Archive for the ‘Personal’ Category.

(Tras regresar a casa sin fuerzas, con el concierto para violín de Brahms sosteniéndome, tirando de mí para que pudiera regresar)

Una casita junto al río, cultivar un pequeño huerto, pasear por el bosque, escuchar a Bach, estudiar a Homero y a los estoicos. Ese es el brillo que quiero. Sencillo, y humilde, y tan difícil en este mundo.

Una vida absurda produce desvaríos

He importado aquí mi antiguo blog.

Porque para vivir el presente, y mirar con claridad el futuro, hay que aceptar el pasado, aceptarnos a nosotros mismos, con nuestras glorias y nuestros horrores.
Porque pensar, como yo hacía, que la persona que escribió eso ya no existe, que ahora soy otro completamente diferente, es engañarse a sí mismo.

Yo soy yo, sin discontinuidades, sin saltos. Ha cambiado, para bien y para mal, pero soy yo. Y todo lo que fui, para bien y para mal, sigue ahí, sigue teniendo su sitio en mí.

No quiero escapar más. Quisiera al fin aceptarme del todo. Aceptar todos y cada uno de los casi treinta y dos años de mi vida.

Ojalá consiga las fuerzas para ello.

Interludio: La Vorágine

Hace mucho escribí en un viejo diario:

Mad 5-6 de abril 2001

Una chica de filosofía me ha hablado hoy, con esa seguridad en la Verdad que ellas tienen, de la Vorágine, y me ha preguntado si sabía lo que era. Yo asentí.

La nota continúa hablando de mi vorágine personal de esos días, de despertar en una isla, volar, tumbarme en cesped del parque de ciencias, regresar a casa caminando de madrugada por las vacías calles de Madrid, para descubrir que tu casero, un nazi psicópata, había cambiado las llaves (recuerdo que fue también por esas fechas cuando mis padres me llamaron para decirme que habían cambiado la llave de casa. Mi vida siempre ha estado llena de esas sincronicidades. Todas las vidas deben estarlo, si sus vividores se fijan).

Y la Vorágine sigue y sigue y sigue. Intento buscar una época larga (un año, medio año) de mi vida de verdadera paz, y no la hay. Intento seguir los pasos de Marco Aurelio, esa magnífica tranquilidad estoica, y el segundo de los mandatos de Delfos, ese μηδὲν ἄγαν, nada en exceso. Y me queda tanto camino por recorrer.

En la vieja nota del diario también hablo con orgullo de que esa es mi forma de vivir, la única que conozco, aunque me me pierda. Ahora, más mayor, y quiero pensar que más sabio, quizás querría hayar al fin la paz, sentir más mío a Bach que a Beethoven. Quizás algún día lo logre.