Extraños

Hoy, la gente me hablaba.

En un cibercafé, a mediodía, mientras E. enviaba un correo, se me acercó un hombre, y me ofreció una cerveza. La rechacé, dieciéndole que no bebía, y él se sentó a mi lado, y comenzó a hablarme, sobre lo caro que podía salir llamar por móvil, sobre que aprender a contenerse y no usarlo demasiado. Mi habilidad para ese tipo de conversaciones es mínima, así que me limité a escucharle, y a hacer algún breve comentario de vez en cuando. Al marcharme, me dijo que parecía buena persona, y agradable, y trasparente, y alzó su pulgar a modo de despedida.

Por la tarde, en Lavapiés, cuando me despedía de E., una anciana nos dijo que hacíamos bien, que disfrutáramos, que la vida era corta, que el amor era mejor que la guerra.

Más tarde, volviendo a mi guarida, en el metro, mientras hojeaba una recién comprada guía de Roma, un italiano borracho se me acercó y comenzó a hablarme de la ciudad, de los precios. Y charlamos durante todo el viaje, sobre Italia, sobre nuestros viajes pasados y futuros.

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  • 2 Comments

    1. O.k.,o.k.!:

      Es curioso como con el único desconocido que dices charlar es con el ‘italiano borracho’

    2. Iwan Manjak:

      Hoy he vuelto a ver al italiano. En los vestuarios de la piscina. Y me preguntó la hora.

      Estuve a punto de recordarle nuestra conversación, pero no lo hice.

      Demasiadas repeticiones, demasiadas coincidencias. El mundo es un lugar extraño.

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