Archive for the ‘literatura’ Category.

Hellenise it

Cracked lookingglass of a servant! Tell that to the oxy chap downstairs
and touch him for a guinea. He’s stinking with money and thinks you’re
not a gentleman. His old fellow made his tin by selling jalap to Zulus or
some bloody swindle or other. God, Kinch, if you and I could only work
together we might do something for the island. Hellenise it.

de Ulises, de James Joyce

Eso mismo querría hacer yo con mi país: helenizarlo.

Infernáculo. Laberinto.

Una soprano canta la nota adecuada, y la copa vibra cada vez con más y más amplitud, hasta que estalla en pedazos. Un grupo de soldados hunden un puente por marcar la marcha sobre él. Todos los cuerpos físicos tienen esa frecuencia característica, en la que absorben más energía, que les hace vibrar y vibrar, y puede destruirlos.

Y la mente también la tiene. Una conversación, una canción escuchada mientras paseas, un cuadro perdido en una esquina de un museo, una mancha en la pared que parece mirarte. Mil cosas pueden provocar ese “click” que te lleve al abismo, a la locura, que haga tu mente vibrar y vibrar hasta, tal vez, romperse por completo.

Y están, claro, los libros. Esos libros peligrosos, que tienen el poder de hacer tu mente vibrar con amplitudes cada vez mayores, que te hacen temer volverte (del todo) loco.
Rayuela es, con toda seguridad, el más peligroso que he encontrado hasta ahora. Es ese canto de soprano que hace que el vaso que soy se rompa, los soldados marchando sobre mí hasta destruirme. El vértigo, la espiral de pensar y pensar (En alguna muerte violenta, el castigo por haberse acordado del reino.) hasta que desapareces, hasta que ya no eres una persona, sino una cosa que piensa, despierto, dormido, replandeándose qué es el mundo, dónde está, ¿somos de aquí?. Replanteándoselo todo, perdido en la vorágine.

Afortunadamente, el mismo libro nos ofrece una ventanita, un ancla, por la que salir, ser salvado:

Aburrido, Oliveira pasó el brazo por la cintura de la Maga. También eso podía ser una explicación, un brazo apretando una cintura fina y caliente

Y contendrá, seguro, muchas más cosas, como todo buen laberinto. Algún día quizás reúna el valor y la energía (y hacen falta ambas cosas) para volver a enfrentarme a él.

Bacon y las Eumenides

Jung escribió sobre el poder que los viejos dioses tienen sobre nosotros, de cómo residen en nuestro subconsciente, de cómo aparecen en nuestros sueños.

También lo entendió Robert Graves, de quien en estos días leo su “Rey Jesús”, con su obsesión por su Diosa Blanca, con verla detrás de todos los mitos, de todas las viejas tradiciones humanas.

El domingo, en la Tate Gallery, comprobé con horror como también Francis Bacon lo había entendido. El cuadro se titula “Three Studies for Figures at the Base of a Crucifixion”, pero, cuando conseguí liberarme de la fascinación y repugnancia que me poseía, leí en la descripción que a quien Bacon había querido pintar en la base de la cruz era a las Eumenides, las diosas de la justicia, la venganza, la culpa. La Triple Diosa en la más terrible de sus formas.

Three Studies for Figures at the Base of a Crucifixion

Me senté frente a ellas y las contemplé, horrorizado, durante no sé cuánto tiempo, hasta sentirme enfermo.

Cielo y Tierra

I do not say that John or Jonathan will realize all this; but such is the character of that morrow which mere lapse of time can never make to dawn. The light which puts out our eyes is darkness to us. Only that day dawns to which we are awake. There is more day to dawn. The sun is but a morning star.

de Henry David Thoreau, Walden

De entre las cosas que más me ha fascinado de Thoreau está su capacidad para pasar rápidamente del cielo a la tierra, de lo más sublime a calcular cuántos dólares ha ganado vendiendo las habichuelas que cultivó. ¿Es esa la perfección? ¿Tener tu mente, tu alma, en los cielos, y tus pies firmemente anclados en la Tierra, lo bastante fuerte como para soportar todas las embestidas de este mundo?

The Pond in Winter

After a still winter night I awoke with the impression that some question had been put to me, which I had been endeavoring in vain to answer in my sleep, as what — how — when — where? But there was dawning Nature, in whom all creatures live, looking in at my broad windows with serene and satisfied face, and no question on her lips. I awoke to an answered question, to Nature and daylight.

de Henry David Thoreau, Walden

Invierno en Walden

Me emociona leer de los inviernos de Thoreau en Walden Pond, de su soledad, de las inmensas extensiones blancas, de cómo se tumbaba sobre el hielo, donde era delgado, y observaba así, usándolo de lente, el fondo del lago; de cómo arrastraba la leña sobre el lago helado, de su respeto y amor por el fuego que le calentaba, y de cómo se arrepintió al año siguiente de haberse hecho con una estufa, de haber domesticado a su compañero.

Una vida sencilla, hermosa, tranquila.

Walden Pond en invierno