otra ventaja sobre los demas cultos, sobre Mithra, sobre los Misterios. Esa misma jerarquía que intentan copiar hoy las sectas, con el Gran Líder a la cabeza, decidiendo el destino.</em></p>
<p><em>Se ha convertido este en un viaje sobre historia y religión. Supongo que cuando sentí ese &#8220;Ya está hecho&#8221; en el templo de Apolo Pitio, estaba realmente hecho, y pude dedicarme a otra cosa.</em></p>
<p>A mediodía partió mi barco, de regreso al continente. MI viaje estaba muy próximo a su fin.</p>
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		<title>La isla de la Luz</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Dec 2008 18:24:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Grecia]]></category>
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		<description><![CDATA[Vanía ya la Aurora de trono de oro cuando desperté en Mikonos, a un amanecer silencioso en la isla casi desierta. Caminé por las calles blancas hasta el puerto, desayuné en una terraza vacía, mirando el mar, y paseé por las calles blancas a la espera de poder comprar mi billete para Delos. Ocho de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vanía ya la Aurora de trono de oro cuando desperté en Mikonos, a un amanecer silencioso en la isla casi desierta. Caminé por las calles blancas hasta el puerto, desayuné en una terraza vacía, mirando el mar, y paseé por las calles blancas a la espera de poder comprar mi billete para <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Delos">Delos</a>.</p>
<p><img alt="" src="http://nostalgiadelreino.net/imagenes/Subiendo_hacia_el_Templo_de_Isis.jpg" title="Subiendo hacia el Templo de Isis" class="aligncenter" width="640" height="480" /></p>
<p><em>Ocho de la mañana en Mikonos. La isla comienza ahora a despertar.En una de las pocas calles donde parece que viven nativos, un fuerte olor a incienso. ¿Algún tipo de ofrenda?</em></p>
<p>Y me perdí, como hago siempre.</p>
<p><em>Mikonos es un laberinto. Calles blancas, todas iguales, serpenteantes, impidiéndote tomar la dirección que quieres. Y ni siquiera la referencia abajo-> puerto sirve: las calles suben y bajan a su antojo. Al final, logras llegar al mar, pero a un lugar completamente diferente del que querías.<br />
</em></p>
<p>A las diez abrían las oficinas del puerto, y fui de una a otra preguntando por los horarios de barcos a Delos, y a otros lugares. </p>
<p><em>Una pequeña decepción: no es posible pasar la noche en Delos, sólo estar un rato alli, un par de horas con otros turistas. Una pena, pero no importa demasiado.<br />
Esta tarde creo que intentaré ir a otras islas.<br />
</em></p>
<p>Con mi billete para Delos, continué paseando por Mikonos.</p>
<p><em>Por la cantidad de hoteles, restaurantes, y, sobre todo, tiendas de marcas, se deduce que este sitio en verano debe ser un infierno. Pero ahora es encantador.</em></p>
<p>Finalmente, tomé un pequeño barco, con un pequeño grupo de turistas, que nos llevaría a Delos, al islote donde Apolo y Artemis nacieron, y comencé a caminar entre las ruinas. La luz en Delos es prodigiosa, divina. La luz lo llena todo, toda la isla brilla. Y, si comprendes donde estás, qué es ese sitio, tú también lo haces.</p>
<p><em>Aquí, en el santuario marino de Apolo Delio, realmente entiendo por qué era el dios de la luz.<br />
Todo es tan brillante, tan luminoso. Apolo está aquí, llenándolo todo.</p>
<p>Me he apartado de los demás visitantes, para hacer el camino solo. Quizás me pierda alguna cosa, pero no me importa. Creo que lo que de verdad tenía que ver en esta isla era la Luz.</p>
<p>Delos es también la isla de los lagartos. Están por todas partes, grandes y pequeños, los ves todo el rato sobre las ruinas, los escuchas entre los matorrales.</p>
<p>He perdido mi boli (el segundo).</em> [esta nota está escrita a lápiz]</p>
<p>Lleno de luz, regresé a Mikonos, y compré un billete para la primera isla, en el primer barco. Una parte de mí quería quedarse en esa bella isla, haraganeando por el puerto, bañándome en la playa, pero otra, la que venció, ansiaba que mi camino fuera lo más largo posible, necesitaba de nuevas islas en el viaje.</p>
