Archive for the ‘Personal’ Category.

Infernáculo. Laberinto.

Una soprano canta la nota adecuada, y la copa vibra cada vez con más y más amplitud, hasta que estalla en pedazos. Un grupo de soldados hunden un puente por marcar la marcha sobre él. Todos los cuerpos físicos tienen esa frecuencia característica, en la que absorben más energía, que les hace vibrar y vibrar, y puede destruirlos.

Y la mente también la tiene. Una conversación, una canción escuchada mientras paseas, un cuadro perdido en una esquina de un museo, una mancha en la pared que parece mirarte. Mil cosas pueden provocar ese “click” que te lleve al abismo, a la locura, que haga tu mente vibrar y vibrar hasta, tal vez, romperse por completo.

Y están, claro, los libros. Esos libros peligrosos, que tienen el poder de hacer tu mente vibrar con amplitudes cada vez mayores, que te hacen temer volverte (del todo) loco.
Rayuela es, con toda seguridad, el más peligroso que he encontrado hasta ahora. Es ese canto de soprano que hace que el vaso que soy se rompa, los soldados marchando sobre mí hasta destruirme. El vértigo, la espiral de pensar y pensar (En alguna muerte violenta, el castigo por haberse acordado del reino.) hasta que desapareces, hasta que ya no eres una persona, sino una cosa que piensa, despierto, dormido, replandeándose qué es el mundo, dónde está, ¿somos de aquí?. Replanteándoselo todo, perdido en la vorágine.

Afortunadamente, el mismo libro nos ofrece una ventanita, un ancla, por la que salir, ser salvado:

Aburrido, Oliveira pasó el brazo por la cintura de la Maga. También eso podía ser una explicación, un brazo apretando una cintura fina y caliente

Y contendrá, seguro, muchas más cosas, como todo buen laberinto. Algún día quizás reúna el valor y la energía (y hacen falta ambas cosas) para volver a enfrentarme a él.

Invierno en Walden

Me emociona leer de los inviernos de Thoreau en Walden Pond, de su soledad, de las inmensas extensiones blancas, de cómo se tumbaba sobre el hielo, donde era delgado, y observaba así, usándolo de lente, el fondo del lago; de cómo arrastraba la leña sobre el lago helado, de su respeto y amor por el fuego que le calentaba, y de cómo se arrepintió al año siguiente de haberse hecho con una estufa, de haber domesticado a su compañero.

Una vida sencilla, hermosa, tranquila.

Walden Pond en invierno

Un sueño

Tuve, tras meses, otro sueño. Un sueño sencillo, sobre tomar el tranvía equivocado, pero un sueño a fin de cuentas. Y eso me llena de esperanza, me ayuda a pensar que todo saldrá bien.

Sin sueños

Dreams are windows to the spirit world… That’s what our ancestors believed. A world from which everybody comes… and to which everybody must one day return.

de Bone, de Jeff Smith

En el pasado, soñaba.

Tenía sueños larguísimos, complejos, historias enteras que sucedían mientras dormía, tenía lugares a los que iba repetidamente a soñar (ese pueblo cerca del mar, con el acantilado, el templo en ruinas, la librería), llenos de símbolos (el manzano, la estatua de César…) cuya importancia era imposible ignorar, auque se me escapara su significado.

¿A dónde fue todo eso? Porque hace ya mucho que no sueño, o al menos, que no lo recuerdo. Las noches ahora son de insomnio, de dar vueltas en la cama y despertar cada poco, creyendo que ya es de día, sin saber muy bien si has dormido algo o no. O, en el mejor de los casos, de vacío, de estar horas ausente, como muerto, para luego despertar cansado por la mañana.

Ojalá pudiera soñar de nuevo, volver a ver ese acantilado, el templo sobre la colina.

Escribir (otra vez)

Escuchar a Beethoven, intentar escribir, mirar el cielo (todavía me resulta tan extraño poder ver el cielo desde donde vivo)… La tarde transcurre lenta y solitaria.
Supongo que vendrán muchas como esta.

Contemplas tu palabra escrita sobre la pantalla, y así sabes que, dos minutos atrás, aún vivías.