La meditación no es lo que piensas. Te sientas en absoluto silencio y tu mente empieza a repasar todas tus películas. Durante ese proceso, te vuelves tan familiar con los guiones que mantienes en tu vida que acabas hartándote de ellos. Entonces comprendes que la persona que crees que eres no es más que un complicado guión en el que gastas la mayor parte de tu energía. Tras un examen más minucioso, descubres que tu personalidad te asquea. Y eso es porque en realidad no eres tú. Si te sientes lo suficientemente aterrado por esa personalidad, espontáneamente permites que se desvanezca. Y entonces, si tienes suerte, puedes experimentarte a ti mismo sin la distorsión de esa personalidad.
El pasado sábado, Cohen me conmovió hasta la médula con su humildad, su inmensa profesionalidad, su entrega, su sorprendente (para mí) cercanía con el público. No sabemos si volveremos, dijo, así que os daremos todo lo que tenemos. Así querría vivir yo.
Y desde hace días se ha pegado a mí una de sus canciones, “Famous Blue Raincoat”. Sucede a veces, que encuentras una canción que sientes que te representa, a ti, o a tu visión del mundo. A veces es la letra, la melodía, el haberla escuchado en el lugar adecuado en el momento adecuado.
En este caso, creo que es simplemente porque también yo tengo un famous blue raincoat, que me acompaña desde hace ya cinco inviernos. Todos los años deseo que llegue el frío para sacarlo de su percha para poder volver a ponérmelo. Cuando pienso en mí, cuando me represento mentalmente, siempre es caminando en el frío, con mi viejo abrigo azul.
Esta es la canción que más escucho en los últimos tiempos. La escribió Dylan en el 64, después de que, según Joan Baez, le negaran la entrada a un hotel por su aspecto desastrado. Parece que Dylan leía mucho a Brecht en esa época, y que la letra está muy influenciada por “Jenny la novia del Pirata”, una de las canciones de “La Ópera de los Tres Centavos” (otra obra basada en esta canción es Dogville, la película de Lars Von Trier, y también Alan Moore usó la imagen del Velero Negro en su Watchmen).
Pero mientras que la canción de Brecht habla de la miseria, la frustración y el deseo de venganza (Preguntándome / “¿Los matamos AHORA, o LUEGO?” / ¡Preguntándome A MÍ! / “¿Los matamos ahora, o luego?” / Mediodía en el reloj y el muelle tranquilo / Se oye una sirena a millas de distancia / Y en esa quietud mortal / Diré: “Ahora. / ¡Ahora!”), la de Dylan es una canción esperanzada, de un tiempo en que se miraba al futuro con ilusión, soñando con un mundo que iba a cambiar ya (y cambió, aunque no lo suficiente).
A song will lift
As the mainsail shifts
And the boat drifts on to the shoreline.
And the sun will respect
Every face on the deck,
The hour that the ship comes in.
Y yo llevo tantos años esperando ese barco que hará que todo vaya bien, que lo arreglará todo… Y el barco no llegaba. Y es ahora, muchos años después, mirando la costa, cuando me he dado cuenta de que no hay barco, de que debo construirlo yo, con mis manos. Y aún así, mientras talo árboles, mientras intento aprender a construir una balsa, sigo mirando el horizonte, todavía esperando.
Me sentí mayor cuando contaba a la compañera de piso de E. como, a mediados de los 90, cuando Kurt murió, todo cambió de repente, y comenzamos a escuchar a Elastica, a Oasis, Blur, a los Smashing Pumpkins.
Por la tarde, nostálgico de esa década, me compré un par de cd’s de Cranberries.