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		<title>Cruzando el mar</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Dec 2008 20:46:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa, desperté en Delfos a un nuevo día, el primero de una nueva vida. Con el pie lesionado, apenas podía caminar, así que renuncié a uno de los posibles planes que había hecho: seguir por la ruta A4, hacia el norte, y visitar la Gruta Coricia, lugar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa, desperté en Delfos a un nuevo día, el primero de una nueva vida. Con el pie lesionado, apenas podía caminar, así que renuncié a uno de los posibles planes que había hecho: seguir por la ruta A4, hacia el norte, y visitar la Gruta Coricia, lugar sagrado del Gran Dios Pan y las ninfas. Quizás fue lo mejor: este debía seguir siendo un viaje apolineo, y mi ruta seguiría en ese camino: visitaría Delos, el otro gran santuario de Apolo, el lugar donde el dios nació.</p>
<p><img src="http://nostalgiadelreino.net/blog/wp-content/uploads/2008/12/la-odisea-01-1024x768.jpg" alt="Dejando Delfos" title="Dejando Delfos" width="512" height="384" class="aligncenter size-large wp-image-139" /></p>
<p><em>En Delfos, bajo el sol (bajo Apolo) espero un autobús que parece no existir. No me importa, estoy en paz y mi larga lucha contra el mundo ha terminado. Dejémonos fluir con él. Lo que deba ser será, y será para bien.</em></p>
<p>El autobús llegó más de media hora tarde, pero poco importó. Monté en él, y comencé el camino de regreso a Atenas, para intentar tomar allí un barco que me llevara a Delos. Luego descubriría que era imposible ir directamente. Cuando decidí partir en este viaje no pensaba visitar ninguna isla, y mi guía sólo hablaba de la Grecia contimental. Todo lo que sabía de Delos era de hace dos mil años.<br />
En el autobús, leía, escuchaba música, contemplaba el paisaje imaginando a centauros y lápitas persiguiéndose por los montes. Y pensaba.</p>
<p><em>La gran ventaja de los cristianos es la exclusividad. Te bautizaban y tenías la obligación de renunciar a tus dioses, a los dioses de tus padres, de tu tierra, de todo. ¿Cómo competir contra eso? Y los martirios y pesecuciones no hacían sino darles más fuerza, la sensación de que sufrían como su dios, que estaban en el buen camino. Y al final vencieron, y nos despojaron de nuestros dioses, nuestra identidad, nuestra cultura, de todo.</em></p>
<p><em>Otra ventaja: jerarquía, seguridad, orden, disciplina, eso que tanto necesitan los seres humanos. Frente a la caótica multiplicidad de los antiguos dioses, los cristianos vendían unas reglas claras, estrictas: &#8220;Haz esto y pasarás la eternidad en la Ciudad de Oro&#8221;.</em></p>
<p>Llegué a Atenas, y tomé el metro hasta el Pireo. La ciudad ya me resultaba familiar, como si llevara meses en ella. En El Pireo descubrí que no era posible llegar a Delos directamente, que debía tomar un barco a Mikonos, y, desde allí, confiar poder llegar a Delos al día siguiente. Compré mi billete a Mikonos a ciegas, sin saber nada de la isla salvo que era un paraíso del turismo gay, y que quizás desde ella llegaría al santuario de Apolo Delio.</p>
<p><em>Comienza ahora un loco viaje, buscando los orígenes de Apolo: Delos, su isla natal, ese islote todavía sin anclar que acogió a Leto y le dio la tranquilidad para parir a sus divinos hijos.<br />
No sé si lo conseguiré. El Pireo es un caos, y mi barco, aún cuando consiga tomarlo, sólo lleva hasta Mikonos.<br />
Y, de llegar allí, no sé si podré volver.<br />
Tampoco importa demasiado.</em></p>
<p>Pero pude tomar el barco, tras horas de espera, tras vagar por el inmenso puerto (¿fue desde allí desde donde partió Teseo hacia Creta? Vi ruinas al otro lado de una autopista, pero era imposible acercarse).</p>
<p><em>Pese a todo (mi terquedad en ir andando en vez de tomar el autobús, mi pésimo sentido de la orientación, el caos intrínseco del Pireo) llegué al barco. Un barco enorme, el más grande que he tomado nunca. Cuando llegue, esta noche, tendré que averiguar cómo ir a Delos. O buscar un hotel. O las dos cosas, seguramente.</em></p>
<p> HIce el viaje a MIkonos en cubierta, solo, con el viento golpeándome, sentado en una silla de plástico junto a la borda, mirando el Mediterráneo, muerto de frío. Era maravilloso.</p>
<p><em>Esta ruta, hacia el este, siempre con la costa a la vista, es la misma que debieron tomar los aqueos hacia Troya.</em></p>
<p><em>Cruzo la cubierta hacia mi mochila, soportando el frío viento para beber agua.<br />
¿De verdad es el mismo agua que cogí esta mañana en Delfos, en la fuente frente a la parada del autobús? Parece tan lejana&#8230; Los días están siendo tan plenos, tan intensos&#8230;<br />
Estoy cumpliendo: mi camino a Ítaca esta siendo en verdad, largo.</em></p>
<p><em>&#8220;Surge una tierra sagrada en medio del mar [...]. La isla depara a los cansados la más placentera acogida en su puerto seguro. Tras desembarcar rendimos culto a la ciudad de Apolo&#8221;</em><br />
<em>Virgilio, Eneida (sobre Delos)</em><br />
<em>¿Lo conseguiré?</em></p>
<p>Llegué de noche a Mikonos, la primera de las islas en mi viaje.</p>
<p><em>Mikonos es como un laberinto, de callejuelas, escaliras, casitas. Al llegar al puerto una señora me ofrece una habitación por 30€, que aceptó. Me lleva en su coche, me dice dónde tomar mañana el barco a Delos,le pago y se marcha.<br />
Otro de esos detalles de este viaje que hacen que me sienta realmente como un viajero, y no como un turista.</em></p>
<p><em>Mikonos, como todas las islas, es un lugar extraño. Pero, de toda la Grecia moderna, el único lugar agradable que he encontrado hasta ahora.<br />
Mañana ya sé que es posible ir a Delos. No sé si podré hacer noche. Eso ya lo descubriré.</em></p>
<p>De noche, paseé por las callejuelas vacías, y cené en una terraza, en el puerto. En esos días, disfrutaba mucho de mis cenas solitarias, pensando, descansando, mirando el mar.</p>
<p><em>Ahora que estoy en islas es la figura de Odiseo quien se adueña del viaje, su rodeo de diez años al volver de la guerra, por estas islas mediterráneas. No puedo culparle, la verdad. Y ni siquiera hace falta Calipso para que desees perderte aquí.</em></p>
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		<title>Ante el Oráculo</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Dec 2008 20:26:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Y llegué a Delfos, agotado, pero sintiéndome inmenso. Pensaba descansar, y al día siguiente, por la mañana, ir al Oráculo. No sería así. Encontré un hotel (un hotel precioso, donde me dieron una habitación desde cuyo balcón veía todo el camino que había hecho, desde el mar a Delfos), pedí los horarios de autobuses para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y llegué a Delfos, agotado, pero sintiéndome inmenso.</p>
<p>Pensaba descansar, y al día siguiente, por la mañana, ir al Oráculo. No sería así.<br />
Encontré un hotel (un hotel precioso, donde me dieron una habitación desde cuyo balcón veía todo el camino que había hecho, desde el mar a Delfos), pedí los horarios de autobuses para ver a dónde me marchaba desde allí (a la recepcionista le encantó ese &#8220;No sé a dónde iré desde aquí&#8221;), y salí a tomar un café y comer un poco.</p>
<p>Y recuperé las fuerzas, y decidí ir a ver el Museo, que estaba cerrado. Y decidí ir al Oráculo. A ver el centro del mundo. A preguntar al dios de este sitio si lo estaba haciendo bien, si estaba en el buen camino.</p>
<p>Tuve la fortuna de visitar el oráculo en un bellísimo atardecer, y prácticamente solo (unos pocos grupos de turistas, siempre reducidos, algunos en solitario, como yo).</p>
<p><img src="http://nostalgiadelreino.net/blog/wp-content/uploads/2008/12/delfos.jpg" alt="" title="Delfos" width="500" height="375" class="aligncenter size-full wp-image-129" /></p>
<p><em>En el Templo de Apolo, en Delfos. El dios está aquí, en todo el valle, pero sobre todo  aquí. Es el sol que ilumina el valle, que llena mi corazón ahora mismo. He hecho mi pregunta, y me ha dicho lo que ya sabía: que sí. Después rompí a llorar, todavía sintiendo la mano de Apolo sobre mí (ojalá que no vaya nunca).<br />
Ya estaba hecho.</em></p>
<p><em>Ya estaba hecho</em>. Esa era la sensación que me poseía en ese momento. El viaje había terminado. Ahora sí había crecido. En muchos aspectos, no he vuelto a ser la misma persona desde entonces. Lo notaba ya entonces, en mi corazón que reía, en las sonrisas que la gente me dedicaba. καλὸς κἀγαθός al fin, un poco, al menos.<br />
Otra novedad: difícilmente podría volver a declararme ateo. El dios estaba ahí. Lo había sentido claramente. Si esa divinidad era una entidad exterior o un aspecto de nuestro subconsciente, ya no lo sé. Pero los dioses existen, ya no podía tener duda de ello.</p>
<p><em>Terminé mojándome las manos y el cabello en la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fuente_de_Castalia">fuente Castalia</a> (seguramente debería haberlo hecho antes de ir a ver al dios). Realmente me siento nuevo, libre, grande, καλὸς κἀγαθός.<br />
Ahora viene la parte más difícil, la labor de toda una vida: mantener esto, esta sensación, esta fuerza, incluso mejorarlo.<br />
El santuario del dios es un lugar de poder, un catalizador, pero nada aquí que no este dentro de mí, dentro de todos nosotros.</em></p>
<p>No sé si fue por no purificarme antes de ir a su oráculo, pero el dios se cobró su precio: una lesión en el pie derecho, que todavía arrastro, más de un mes después de mi visita. Pero es un precio que pago gustoso.</p>
<p><em>¡El Centro del Mundo! ¡Estoy en el Centro del Mundo! ¡Aquí mataron Apolo y Artemis a Pitón! ¡Aquí se juntaron las águilas de Zeus! ¡Aquí llace enterrado Dionisos!</em></p>
<p>La tarde, hasta que se hizo la hora de cenar, la pasé paseando por el pueblo, ya cojeando, y pensando, sobre lo que habia visto, sentido. Y también sobre Grecia.<br />
Aquí comenzaba la segunda etapa del viaje, con mi proyecto personal ya realizado, la dediqué en gran parte a pensar sobre religión e historia y la tierra donde me encontraba.</p>
<p><em>Los griegos son el pueblo más decadente que he conocido, más aún que los ingleses. Su momento pasó hace dos mil quinientos años, y eso se nota. ¿Lo saben ellos? Sí, creo que sí. Se lee en sus rostros de cansada resignación, sentados en la calle, esperando a esos bárbaros que nunca llegan.</em></p>
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		<title>El camino a Delfos</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Dec 2008 19:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa desperté en el hotel Kalafati, y comenzó así el día más importante de mi viaje, y uno de los más importantes de mi vida: el camino a Delfos. Emocionado, desayunando en el hotel, cerca de iniciar el gran viaje. En estos días me siento un poco [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa desperté en el hotel Kalafati, y comenzó así el día más importante de mi viaje, y uno de los más importantes de mi vida: el camino a Delfos.</p>
<p><em>Emocionado, desayunando en el hotel, cerca de iniciar el gran viaje.<br />
En estos días me siento un poco como Aragorn, sentado en un rincón, en silencio, con mis greñas y mi ropa mugrienta.</em></p>
<p>Caminé hacia el viejo puerto de Kirra, descansé brevemente en las ruinas del antiguo puerto, y comencé a andar por el viejo camino, el mismo que los peregrinos seguían hace miles de años (cinco mil años, indicaban los mismos letreros que marcaban el camino). Al principio era un camino rural, por el que podían pasar incluso coches, que cruzaba campos de olivos cercanos a Itea. Vi allí a pastores, a varias personas recogiendo olivos, me crucé con un par de automóviles y un ciclista. Pero pronto el camino comienza a ascender, y se convierte en una senda estrecha y difícil. Seguramente en la época clásica sería más fácil, aunque fuera sólo por la erosión de miles y miles de personas caminando por ella.</p>
<p><img src="http://nostalgiadelreino.net/blog/wp-content/uploads/2008/12/la-odisea-0.jpg" alt="" title="La Tierra de Pan" width="500" height="375" class="aligncenter size-full wp-image-126" /></p>
<p>La sensación era poderosa: el Mar de Olivos de Apolo rodeándome, el mar detrás de mí, Delfos acercándose poco a poco en las montañas. Y el saber dónde estaba, quiénes (todos) habían seguido ese mismo camino. Y el reto físico, ascender la montaña con la enorme mochila a cuestas, una ordalía, creciendo a cada paso. Y, poco a poco, la sensación de lo divino abriéndose paso, la certeza de estar en una tierra sagrada. </p>
<p><em>A mis pies el mar de olivos de Apolo. Y sobre mí, ahora comienzo a verlo, Delfos, el centro del mundo.<br />
Pero esta tierra que piso ahora es del Gran Dios Pan. Él también está aquí, noto su presencia, le oigo respirar.<br />
Como plegaria, recito el Footnote to Howl.</em></p>
<p>Crucé luego <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Crisa">Crisos</a>, que en otros tiempos fue la ciudad más poderosa de Grecia, y que fue arrasada en la Primera Guerra Sagrada (donde todas las potencias griegas se unieron para dominar el centro del mundo).<br />
Y seguí ascendiendo, hasta llegar a los últimos tramos del viejo camino, que eran ya antiguas escaleras, cubiertas de hierba.<br />
Y llegué a Delfos.</p>
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		<title>El primer viaje</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Nov 2008 19:10:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Grecia]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribía Homero: Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa. Era cuando yo comenzaba el día, muy temprano en la mañana. Así conseguí ver la Acrópolis sin multitudes, despertaba a ciudades que se desperezaban, a islas aún desiertas. En mi segunda mañana en Grecia visité el Museo Arqueológico. Un nuevo día. Llegué pronto al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escribía Homero: <em>Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa</em>. Era cuando yo comenzaba el día, muy temprano en la mañana. Así conseguí ver la Acrópolis sin multitudes, despertaba a ciudades que se desperezaban, a islas aún desiertas.</p>
<p>En mi segunda mañana en Grecia visité el Museo Arqueológico.</p>
<p><img src="http://nostalgiadelreino.net/blog/wp-content/uploads/2008/11/pa2900782.jpg" alt="" title="Posidón Artemisio" width="400" height="533" class="alignleft size-full wp-image-116" /></p>
<p><em>Un nuevo día.<br />
Llegué pronto al Museo, al mismo abrir, mucho antes de que se presentaran los turistas (porque yo, claro, no soy uno de ellos: soy un viajero).</p>
<p>El Museo podría haber sido prodigioso, de haber tenido todas las piezas que debía, todo lo que fue expoliado y está en Londres, París, Berlín o Moscú. Los Frisos del Partenón, la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, el Templo de Artemis de Éfeso, el tesoro de Troya&#8230;</p>
<p>No está ahí, y el museo se queda en bueno. Pero he visto la Máscara de Agamenón.</p>
<p>Y cada vez los entiendo mejor: Zeus en forma de serpiente, Deméter y Perséfone bendiciendo al príncipe (¿como bendecían a todos los que tomaban parte en sus misterios?), la Diosa rodeada de animales y esvásticas.</em></p>
<p><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/><br/></p>
<p>Tras la visita al Museo comenzaba la siguiente etapa del viaje: el camino a Delfos. Marché a la estación de autobuses, inalcanzable en Metro, perdida en el norte de la ciudad dispuesto a tomar el autobús hacia el siguiente punto en mi viaje: Itea.</p>
<p><em>Después no me entiendo con una taxista, y me lleva a la estación de tren de Larissa en vez de a la autobuses de Lioson. Tomo otro taxi. No sé si fue un error. Quizás debería haber aceptado ese vuelco del destino, y seguir mi primer impulso, que era tomar el primer tren que saliera, a donde fuera.<br />
Pero quería ir a Delfos y tomé otro taxi, que creo que me estafó (6€ en lugar de 3. Da igual, porque con criterios madrileños sigue siendo barato).</p>
<p>Ahora escribo desde la estación de Lioson,que confirma que la Grecia moderna es dura y cutre. La estación de Albacete parece mucho más civilizada.</em></p>
<p>Una larga e incómoda espera en la estación. </p>
<p><em>No aparece (hasta ahora, al menos) la soledad. No me siento solo. ¿Quizás he crecido lo suficiente para no necesitar más compañía que yo mismo?<br />
</em></p>
<p>Y un largo viaje en autobús. El primero de mis largos viajes por Grecia, escuchando a Eleftheria Arvanitaki (y a Peter Gabriel, y a Dead Can Dance, y a Iannis Xenakis, pero sobre todo a Arvanitaki) y leyendo poemas Cavafis o el libro sobre los oráculos, o mirando por la ventana, o simplemente pensando. Era una sensación magnífica, moverte, viajar, crecer, libre y salvaje, que espero no perder nunca.<br />
Fue un viaje extraño, mágico. Creo que cada minuto crecía, aprendía.</p>
<p>(Una parada en un área de servicio en ninguna parte. Me recordó a aquellas paradas cuando, en mi época universitaria, tomaba el autobús de medianoche a Albacete, y me veía detenido cerca de La Gineta, en la inmensidad de La Mancha. Supongo que son como los areopuertos, lugares entre lugares, todos iguales, donde la realidad es más débil)</p>
<p>Y llegué a ¡Delfos!. No lo sabía antes de tomar el autobús, pero el autobús pasaba por Delfos. Vi de lejos el santuario de Athena (que yo pensé entonces que sería el templo de Apolo), y paramos en el pueblo moderno. Sentí, por supuesto, la tentación de bajarme, pero la resistí. No era esa la forma en que debía llegar al oráculo, y continué mi camino hacia Itea, un pequeño pueblo de turismo de playa, desierto en noviembre. Caminé hacia el Este, hacia donde sabía que estaba el viejo puerto de Kirra, y busqué un hotel.</p>
<p><img src="http://nostalgiadelreino.net/blog/wp-content/uploads/2008/11/pa2900872.jpg" alt="" title="El golfo de Corinto, desde Itea" width="500" height="375" class="aligncenter size-full wp-image-114" /></p>
<p><em>En Itea, pregunto por el camino a Delfos. &#8220;The Old Road&#8221;, me dice el hombre del hotel. The Old Road.Tan evocador&#8230;</em></p>
<p><em>El hombre del hotel me lleva en coche hasta el comienzo de la ruta, me cuenta viejas historias sobre Delfos y la Pythia, me enseña el viejo puerto de Kirra.</em></p>
<p><em>Llego al hotel de Itea (hotel Kalafati) y de nuevo esa sensación de extrañeza (&#8220;¿Qué hago yo aquí?&#8221;).<br />
Desde el balcón se oye: grillos, a los lejos el mar, un campanario.</em></p>
<p>De noche, en Itea, salí a pasear, y cené en una terraza casi desierta a la orilla de la playa. Tranquilo, feliz, emocionado ante el día siguiente, en que llegaría a Delfos.</p>
<p><em>Decía Aristóteles que el hombre solitario es una bestia o un dios. Yo no diría que soy solitario, pero hay algo maravilloso en la soledad. Cenas olivas y queso y calamares y cerveza griega junto a la playa de Itea, mirando las estrellas, libre para pensar, sin necesidad de mantener ninguna conversación ni entretener a nadie.<br />
Quiero pensar, me equivoque o no, que en estos días me parezco más a un dios que a una bestia.<br />
</em></p>
<p>Tras la cena, regresé al hotel, listo para el gran día que me esperaba, y tomé aún dos cortas notas. </p>
<p><em>Y, sin embargo, he cenado acompañado. Un gato vino a mí y le di las cabezas de las gambas. Al terminar, me miró agradecido, relamiéndose.<br />
Luego se marchó, como se marchan los gatos.</em></p>
<p><em>Vuelvo un poco borracho al hotel.<br />
La cerveza griega (Mythos) es muy mala, y la sirven en botellas muy grandes.</em></p>
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		<title>En la Acrópolis</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Nov 2008 13:24:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al día siguiente desperté temprano, muy temprano, y comencé a caminar hacia la Acrópolis, maravillado. Apenas he llegado y ha sucedido, esa sensación de dualidad, de dos mundos superpuestos: la Atenas actual, cutre, turca, y la Atenas clásica (¿que nunca existió, salvo en sueños?), llena de luz. Por este camino subieron Platón, Pericles. Adriano visitando [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://nostalgiadelreino.net/blog/wp-content/uploads/2008/11/acropolis.jpg" alt="" title="Acrópolis" width="500" height="375" class="alignnone size-full wp-image-103" /></p>
<p>Al día siguiente desperté temprano, muy temprano, y comencé a caminar hacia la Acrópolis, maravillado.</p>
<p><em>Apenas he llegado y ha sucedido, esa sensación de dualidad, de dos mundos superpuestos: la Atenas actual, cutre, turca, y la Atenas clásica (¿que nunca existió, salvo en sueños?), llena de luz.</em></p>
<p><em>Por este camino subieron Platón, Pericles. Adriano visitando maravillado la tierra de sus maestros, Byron (cuyos pasos ya seguí en Ginebra, todos).<br />
</em></p>
<p><em>Recuerda: los templos intactos, pintados de brillantes colores. La estatua de Athena, de oro y marfil, presidiéndolo todo. Sócrates pasea con Platón y otros discípulos, discutiendo de política.</em></p>
<p>Los veía claramente, seguí viéndolos todo el viaje. Más tarde, en en camino a Delfos, también pensaría en Sócrates, recorriendo el mismo camino que yo pisaba.</p>
<p><em>Sentado en el Teatro de Dionisos: ¡aquí estrenaba Eurípides!</em></p>
<p>Pasé mucho tiempo sentado en ese teatro, pensando en Sócrates, Platón, Pericles, que estuvieron sentados en esos mismos asientos (¿en el mismo que yo estuve?). Descansé, leí a Cavafis.<br />
Subí después a todas las colinas que rodean la Acrópolis, al Aerópago, al Phynx, donde inicialmente se celebraban las asambleas (y vi el púlpito desde donde Solón y Pericles hablaron, a la colina de las Musas, a la de las Ninfas). Recorrí el Ágora escuchando conversaciones de hace más de dos milenios, lleno de felicidad, siguiendo las huellas de Adriano, otro enamorado de Grecia.</p>
<p>El pasado jueves, visitando a un amigo, me dijo que ese viaje era lo mejor que podía haber hecho, que él sabía hasta qué punto la Grecia Clásica había sido siempre uno de los referentes de mi vida, de las bases de quien soy.<br />
Ese día, recorriendo la ciudad de Teseo, era completamente feliz, me estaba volviendo a encontrar a mí mismo. Y era tan sólo el comienzo.</p>
<p>Por la tarde paseé por la Atenas moderna, asistí a una misa ortodoxa, paseé por la parte alta de Plaka, barrio de gatos y escaleras.</p>
<p><em>Júpiter y Venus sobre los cipreses y la Acrópolis.<br />
Caminando de noche por Plaka, cansado, hambriento y feliz.</em></p>
<p>Y regresé pronto a la cama, agotado, todavía conmovido ante lo que había visto, todavía intentando comprender, y preparándome para otro día de maravillas.</p>
<p><em>Ahora entiendo mejor a los griegos. Me faltaban piezas claves: la sombra de los olivos, la visión lejana del Egeo desde la colina de las Musas, el calor, las estrellas sobre la Acrópolis.<br />
</em></p>
<p>(Incluso ayer todavía continuaba entendiendo, en El Prado. Algo sucedió en la Atenas clásica, que se perdió después. La escultura helenística es bellísima, y de una técnica impecable. Pero la clásica es más que eso, una belleza cortante, que roza lo inhumano, que quita la respiración; una salvaje exaltación de la belleza, la perfección. ¿En qué mundo habitaban esos hombres? ¿Cómo se perdió?)</p>
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		<title>La llegada a Atenas</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Nov 2008 22:06:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Comienzo la narración de mi Odisea griega, con la llegada a Atenas,la noche del 27 de octubre. En cursiva irán parte de las notas tomadas durante el viaje, y en letra normal lo que escriba ahora, desde mi Ítaca madrileña, buceando en los recuerdos de esa mítica semana. La mayoría de las citas de textos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Comienzo la narración de mi Odisea griega, con la llegada a Atenas,la noche del 27 de octubre. En cursiva irán parte de las notas tomadas durante el viaje, y en letra normal lo que escriba ahora, desde mi Ítaca madrileña, buceando en los recuerdos de esa mítica semana. La mayoría de las citas de textos clásicos provienen del magnífico &#8220;Oráculos Griegos&#8221;, de David Hernández de la Fuente, que leí durante el viaje.</p>
<p><em>El dios cuyo oráculo está en Delfos ni dice ni oculta,sino da señales.</p>
<p>HERÁCLITO</p>
<p>La primera gran sorpresa es lo lejos que está Grecia, lo largo que es el viaje. Será el origen de nuestro Occidente, pero es prácticamente Asia.<br />
Nunca había hecho un viaje tan largo dentro de Europa.</em></p>
<p>El viaje a Grecia son casi cuatro horas. Llegué a Atenas a las once de la noche. Ya en el autobús que nos llevaba a la terminal (porque, pese a que lo vendan como el aeropuerto más moderno de Europa, en muchos aspectos es tan decadente como el resto de esa Grecia moderna que pronto descubriría) estaba emocionado, exultante ante el lugar donde estaba. ¡Atenas!</p>
<p><em>Un aeropuerto no es un lugar de verdad, así que no puede ser esa la primera sensación de Atenas. Pero sí el griego, las voces hablando en un idioma nuevo, precioso. Sentada a mi lado, una chica habla por teléfono y escucho &#8220;kalá, kalá&#8221;, refiréndose, imagino, a España.</em></p>
<p>Llegué a Atenas, a la plaza Syntagma, a medianoche, y comencé a caminar hacia mi albergue por Ermou, la calle comercial de la ciudad, repleta de las mismas tiendas de las mismas marcas que en todas las ciudades de Europa.<br />
Pero pronto, mirando hacia el norte, vi la Acrópolis iluminada. Estaba en Atenas, ahora sí lo sentía completamente.</p>
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		<title>Desde Ítaca</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Nov 2008 22:28:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Grecia]]></category>

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		<description><![CDATA[He vuelto, tras un camino largo, duro y maravilloso. Vuelvo lleno, crecido, iluminado. Intentaré en los próximos días narrar el viaje, quizás publicar parte de las notas que tomé durante el mismo. Ahora necesito dormir. Si vas a emprender el camino hacia Ítaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento. A [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>He vuelto, tras un camino largo, duro y maravilloso. Vuelvo lleno, crecido, iluminado.<br />
Intentaré en los próximos días narrar el viaje, quizás publicar parte de las notas que tomé durante el mismo.<br />
Ahora necesito dormir.</p>
<blockquote><p>
Si vas a emprender el camino hacia Ítaca,<br />
pide que tu camino sea largo,<br />
rico en experiencias, en conocimiento. </p>
<p>A Lestrigones y Cíclopes,<br />
o al airado Poseidón nunca temas,<br />
no hallarás tales seres en tu ruta<br />
si alto es tu pensamiento y limpia<br />
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo. </p>
<p>A Lestrigones y Cíclopes,<br />
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,<br />
si no los llevas dentro de tu alma,<br />
si no es tu alma quien ante ti los pone. </p>
<p>Pide que tu camino sea largo.<br />
Que numerosas sean las mañanas de verano<br />
en que con placer, felizmente<br />
arribes a bahías nunca vistas;<br />
detente en los emporios de Fenicia<br />
y adquiere hermosas mercancías,<br />
madreperla y coral, y ámbar y ébano,<br />
perfumes deliciosos y diversos,<br />
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;<br />
visita muchas ciudades de Egipto<br />
y con avidez aprende de sus sabios. </p>
<p>Ten siempre a Ítaca en la memoria.<br />
Llegar allí es tu meta.<br />
Mas no apresures el viaje.<br />
Mejor que se extienda largos años,<br />
y en tu vejez arribes a la isla<br />
con cuanto hayas ganado en el camino,<br />
sin esperar a que Ítaca te enriquezca. </p>
<p>Ítaca te regaló un hermoso viaje.<br />
Sin ella el camino no hubieras emprendido.<br />
Mas ninguna otra cosa puede darte. </p>
<p>Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.<br />
Rico en saber y en vida, como has vuelto,<br />
comprendes ya que significan las Ítacas.
</p></blockquote>
<p><strong>de Konstantinos Kavafis</strong></p>
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		<title>A Grecia</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Oct 2008 13:04:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cato.the.Elder</dc:creator>
				<category><![CDATA[viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Grecia]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahora parto a Grecia, a la tierra de nuestros padres (pues ahí nace Europa, ahí nace todo Occidente), a caminar por las mismas calles que lo hiceron Platón y Eurípides, hace más de dos milenios), a través de los olivos en el Parnaso, a ascender hasta el templo de Apolo, hasta el centro del mundo. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ahora parto a Grecia, a la tierra de nuestros padres (pues ahí nace Europa, ahí nace todo Occidente), a caminar por las mismas calles que lo hiceron Platón y Eurípides, hace más de dos milenios), a través de los olivos en el Parnaso, a ascender hasta el templo de Apolo, hasta el centro del mundo.</p>
<p>Y está el viaje en sí, la excitación de ponerte en camino, de nuevas tierras, lenguas extrañas. ¡La aventura! Un país extraño, solo, sin planes, sin horarios, libre, lleno de sueños y esperanzas.<br />
Eso es la vida, el más grande de todos los viajes. Y cada pequeño viaje es una vida en sí mismo.</p>
<p>Ahora llenaré la mochila, mi vieja mochila azul que a tantos lugares me ha acompañado, y pronto comenzaré a recorrer el camino (así comienzan los viajes: cierras la puerta de tu casa, llamas al ascensor, comienzas a caminar&#8230; Ya estás en marcha).</p>
<blockquote><p>The Road goes ever on and on<br />
Down from the door where it began.<br />
Now far ahead the Road has gone,<br />
And I must follow, if I can,<br />
Pursuing it with weary feet,<br />
Until it joins some larger way,<br />
Where many paths and errands meet.<br />
And whither then? I cannot say.</p></blockquote>
<p><strong>J.R.R Tolkien, El Señor de los Anillos</strong></p>
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